Mil hilos de sangre en la noche.

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Mil hilos de sangre por encima de las casas. La noche llama temblando cauterios de luces blancas. Son fragmentos prosificados de un romance que acabo de crear. Lo de crear es un decir, porque los versos son de Lorca. Lo único que he hecho es entrar aquí (puedes crear a pelo un poema utilizando sus versos o ir escogiendo las combinaciones tú mismo). El resultado, todo lo malo que tiene el azar; todo lo bueno que tiene el destino.

Hoy, es cierto, mi noche ha temblado con cauterios de luces blancas. En medio de la noche, en la soledad del que se siente solo, mi cabeza y mi cuerpo se han volcado a la inercia de sufrir sin porqué. El cuerpo se agita al ritmo de la mente y la mente se agita a sí misma, en un vaivén complicado, inestable e incómodo que no ha mecido mis sueños sino mi desesperación. En la duermevela del que no está a un lado ni al otro de la frontera de la vida, la noche, por fin, ha cesado. He notado algún rayo de luz tras el que se podía adivinar el sentido. Cuando he subido la persiana para que se abalanzase sobre mí un chorro de claridad, cuando he abierto la ventana para que me azotase un hálito de aire del alisio de las ilusiones. Pero todo ha sido lo que no es. Sólo he visto mil hilos de sangre encima de las casas. Lorca, una vez más, me ha dado la razón.

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