— Verba Volant

Diario de un turista 2011 #1 – Sin destino conocido.

El turista comienza este año sin saber cómo comenzar. Por no saber, no sabe ni dónde ni cómo se iniciará en la tarea de poner rumbo a algún sitio. Es consciente, sin embargo, de que este año no le esperará ninguna playa exótica en el otro lado del mundo. Asimila que no serán las millas náuticas las que configuren el recorrido. Sabe que tiene que partir de que, este año, buscará más el destino como legado y no como desiderátum; como sosiego más que como agitación. De lo primero que será consciente nuestro turista será de que todo surgirá sentado en un coche y con toda la carretera por delante, sin más límites que el cercenamiento de no poder agotar las posibilidades del acelerador. Mirar campos, poblaciones y polígonos industriales a los lados y, al frente, solo la línea del horizonte mediatizada por el asfalto. A nuestro viajero no le arredran los kilómetros ni las horas de viaje. Le gusta erguirse en el asiento, respirar acompasadamente y, en ocasiones, soltar un resoplido o canturrear mientras escucha la música ecléctica y disonante en ocasiones que sale del disco reproducido de manera aleatoria. No hará más paradas que las que le dicten su vejiga y el depósito de la gasolina.

El turista sabe que este año, lleno de contenciones, ha de serlo también de búsqueda de un remanso en el que descansen sus músculos maxilares. De buscar algún medio para que la cabeza deje de buscar siempre la senda del nerviosismo y del agobio. Sea la meta que sea, ha de ser una meta más simbólica que real, menos obvia y más poblada de los ingredientes que den paz, que proporcionen olvidos de (casi) todos los agobios de su mundo. Este año, el turista sabe que los días de asueto son un intermedio para otra cosa. Una manera necesaria y decidida de decir basta ya, de parar, de olvidar activamente todas sus obsesiones.

Nuestro turista piensa todas esas cosas a pocos días de ponerse en marcha. Sin saber dónde ir ni cómo iniciarse en el rumbo de la pausa. Y, aunque intente engañarse, sabe que su cabeza, por suerte o por desgracia, le irá acompañando a todas las partes.

(Imagen de Lali Masriera.)

2 comments
  1. merche pallares says: julio 29, 20115:29 pm

    A veces querido Raúl, el dejarse ir, descubrir nuevas rutas, pueden ser las mejores vacaciones del mundo. Al fin y al cabo, España es un mini-continente, tenemos de todo: desde paisajes suizos, a desiertos, a tierras volcánicas, a llanuras interminables, a bosques salvajes. Merece la pena conocerla. Yo, el 12 de agosto me voy a Salamanca, Béjar, La Alberca, Ciudad Rodrigo, Hervás y Cáceres. Estoy deseándolo. Besotes, M.

  2. Magdalena says: julio 30, 20118:27 am

    Ojalá encuentres ese remanso, un oasis divino en el que perderte.

    Un besazo

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