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Castilla y León

Cylotono1

Uno de los anuncios promocionales de la campaña Castilla y León es vida de la Junta reza:

«No hace falta ser filósofo para saber lo que es vida y lo que no»

Yo para estas cosas soy muy tarugo, y me pasa lo siguiente: que siempre estoy de acuerdo con todo y siempre estoy en desacuerdo con todo. Las dos cosas a la vez. Lo mismo me parece que no hace falta ser filósofo para saber lo que es vida como que, precisamente, hay que ser filósofo para saber lo que es vida. El problema -igual- es no saber lo que es ser un filósofo, pero eso sería pedantería y arrogancia, porque significaría que yo sí sé lo que es ser filósofo y los que han ideado la campaña no. Si todo esto es evidente, la entrada acabaría ahí. Como creo que igual es evidente pero no «tan» evidente, me permito aburrir al que no haya desistido ya con alguna observación.

Le he dedicado unas poquitas horas de mi vida a la filosofía como profesor, lo que no me hace filósofo, ni mucho menos. Sobre todo cuando pienso en Sócrates, que no escribió una línea en su vida y al que ya le hemos dedicado algo de atención en nuestro blog. Los filósofos griegos eran amigos de charlar, de darle al banquete, de utilizar el ágora como lugar de encuentro y reunión. La filosofía no era la cosa en la que la hemos convertido algunos malos profesores: era algo que tenía mucho que ver con nuestra vida. Un alumno me decía esta mañana que el lema era correcto, sólo dejaría de serlo si dijera: «No hace falta ser filosófo para saber lo que es la vida». A mí siempre me divierte pensar la anécdota, casi con seguridad apócrifa, de un Diógenes recostado a la entrada de su barril ante el mismísimo Alejandro Magno diciendo a éste que lo único que necesitaba era que se apartase un poquitín para que no le quitase el sol. ¿Es esto vida o esto es la vida? No le encuentro mucha diferencia.

Bueno, a estas alturas de la película no creo que haya nadie que siga leyendo, pero, entonces, se perderá lo mejor. Me gusta mucho la definición de filósofos que da Pitágoras de los filósofos. Una, la más conocida, es la de que fue el mismo Pitágoras el «inventor» de la palabra filosofía. Se le ocurrió a alguien llamarle sabio y él le contesto algo así: «No me llames sabio, porque sólo la divinidad lo es. Yo soy, simplemente, amigo de la sabiduría (filósofo)». Creo que supone todo un ejemplo de falta de arrogancia y de dar al término su significado más genuino. Pero la anécdota que nos aporta Diógenes Laercio sobre Pitágoras y que da sentido a este post es la que sigue:

Comparaba Pitágoras la vida humana con una fiesta o competición llena de gente: unos vienen a luchar, son los protagonistas; otros, a comprar y vender cosas durante el espectáculo, y son aquellos que sacan su beneficio. Y otros, que vienen a ver el espectáculo: esos son los mejores. Y esos, precisamente, son los filósofos.

Creo que la campaña de la Junta de Castilla y León iba por ahí, pero al revés. En todo caso, por lo que a mí respecta, que me gusta casi siempre ser espectador , creo que tengo momentos muchos más filosóficos que éste a lo largo del día. Por ejemplo, cuando salgo a correr con mi perro. Él es muy cínico, y me entiende.

(La foto es de Cintia08)

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