— Verba Volant

Profesionales como la copa de un pino

Construction worker, por Fouquier

Nunca he oído a nadie afirmar que haga mal su trabajo. Es más, lo más habitual es que cada uno de nosotros piense que desempeña mejor sus tareas profesionales que aquellos que tiene a su alrededor. En general, cada uno de nosotros piensa que es más inteligente que los demás, más hábil, más persistente, más constante, más diligente… En suma, somos todos unos profesionales como la copa de un pino.

Y a mí, sinceramente, me asombra y deslumbra este summum de perfecciones. ¿Jamás un trámite mal hecho? ¿Jamás un escaqueo? ¿Nunca una debilidad? ¿Nunca una negligencia? ¿Jamás una puñetada, una puñalada? ¿Qué tal un olvido, una cosa que se nos ha pasado o hemos dejado pasar? ¿Cómo es posible que veamos constantemente los defectos de nuestros compañeros y, precisamente por vivir en ese mundo y conocerlo, no podamos comprenderlos? ¿Cómo es posible que, precisamente por conocer ese mundo y vivir en él no veamos todas nuestras lagunas, nuestras faltas, nuestras carencias?

Me preocupa el exceso de autoestima –que es buena, qué duda cabe, para sostenernos y sobrevivir– que todos demostramos en nuestro decir y en nuestro hacer. Somos tan sobrehumanamente inhumanos que no llegamos a ver nuestros errores. Llegamos a afirmar, incluso, que conocemos de qué pie cojeamos, ante lo que yo me pregunto: ¿cómo lo sabemos si siempre hacemos todo bien? ¿Cómo somos tan idiotas como para conocer un error y caer en él, no enmendarlo, no reconocerlo?

Esa autoestima que nos sobra deberíamos vaciarla para rellenarla con un poco de autorreflexión y un mucho de modestia. Un profesional como la copa de un pino es el que acaba una actividad y, viendo las cosas positivas, reflexiona sobre lo mucho que podía mejorar. Un profesional como la copa de un pino se para un poquito y respira antes de alabar su gestión y criticar la de los demás. Un profesional como la copa de un pino ve lo que ha hecho, pero también es muy consciente de todo el camino que queda por recorrer. Un profesional como la copa de un pino tiene que escuchar a los que le critican y pensar que pueden tener algo de razón. Un profesional como la copa de un pino tiene que ser consciente de que hay muchas cosas de las que no es consciente.

A mí, sinceramente, me gustaría ser un profesional como la copa de un pino. Y también me suelo creer más listo, hábil, persistente y diligente que otros muchos. Lo que ocurre es que estoy equivocado. Y tiene que llegar un momento en el que la realidad me explote en la cara. Quizás entonces pueda mejorar.

(Reflexión que muchas veces tengo presente y que refrendé ayer cuando asistí a un funeral en el que el sacerdote, seguramente, pensaba que era un profesional como la copa de un pino. A mí, simplemente, me pareció un hijo de la gran puta. Con imagen de Fouquier.)

 

2 comments
  1. Cristina says: febrero 27, 20143:48 pm

    Amen.
    la autorreflexión y la autocrítica no forman parte de nuestro vocabulario…nos cuesta tanto mirarnos a los ojos sinceramente y con honestidad…que preferimos creernos “la ostia” y vivir en un mundo a nuestra medida.

  2. Raúl says: marzo 15, 20146:33 pm

    Tú lo has dicho, Cristina. Cuánta falta nos hace la autocrítica.

Tu comentario

*