— Verba Volant

Cosas que hice esta Nochebuena (y III)

La cena de Nochebuena

Finalizando ya los vericuetos de la Nochebuena (I y II), escribo el remate final. Mi propósito era haberlo hecho en tiempo real, pero la cosa se puso algo triste en la entrada anterior y creo que no era momento de caer en lo melodramático. A un tris he estado de borrar la entrada anterior, escrita con el corazón y con el impulso, con mucho de confesión impúdica. Pero ahí se va a quedar.

A medida que pasaba la noche, fui traicionando alguno de mis principios. Pero no todos.

  1. Pasé, en efecto, la noche solo. Y no busqué ni siquiera el refugio del móvil más que en un caso más que justificado: hablar con mi hijo. El recuerdo de los ausentes (con el cuerpo -mi padre- y con la memoria -mi madre-) fue muy doloroso. También lo fue estar separado de mi hijo, que es algo así como más de la mitad de mí. Pero también tuvo su parte de consuelo, como se tendrá ocasión de comprobar en el punto siguiente.
  2. Primera traición: abrí una lata de bonito… pero la mezclé en una ensaladilla. Congelada, eso sí. También mastiqué despacio. Y añadí algo que rondaba en el frigorífico: una sabrosísima carne guisada que estaba haciendo guardia desde la comida. Y ahí entró parte del consuelo: no tuve que ver manteles carísimos conjuntados con velas haciendo juego. No tuve que ver desfilando platos con nombres de cinco líneas (la chuminada esta de la nueva cocina, que ha recuperado la tradición de los larguísimos títulos de los libros del siglo XVIII). Me perdí -esa suerte tuve- conversaciones intrascendentes adornadas con pretensiones mil, alejadas de la naturalidad y del sentido común. Es decir, me ahorré la parafernalia. Es decir, cené bien.
  3. Vi la tele, pero sólo un poquito. Y no exactamente la tele, sino una película que tenía grabada. Tengo la costumbre de ver muchas películas en porciones, a veces muy pequeñas.
  4. Escogí el bonito y tradicional objeto navideño. Hasta le he dedicado una foto plagiada. Pero no lo exprimí hasta sus últimas consecuencias.
  5. Escuché mucha música. Y el iTunes en modo aleatorio me deparó maravillas (a veces hice trampa, y me salté alguna horterada). Así que, pese a estar solo, estuve acompañado por Wagner, Mozart, Bach, Diana Krall, Jean Michel Jarre, Miles Davis, Calamaro, Aute, Silvio, Sabina, Eartha Kitt, Gianna Nannini… Y, en efecto, escuché a Los Secretos: “Hoy he soñado con otra vida, con otro mundo. Pero a tu lado.” “Ya no persigo sueños rotos: los he cosido con el hilo de tus ojos.” “Ahora estoy solo y arrastro mi dolor.” ” Y mientras en la calle está lloviendo, una tormenta hay en mi corazón”. Pero el rey de la noche fue John Lennon. Y no pude tener mejor compañía. Escuché la maravilla navideña titulada “Happy Christmas (War is over)”. Y muchas otras. Repetidas y repetidas. Siempre diferentes.
  6. Me acordé de alguien. Para bien. Para mal. Como reconozco que no soy una hermanita de la caridad, me acordé para mal de unos cuantos. Y el tiempo me da la razón. Pero tampoco merecen muchas ideas ni muchas líneas. Ni en mi cabeza ni en este blog.
  7. No creí oportuno escribir una entrada en los minutos próximos a las doce de la noche. Quizá hubiese puesto cosas de las que me hubiese tenido que arrepentir. Hay mucho bicho por ahí suelto…
  8. No me fui a la cama leyendo a Rilke y sus Elegías de Duino. Pero sí me acordé a lo largo de la noche de algunos versos, que siempre guardo en algún lugar recóndito de mi memoria. Obviamente, no voy a cascarlas aquí todas. Así que el atrevido, que se atreva. Sólo abriré apetito a los sensibles con el principio: “Quién, si yo gritara, me escucharía entre los órdenes /angélicos?” “La belleza no es nada sino el principio de lo terrible”.
  9. Me fui a la cama. Y leí, como todos los días. Y dormí, como todos los días. Y esperé a que llegase un nuevo día, como todos los días.
  10. Y ese día, afortunadamente, llegó. Y, pese a la tristeza, también hubo felicidad (o, como le gusta decir a Rojas Marcos, “satisfacción con la vida en general”). Y de eso hablaremos: de felicidad y de resiliencia. Por extenso. Pero otro día.

 

8 comments
  1. pedro ojeda escudero says: diciembre 27, 20073:08 am

    Mucho valor, Raúl, pero certeza de una cosa: no debemos dejar que gobiernen nuestra vida, de la que somos radicalmente dueños.

  2. blogochentaburgos says: diciembre 29, 20072:49 am

    La lata de bonito era…; la menos lata. La verdadera lata es pasar estas fiestas ficticias, comercializadas y horrorosas. Que acaben pronto antes de que acaben con nosostros. Ánimo Raúl

  3. Antiguo alumno says: diciembre 29, 20073:26 pm

    Mucho ánimo Raúl, y un saludo de un antiguo alumno que encuentra en cada libro un pie de página con tu voz.

    Cuídate mucho.

  4. macgregor says: diciembre 30, 20072:27 pm

    estoy seguro que este nuevo año viene cargado de ventura para ti y los tuyos. guárdame un poco. gracias por el eslabón.

    un abrazo.

  5. blogochentaburgos says: diciembre 31, 200712:38 pm

    feliz año 2008 desde BLOGOCHENTABURGOS Raúl, que sigamos viéndonos por aquí el año que viene

  6. Blogofago says: diciembre 31, 20077:01 pm
  7. pedro ojeda escudero says: diciembre 31, 20078:51 pm

    hace días que no actualizas, Raúl, así que te dejo mis mejores deseos para el 2008 en esta entrada.

    Un fuerte abrazo

  8. Raúl says: enero 1, 20088:19 pm

    Gracias a todos por vuestros ánimos. He estado desenchufado durante unos días, que he pasado en Valencia y que glosaré en una entrada hoy o mañana.

    Feliz año 2008 para todos. Por mi parte, estoy firmemente decidido a que sea mejor que el pasado. Nos vemos en esos vínculos de unión que son los blogs.

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