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Burgosfera

cibersociedad

No contento con dedicarme a escribir un blog, me ha dado también por pasarme al lado oscuro y escribir también sobre blogs. Os pongo un enlace a mi trabajo «Los blogs, los mecanismos de intercomunicación y la retórica», presentado al IV Congreso de la Cibersociedad 2009, que lleva por título «Crisis analógica, futuro digital». Este es uno de los artículos que estoy escribiendo sobre los blogs en el ámbito de la retórica. Anuncio que dedicaré uno o dos trabajos a la retórica de la Burgosfera y que tengo en mente ampliar la perspectiva con el análisis de algunos blogs de ámbito nacional.

Si las fuerzas me acompañan, todo ello conducirá a un libro de conjunto sobre el tema. Como en la Burgosfera y entre los amigos de Verba volant hay compañeros muy competentes e informados, agradezco cualquier sugerencia y material de información en soporte físico u on line.

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Fotografía de Jesús Javier Matías para DB

Lo que da de sí «salir en los papeles»… Salía de casa esta mañana y mi vecinita de enfrente, con sonrisa picarona, me ha saludado de manera especial. Un señor, al que sólo conozco de vista, se ha parado a dos metros de la boca del garaje cuando me ha reconocido (con casco y todo), me ha querido dar la mano y a punto he estado de estamparme con la bici. Nada más llegar a mi centro de trabajo, entre el silencio envidioso de algunos, que susurraban algo así como «Lo que hacen algunos para ser famosos…», se han oído vítores y peticiones de vuelta al ruedo. Al salir, un nutrido conjunto de chicas en edad de merecer se han acercado vergonzosas con el periódico en la mano para que les firmase una foto y les presentase a mis colegas. He recibido doscientos cincuenta y tres correos electrónicos de lectores desconocidos que querían ser amigos míos. Un despistado, que sólo compra el periódico para mirar las esquelas, se ha equivocado de página y me ha mandado sus condolencias pensando que estaba muerto. Al llegar a casa, he encendido la televisión y una cadena de ámbito nacional empezaba el informativo con las Red Foxes, todas ellas coreografíadas, cantando: «Burgosfera, Burgosfera. Ra, ra, ra». Al acento americano le ha dado un toque muy picantón, así que me he ido a refugiarme en las ondas de la radio. En la parrilla, todas las noticias giraban en torno a las palabras voladoras, como si se tratase de un reality de invasión marciana a lo Orson Welles.

He vuelto a leer el reportaje y me ha entrado la risa floja. En primer lugar, me he visto con la manera más ortopédica posible de agarrar un monitor para mostrarlo al público. En segundo lugar, lo da la morcilla me ha empezado a repetir, y eso que soy de Burgos. Y luego he pensado la imagen que se llevarían de mí los lectores que, por vez primera, traspasasen el umbral de este blog. Lo primero que destaqué en la entrevista fueron mis fracasos más que mis aciertos. Luego afirmo que encontré la clave de las cosas que quería contar. Cualquiera que se haya paseado por el blog, me verá como un pensador de carácter onanista, con ansias de poeta maldito, que se queja de todo para que las chicas se compadezcan y le pidan una cita y que se mete, en ocasiones, con todo bicho viviente para que todo dios le niegue la palabra y el saludo. Lo de cultural, se lo inventa él a base de enlaces y de mezclar las cosas del mundo con su propia vida. Misántropo, anacoreta y «tonto-los-güevos», el autor de este blog se pasea por la red para contar lo que le da la gana, como le da la gana y pese a quien le pese. Le han dado hasta en el carnet de identidad, le miran con lupa cada palabra para sentirse insultados, le temen y le compadecen. Algunas buenas personas, hasta le aprecian y le quieren.

Mientras tanto, él se ríe de sí mismo, de su mundo y del mundo. De las palabras y de sus palabras. Y para que luego no digan que su blog no es cultural, se mete con todos los muertos de Rafael Ansón, ex-simio presidente de la Real Academia Española (de Gastronomía), que suelta perlas como ésta: «En los colegios e institutos no hay un solo profesor de alimentación o nutrición, pero es mil veces más importante saber comer que conocer la historia de la Edad Media». Y yo, con mi inmenso bagaje cultural y mi delicado cuidado del lenguaje digo: «Hay que ver cuánto tonto-la-chorra anda suelto».

He dicho. Bienvenidos. Pasen y vean. Y vuelvan, que el blog promete. Se lo digo yo. Y esta vez va en serio.

 

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retazos

Juntar palabras es un don cuando las junta uno. Cuando las juntan varios, es un privilegio. Si las dice uno, se le ocurren sólo las suyas -buenas, malas o regulares- , pero si las dicen varios, los pequeños susurros se hacen verdades compartidas, confidencias hacia el aire nuestro.

Y eso que parece que el silencio resulta cómodo cuando miran a ningún lado pensando miles de cosas a la vez. Las palabras son como los viajeros auténticos de la vida, que no se ganan el tiempo viajando rápido, sino sentándose aquí, en el parque de las oraciones y los sintagmas para ver florecer los almendros, para comprobar que los perales lacónicos también nos brindan sus frutos, sentados todos ganando la pérdida del tiempo perdido en torno a una mesa, hablando de nuestras cosas.

Sentados para perdernos en el tiempo, robado a la tarea de un robot, incapaz de saltarse leyes, obstinado en la obligación de lo odiado, difícil y repetitivo. Imagino la compleja tarea de detenerse, de pensar en la palabra perfecta, de negociar con adjetivos, sustantivos y verbos para que cada una de las partes no se sienta invadida, pisoteada y olvidada como los pueblos que habitan en medio del desierto de los significados del inmenso y significante conjunto vacío.

Sólo así podemos preguntarnos por nosotros mismos, empezar de manera casual para terminar criticando a los grandes, a los intocables, con sus defectos y sus escasas virtudes, que no están acostumbrados a ser tocados por los dedos rebeldes, que insultan con su mismo nombre a todos los que no son iguales a sí mismos, pero dejando siempre un rincón reservado para el reflejo de la luna, de un rostro que hoy son muchos.

Las palabras, como los cantos de marzo, sirven para cantar eufóricos por una naturaleza que se viste de gala para esperar la línea prieta, cargada de los sentidos que dan tono a nuestra vida, que evitan una tristeza que nos devora y que nos posee de tal manera que nos conforta con su aliento en nuestra vida.

Hoy se han juntado en unas líneas unas palabras que representan a muchas otras, todas efímeras y perpetuas a partes iguales, con la inconsciencia del que hace las cosas a sabiendas y con la sabiduría del que no sabe nada. Las palabras vuelan -ya se sabe-. Cada uno las caza como puede para que permanezcan escritas en un hueco del alma.

 

Entrada realizada con retazos literales o modificados de los blogs y posts que se citan más abajo, reproducidas -todo hay que decirlo- sin permiso de los autores. El propósito, cariñoso, es una muestra de las Creaciones Comunes de nuestra madre. Ellos saben por qué.

(Imagen de Libertinus)

 

 

 

 

 

 

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Hablar sobre la muerte de los blogs empieza a sonar como eso de la «muerte de la novela» o la «muerte del teatro», que, a base de morir, gozan de una salud siempre cambiante pero siempre vigente. Se hace eco del asunto 233grados al hilo de unas reflexiones de Paul Butin. Este autor es uno de los augures de la muerte del blog y del auge de nuevas aplicaciones «más sociales» (Facebook, Twitter, Flickr). No lo veo yo tan claro. Si lo que buscamos de verdad es el esnobismo de estar à la page, el blog está tan consolidado como para parecer viejo. Y creo que un blog no está tan reñido con otras aplicaciones sociales como para ser incompatibles. Yo soy un usuario convencido de las bondades de Flickr, estoy tanteando las posibilidades de Facebook y he de reconocer que todavía no le veo gran utilidad (para mis necesidades) ni  a Twitter ni a Plurk. En lo que se refiere a estos últimos, si definimos como red social el enterarnos de que un tipo de California va a dormir, otro en Singapur va a comer, o que el de más allá (Nueva Zelanda) se tira un cuesco, es algo que no me interesa ni de ellos ni del vecino (me interesan otras cosas, como una recomendación de un enlace, una canción, una sugerencia).  Puede que no sea culpa mía y sea yo el que no sea «social». El fallecimiento de nuestro compañero Manzacosas ha demostrado que un blog es una red social, una alianza de inquietudes y a veces de sentimientos. ¿Están muertos los blogs? Sí, aquellos que están muertos. Otros están llenos de vigor y de buenas ideas. Enrique Dans ha contestado a Boutin mucho mejor de lo que yo pueda hacerlo ahora, así que ahorraré palabras. Lo que sí haré es recomendar vivamente la lectura de un extraordinario ensayo de Andrew Sullivan que descubrí gracias a Pisani y que está traducido en Penúltimos días. Es largo pero esclarecedor. ¿Por qué blogueamos en Verba volant? Porque nos da la gana. ¿Por qué me leéis? Por la misma razón. ¿Os interesaría más saber que hoy he cenado unas uvitas y un yogur (natural, con dos cucharadas de azúcar, estaba más ricooooo…)? Pues no contéis conmigo. Para mí estar a la última no es un fin: es un medio.

(La imagen corresponde al post de 233grados citado más arriba)

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Beirut

«Garbanzo negro, cada vez que leo tus entradas serias me hago una pregunta: ¿escribes el blog para llenar un vacío o llenas el blog con la plenitud de la vida? ¿El blog te la vida, o se la prestas?» Eso me dice Chipirón negro, la muy descarada. Pues no sé por qué se escribe un blog. Probablemente, por las dos cosas. Pero sí que tengo una cosa clara: no me gusta el papel de los cuadernos de bitácora como elementos socializadores de los solitarios, ni me gusta tampoco que se confundan los desánimos del blog con exactos y estrictos desánimos del pensamiento. No escribo en mi blog para tener más amigos (es más: ya dije que me ha servido a veces, de manera paradójica, para tener menos), aunque no es menos cierto que he conocido gracias a él a personas con las que no me importaría nada tener más vinculación. De hecho, contestando a otra de sus preguntas («¿Eso de la Burgosfera qué es, una agrupación de amiguetes con los que se queda y eso?»), he tenido la suerte de conocer tanto de manera virtual como en carne y hueso a personas que merecen la pena y con las que me unen, creo, muchos vínculos e intereses. Me encantan los comentarios que hay en mi blog y los comentaristas, pero no me gustan nada los comentaristas del colegueo que veo en otros blogs, que comentan por comentar y que si dices que te duele la cabeza (por ejemplo), te aconsejan que descanses y tomes una aspirina. Si estoy muy triste y quiero que me compadezcan, llamo y doy la paliza a mi hermana (por ejemplo). El blog, para mí, es un desahogo cultural y artístico que me sirve para asaetar certeramente a mis obsesiones y demonios personales, pero no la ventana exacta por la que mi alma se asoma al mundo. Entre otras cosas, porque… ¿a quién coño le importa mi alma?La vida me la dan otras cosas. Personas, sobre todo. Cine y libros, muchas veces. El blog recoge la vida, me ayuda a intentar explicarla porque así, con un poco de suerte, consigo comprenderla. Ahora bien, una cosa sí es cierta: el blog es un elemento importante al que le dedico atención, tiempo… y cariño. ¿Qué bloguero que se precie, no pasea, lee, piensa… para su blog (a veces)?

Esto se vuelve a alargar, Chipirón. Así que terminamos con esas músicas que propones. «No sé por qué me da que eres de los fanáticos seguidores de John Lennon, Garbanzo negro. Si es así, te propongo un acto de resurrección. ¿Te acuerdas de «Real love», esa prueba de grabación de John Lennon que los tres Beatles restantes revivieron en el disco del 96? Escucha la canción, lee la letra. Y piensa: Todos mis pequeños planes, mis esquemas, descarriados como algunos sueños perdidos, parecen evidenciar que, realmente, lo que yo hacía era esperarte«.

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«Pues vale -prosigue Chipirón-. Toma esa canción, si quieres, como punto de referencia, como alegoría. Y quédate con lo mejor de lo mejor del pasado. Pero sacude tus prejuicios y engánchate a los instintos. Y desciende al bailoteo loco de la fiesta de la vida. Con los mismos sentimientos, pero más instintos. Y moviendo el cuerpo hasta el frenesí, como Kylie Minogue, sin poder quitarte de mi cabeza («Can’t get you out of my head»)

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«Por muy basura discotequera que te pueda parecer (que conste que a mí me van más otras cosas, como el flamenquito), su ritmo esconde cosas: Hay en mí un oscuro secreto. No me dejes enterrada en tu corazón. No pierdas la oportunidad de bailar al son del baile de la vida. Es un regalo que no se repite jamás. Así de duro, así de frívolo.»

(Imagen de Spencer Platt, tomada en Beirut y por la que obtuvo el premio Pulizter de fotografía en 2006.

Su ubicación en esta entrada, obviamente, es metafórica y no tiene nada que ver con la devastación bélica)

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El Infierno de Marina Núñez

Algunos se habrán extrañado de haber celebrado con la boca pequeña mi entrada número 200 en Verba volant. Pero ya decía entonces que seguiría la sugerencia de Chipirón negro (recordad ir en orden inverso de lectura para descubrirla…) para celebrar la entrada 202, que parecía mucho más bonita. Aunque voy a hablar de otros mensajes que me ha enviado (su presencia en el blog llevaba en estado latente casi un mes), empezaré por su cibermensaje privado de felicitación: «Vaya, Garbanzo Negro. Parece que has conseguido superar esa segura inseguridad que destilas y te has marcado ya 200 entradas. Qué machote. ¿Para cuándo un libro? ¿Serías capaz de hilvanar argumentos o razones con el hilo coherente de la narrativa o de la disertación? No te felicito por escribir 200 entradas. Eso sería una gilipollez monumental. Te felicito por haber hecho algunas (no todas, para qué te voy a mentir… ) que merecen la pena, por haberme hecho pasar algún que otro rato divertido: me río mucho con tus bobadas. Por sentirme, como te dije en algún otro comentario, la reina de la fiesta de las palabras. Contemplarme en Verba volant me ha hecho sentir contigo cosas que jamás había sentido. Y no pienses mal, so guarro. Y lo último, para que no te lo creas mucho, tú que acostumbras a pasarte de listo: ¿sabes mucho o no sabes nada y disimulas?».

Vayamos por partes. ¿Para cuándo un libro? Probablemente, para nunca. Creo que el blog es un medio de expresión perfecto para mí. Mezclo cosas, escribo de lo que me viene en gana: un día de una cosa, otro día de la contraria; un día en serio y otro en broma; unas veces con placidez y otras con agresividad. Un día tengo fotos mías y otro escojo otras mejores. Me gusta. ¿Un libro? Escribo cosas, rollos teóricos y académicos sobre pragmática, retórica, publicidad o cine. Ya me gustaría a mí tener el talento de juntar palabras del modo adecuado, bello y coherente que se requiere para escribir esas hojas cosidas por el lomo y con tu nombre en la cubierta. Además, esto del blog sale casi gratis: puede que no te lea ni «el Tato», pero no se entera casi nadie.

Me alegro de que este blog ayude a algunos a pasar buenos ratos, a reírse o a pensar en las bobadas que se me pasan por la cabeza. Todavía no puedo imaginarme que alguien esté atento en la pantalla leyendo las palabras que han pasado por mi cacumen y piense que merece la pena volver. Me cuesta comprenderlo, pero me cuesta todavía más entender por qué que algún que otro clan ha disfrutado de la lectura de cada entrada buscando algo con lo que enfadarse… no sé si para descubrir que me odian o para sentirse aludidos en cada línea en un afán de protagonismo que nadie merece sin buscarlo con el mérito personal. En fin, de personas que confunden la dignidad de los manteles con la hondura de la muerte real y verdadera no se puede merecer más que el olvido. Por lo que aparece en mi cuenta de Google Analitics, parece que, afortunadamente, se han cansado. Es el único momento en el que me he alegrado de perder lectores. Así están aquí sólo los que quieren estar. Espero, por lo tanto, que a nadie le moleste compartir un rato con un garbanzo negro, una escoria social y personal digna del rechazo y castigo de las mentes serenas, brillantes y buenas.

Chipirón, es muy lógico que tengas protagonismo en este blog. Sin saberlo (o sabiéndolo: no sé), has sido un hilo conductor que ha enhebrado muchas de sus entradas. No sé cómo me conoces tanto sin conocerme (me pareces la extensión emocional de Blog80burgos, que sabe perfectamente quién soy pero no se revela). No te puedes imaginar la de gente que sabe de tus intervenciones en este blog y lo intrigados que están. Más que yo, te lo aseguro. Has creado debates, controversia, admiración callada o manifiesta… Y, sin tú quererlo, eres un elemento importante: el diálogo del autor a un narratario real de lo contado. Creo, por lo tanto, que te debo aún muchas entradas.

¿Sé mucho? Taxativamente: no. No podría, porque mi cabeza da para lo que da. Pero soy muy curioso, picoteo de un lado y de otro, trasteo desde pequeño con cada libro que cae en mis manos y no me gusta cerrarme en ser un selecto especialista de la nada. Esa es mi virtud, ese es mi defecto.

Bueno, amigos. Esta conmemoración va a ser larga, así que va a ser mejor repartirla en alguna otra entrada más. Os aconsejo que las leáis, porque quedan muchas líneas de Chipirón prometidas. Os dejo una, para hacer boca:

«Algún día te contaré la historia de la noche en la que descubrí el miedo»

(La imagen pertenece a la interpretación del Infierno de Marina Núñez para la exposición Luz y Tinieblas de la Catedral de Burgos)

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2º Burgos, Beers and Blogs

Los blogs que aún no existíamos (o existíamos «poco» y mal, como era mi caso) cuando el primer Burgos, Beers and Blogs tuvo lugar, ahora estamos de emocionada enhorabuena: el sábado, 23 de febrero de 2008, a las 18,00 en la cafetería de la Casa de Cultura de Gamonal tendrá lugar el 2º Burgos, Beers and Blogs.  A mí, sinceramente, me hace una tremenda ilusión: es un bueno momento para vernos las caras, comentar cosas, aprender (siempre que estoy más de cinco minutos con un bloguer burgalés aprendo muchísimas cosas nuevas)… y beber cerveza, of course. ¡Nos vemos el sábado, compañeros en blogs!

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