— Verba Volant

Archive
Pelusas

Los autobuses son más bonitos por fuera...

 

Aconsejo a los amigos de la historia-ficción que se detengan un par de minutos en el texto de esta entrada. Para tranquilidad de los que al fin la lean, esta historia no es cierta. No puede serlo. La historia que no puede ser cierta se desarrolla en Burgos el sábado día 1 de diciembre de 2007 hacia las siete de la tarde. Menos mal que esto es ficción, porque, en el caso de no serlo, la trama se desarrollaría en un autobús de la línea de Gamonal. Imaginemos la escena hipotética: suben al autobús dos mujeres. Si nos importase la verdad y no la construcción artística, quizás añadiríamos que las dos mujeres eran inmigrantes. Pero Verba volant es un blog entre desenfadado y descansadamente artístico. Así que no encuentre el lector reivindicación social, información y denuncia de un ciudadano a pie de calle. Decíamos que las dos mujeres suben al autobús. Y pagan religiosamente sus dos billetes. Seguro que esto sí es cierto, porque esta no es una historia de pilletes, una narración en plan Dickens en la era posmoderna del pensamiento débil. Y, además, fortalece la verosimilitud del relato. Pero sigamos con nuestro cuento: las mujeres pagan y el conductor, olvidadizo él, no les entrega los billetes. Un descuido lo tiene cualquiera, a fin de cuentas. Si fuésemos ciudadanos que buscan una queja en busca de justicia, diríamos que el conductor tenía bigote y que, aunque sentado, parecía bajito. Eso también apoya el ámbito de la realidad artística: el bigote aporta a nuestro personaje un atributo de distinción y su escasa estatura nos impulsa a una grata y sencilla interpretación psicoanalítica de tres al cuarto. Menos mal -decíamos- que esta anécdota no entra en el incuestionable campo de la verdad, porque si no sería difícil de creer que el conductor, con gesto a medio camino entre indeciso y valiente (no sabemos si aquí el narrador opta por la antítesis o por el más audaz oxímoron) confunde, inusitadamente, el cajón de las monedas, ese que representa un microcosmos de los impuestos y el erario público con su bolsillo, el microcosmos de lo personal e intransferible. Y me deja muy tranquilo saber que esta historia no puede ser cierta, que sólo cabe en el ámbito de la imaginación. Porque a mí, entre los miles de chorizos que hay en el mundo, sólo me gustan los de Cantimpalo.

(El bonito encuadre del autobús urbano con la catedral urbano pertenece a zackds)

Read More

Jorge Miente

Tengo hoy un problema. Tras unos cuantos días de falta de aseo doméstico, me he dado cuenta de que mi casa está sin barrer. Una mirada errática me ha conducido hasta el rincón donde se funden cables y enchufes en una mezcolanza que presagia un cortocircuito. La vista era desoladora.
Triste -muy triste- he ido a la cocina para beber un vaso de agua: no había ningún vaso limpio y la pila desbordaba platos con residuos no muy apetitosos y cubiertos con un porcentaje de grasa mayor al de lo higiénicamente normal. Al salir, he visto tres bolsas de desperdicios esperando al cívico reciclaje. Mi problema se ha convertido en preocupación cuando una expresión se ha puesto a revolotear por mi cabecita: síndrome de Diógenes. Algo conocía yo, pero la sabia enciclopedia habla de aislamiento social, reclusión en el hogar y desatención por la higiene, síntomas parciales pero no alejados de alguna de mis realidades. Solo (muy solo) e inquieto (muy inquieto), me acordé de que «muerto el perro, muerta la rabia». Saqué de una recóndita balda de la despensa el aspirador y, manguera en ristre, limpié todo mi hogar (ahora no sé si más dulce). Platos fregados y basura en el contenedor completaban el signo del cambio. Ahora sólo me resta limpiar por dentro. Quizá algún día empiece.

(La fotografía es de Jorge Miente, pero el rincón de cables y enchufes se siente plenamente identificado)

Read More