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unas cenizas en una urna, un momento prodigioso de lectura, dos imbéciles, dos chapuzones y tres cervezas

unas cenizas en una urna

Ayer empezó el día con una mezcla de tristeza, de reflexión y de encuentros. En el cementerio de Miranda de Ebro, se enterraría una urna con las cenizas de una persona muy querida de mi familia. Había muerto hace ya tiempo, pero la pandemia había evitado que esos restos de polvo enamorado reposasen en el lugar adecuado. Miré la lápida y encontré los nombres de parte de la historia familiar y me conmovió, al ver mi apellido allí escrito, ser consciente de que quedamos ya muy pocos y ni querer pensar siquiera quién puede ser el siguiente. Como siempre ocurre en los duelos, los muertos nos sirven para reconciliarnos con los que quedan, que en este caso eran personas a las que hacía muchísimos años que no veía, e incluso otras personas a las que no conocía pero que están muy próximas en la memoria de la familia.

un momento prodigioso de lectura

Casi nunca abandono de un libro (si dijera que uno de los pocos que he abandonado en varias ocasiones ha sido El señor de los anillos seguro que más de uno me guardará rencor eterno). Pienso que puede que llegue una frase sorprendente, un personaje que fascina, una recuperación prodigiosa, qué se yo. Estoy leyendo Klara y el sol, de Kazuo Ishiguro. No es que no me estuviese gustando, es que me estaba confundiendo y desconcertando porque recorre un sendero que no era esperado. Y ahí estaba yo, por la tarde, una vez asentado en la piscina, avanzando en la lectura, cuando he arribado a un pasaje maravilloso. Podía verse venir, pero yo estaba despistado en mi desasosiego. Y todo encaja en la manera que a mi me gusta que encaje las lecturas, desarmándome y revolviendo las pocas ideas que me quedan en la cabeza.

dos ímbéciles

Las tardes de piscina dan para mucho, sobre todo cuando has vuelto de un acto luctuoso, has comido pronto y quieres refugiarte del sol en una sombra fresca y amena, con el sonido de agua como telón de fondo. En el devenir de las horas, pasan conocidos con los que charlas de manera más o menos detenido, con los que compartes agradables palabras intrascendentes, saludos (cordiales casi siempre, protocolarios y circunstanciales algunos), te pones al día de las vidas o qué se yo. Fue así con unas cuantas personas y, aunque la tarde fue más o menos afortunada, tuve la mala fortuna de encontrarme con dos imbéciles. Uno me hizo una de las preguntas más tontas que he tenido ocasión de responder y otro me contó de manera pormenorizada una vida, la suya, que me interesa solo en lo superficial y no en los detalles con los que fue machacando más aún que la tarde de calor plomizo.

dos chapuzones

No fue un entrenamiento como tal porque ayer era un día en el que tocaba recuperar, así que utilicé la natación para refrescarme, para gozar del agua, para notar la respiración y convivir con ella, para saber compartir la felicidad del cuerpo para que la mente se anime.

tres cervezas

En las tardes de piscina, hay un largo momento de privacidad, salpicada de esos encuentros de los que hablaba, de baños y de lecturas. Cuando las horas avanzan, me reúno siempre con unos buenos amigos. Tres cervezas, unas patatas fritas, una buena conversación y unas risas sirvieron para finalizar.

Cenizas, nombres familiares, encuentros, lecturas que te reconcilian, imbéciles que siempre son menos que las personas a las que consideras o a las que aprecias y baños de frescor hacia fuera y hacia dentro.

Otra día. Y una tarde de piscina.

Los profes enseñan más…

Profe

Dando un paseo por aquí, me he encontrado con un par de sitios curiosos que desconocía. Los alumnos han pasado a la acción y han creado el portal Rate my Professors para evaluar la actividad de sus profesores y compartir la opinión que tienen de ellos con sus compañeros y con el resto del universo. Incluso han creado una lista de Los cincuenta principales en la que se barema y desmenuza en apartados, emoticonos y breves observaciones (como, por ejemplo, «Se aconseja llevar una almohada a sus clases») la actividad docente de sus profes y su actitud con respecto a los alumnos. Y la cosa se ha extendido y aplicado en Facebook. En contrapartida, los profesores contraatacan con su web Professors Strike Back, en la que aparecen vídeos en los que se defienden de las «acusaciones» y reproches de sus alumnos. A algunos, seguramente, les parecerá fatal que los alumnos «evalúen» de forma informal, graciosa y, probablemente, algo injusta a sus profesores en la red. Y a otros, con total seguridad, les parecerá una salida de tono el que los profesores salgan en su defensa empleando las mismas armas de la interactividad. A mí, que soy poco serio y poco amigo de ponerme trascendente, me parece fenomenal y, sobre todo, muy divertido. Es más que comprensible que el juego y dialéctica entre profesores y alumnos se extienda a las redes sociales. En suma, me parece totalmente lícito que la «lucha» (nunca realmente excluyente y combativa) que siempre ha existido entre profesores y alumnos se extienda a las redes sociales. De hecho, el artículo del New York Times que ha inspirado esta entrada habla, fundamentalmente, de la manera en la que los profesores han abierto a la esfera de Internet sus múltiples intereses y actividades: blogs, páginas web, fotografías…

Hay que subrayar todo esto como algo positivo: supone defender la reciprocidad y la igualdad fuera del mundo académico, lo que no quita para que, dentro de las escuelas e institutos y universidades, sigan funcionando unas normas elementales para que unos enseñen y otros aprendan… teniendo en cuenta que, en este mundo global, es cada vez más difícil encontrar a alguien que tenga como única función enseñar y otros tengan como única obligación aprender. Esto es lo que tiene el mundo académico de desafío: nuestra capacidad de enseñar y ser enseñados, nuestra capacidad de aprender y «ser aprendidos».

Lo que ya no son tan divertidas son otras noticias relacionadas con el mundo de la enseñanza que se ven y que no se ven, que se saben pero se ignoran. Legislaciones deficientes y carentes de presupuestos; alumnos desmotivados, desubicados e incontrolados. Profesores desorientados, sepultados por trámites burocráticos (otros, también, alejados de la realidad docente, sin preparación, sin actualización, sin reciclaje…). Estamos a la que salta, intentando arreglar las cosas con parches mal concebidos. A la administración le interesa mucho el fracaso escolar y, claro está, hay un modo de paliarlo: aprobando más. Si no, que se lo digan en Nueva York. Como el profesorado está mal retribuido, se incentivará económicamente a aquellos que contribuyan a reducir el fracaso escolar; como el alumnado está diluido en otros intereses, también se le ofrecerá dinero por sacar buenas notas. Es éste un proyecto aplicado con cierto éxito en otros países (Brasil, México), pero siempre a familias y colectivos que se encuentran en peligro de exclusión social. ¿Mejorará el dinero (que no el presupuesto educativo) la situación global de nuestra educación? ¿Será la moneda, la propinilla, la brújula que oriente nuestro futuro? Como se entere alguno de nuestros políticos, a lo mejor todos los alumnos que saquen un «Conseguido muy bien» o «Progresa adecuadamente» se metan en el bolso cuatrocientos euros para comprar gominolas en la tienda de la esquina. Lo tendrán muy fácil, porque sus profes también se sacarán otros cuatrocientos por haber calificado a todos sus alumnos con un aprobadillo. Al final, el chollo lo van a tener los que son profesores y padres. ¡Viva la educación!

(Dedico esta entrada a los envidiosillos que se quejan de las vacaciones de los profesores. Pero he sido bueno y les he dado una idea para protestar: ¡a crear una web de protesta: menudasvacaciones.com, una red social y lo que haga falta! Pero no lo dudéis: los profesores contraatacaremos. Y, algún día, seremos ricos.)


(Imagen de restrinxido)