— Verba Volant

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sócrates

Squared circles

Como soy un tipo serio, empezaré por una cita de Voltaire que nos recuerdan en Mirando con la mente:  «La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda».

En los niveles de conocimiento, el mismo Platón dejaba muy claro que el nivel más bajo de conocimiento es el de la opinión (que abarcaba, a su vez, la creencia y la conjetura), mientras que el científico era el más elevado de los conocimientos, que intentaba buscar la auténtica realidad que podía atisbarse más allá del cambio. Como soy un tipo profundo, iba a dedicar una entrada a la manera atontada en la que algunos se mantienen en el y en el no, situando a estos por encima del no-sé (que, como decía el mismo Sócrates, era el pilar para saber algo). Como soy un tipo irascible, iba a cargar estas tintas de viernes en los que no se apean de las decisiones incorrectas, en los que mantienen su elevado estatus selecto de vaya usted a saber qué, en los bobos que siempre tienen el don de la palabra redicha. Como soy un tipo indeseable, iba a hablar con desprecio de los que se perpetúan traicionando, de los que se adornan y adornan con palabras, de los muertos de hambre a los que se les abre la puerta al futuro y luego te cierran la puerta en las narices.

Pero soy humano y, como decía Terencio, «Homo sum, humani nihil a me alienum puto» -Soy humano y nada de lo humano me es ajeno. Y, como soy humano, pienso que los viernes abren las puertas a nuestras auténticas vidas, postergando la triste vigilia de peregrinación de lunes a viernes. Por lo tanto, creo que voy a dejar la palabra a otros pensamientos tan humanos como los anteriores y os invito a esto: «Hagamos algo superficial y vulgar, algo tonto que hayamos hecho ya».

(Imagen de Leo Reynolds)

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Cylotono1

Uno de los anuncios promocionales de la campaña Castilla y León es vida de la Junta reza:

«No hace falta ser filósofo para saber lo que es vida y lo que no»

Yo para estas cosas soy muy tarugo, y me pasa lo siguiente: que siempre estoy de acuerdo con todo y siempre estoy en desacuerdo con todo. Las dos cosas a la vez. Lo mismo me parece que no hace falta ser filósofo para saber lo que es vida como que, precisamente, hay que ser filósofo para saber lo que es vida. El problema -igual- es no saber lo que es ser un filósofo, pero eso sería pedantería y arrogancia, porque significaría que yo sí sé lo que es ser filósofo y los que han ideado la campaña no. Si todo esto es evidente, la entrada acabaría ahí. Como creo que igual es evidente pero no «tan» evidente, me permito aburrir al que no haya desistido ya con alguna observación.

Le he dedicado unas poquitas horas de mi vida a la filosofía como profesor, lo que no me hace filósofo, ni mucho menos. Sobre todo cuando pienso en Sócrates, que no escribió una línea en su vida y al que ya le hemos dedicado algo de atención en nuestro blog. Los filósofos griegos eran amigos de charlar, de darle al banquete, de utilizar el ágora como lugar de encuentro y reunión. La filosofía no era la cosa en la que la hemos convertido algunos malos profesores: era algo que tenía mucho que ver con nuestra vida. Un alumno me decía esta mañana que el lema era correcto, sólo dejaría de serlo si dijera: «No hace falta ser filosófo para saber lo que es la vida». A mí siempre me divierte pensar la anécdota, casi con seguridad apócrifa, de un Diógenes recostado a la entrada de su barril ante el mismísimo Alejandro Magno diciendo a éste que lo único que necesitaba era que se apartase un poquitín para que no le quitase el sol. ¿Es esto vida o esto es la vida? No le encuentro mucha diferencia.

Bueno, a estas alturas de la película no creo que haya nadie que siga leyendo, pero, entonces, se perderá lo mejor. Me gusta mucho la definición de filósofos que da Pitágoras de los filósofos. Una, la más conocida, es la de que fue el mismo Pitágoras el «inventor» de la palabra filosofía. Se le ocurrió a alguien llamarle sabio y él le contesto algo así: «No me llames sabio, porque sólo la divinidad lo es. Yo soy, simplemente, amigo de la sabiduría (filósofo)». Creo que supone todo un ejemplo de falta de arrogancia y de dar al término su significado más genuino. Pero la anécdota que nos aporta Diógenes Laercio sobre Pitágoras y que da sentido a este post es la que sigue:

Comparaba Pitágoras la vida humana con una fiesta o competición llena de gente: unos vienen a luchar, son los protagonistas; otros, a comprar y vender cosas durante el espectáculo, y son aquellos que sacan su beneficio. Y otros, que vienen a ver el espectáculo: esos son los mejores. Y esos, precisamente, son los filósofos.

Creo que la campaña de la Junta de Castilla y León iba por ahí, pero al revés. En todo caso, por lo que a mí respecta, que me gusta casi siempre ser espectador , creo que tengo momentos muchos más filosóficos que éste a lo largo del día. Por ejemplo, cuando salgo a correr con mi perro. Él es muy cínico, y me entiende.

(La foto es de Cintia08)

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Socrates

Recomendación para los perezosos: no dejéis de leer, aunque aparezca «Filosofía», palabra maldita.
Es conocido por casi todos que Sócrates, gran filósofo griego, murió obligado a ingerir cicuta. Acusado por sus enemigos de impiedad y corrupción de los jóvenes, fue un claro exponente de que pensar tiene sus peligros, y hacer pensar muchos más. Sócrates huía del dogma, ya que su propósito era que cada individuo sacara la verdad de su interior. Y ese fue su pecado.
Creo que unas pocas palabras de Sócrates en el juicio, trasladadas por Platón, su discípulo en la Apología de Sócrates, bastarán para iluminar lo que supone la dignidad humana. Me permito realizar pequeñas adaptaciones de un fragmento para acortar la entrada, pero aconsejo íntegra la lectura. (Y una pequeña confesión: me resulta muy difícil que, cada vez que leo este pasaje, mis ojos no se humedezcan):
En esto, tal vez es que me diferencio de la mayoría de los hombres, y,si debiera decir que soy más sabio en algo, sería en esto: sé que es malo y vergonzoso obrar injustamente y desobedecer al mejor, tanto a un dios como a un hombre. Y por los males que yo sé que son males, jamás temeré o evitaré las cosas que no sé si son buenas. Supongamos, pues, que ahora ustedes me absolvieran sobre esta [base]: nunca más pasarás el tiempo en esta investigación ni en filosofar; pero si eres sorprendido haciéndolo, morirás.” Supuesto tal caso, como he hecho, de que se me absolviera sobre tales, les contestaría: “Yo los respeto, señores atenienses, y los estimo, pero he de obedecer al dios antes que a ustedes, y mientras tenga un hálito de vida y [sea] capaz de ello, no cesaré de filosofar, y de exhortarlos a ustedes, y de explicarle a aquel de ustedes que encontrase, diciéndole cosas como las que acostumbro: “Querido amigo, que eres ateniense, ¿no te avergüenzas de preocuparte por tu fortuna, de modo de acrecentarla al máximo posible, así como a la reputación y a la honra, mientras no te preocupas ni reflexionas acerca de la sabiduría, de la verdad y del alma, de modo que sea mejor?.” Y si alguno de ustedes me disputara y afirmara que él se ocupa [de estas cosas], yo no lo soltaré enseguida y me marcharé, sino que lo interrogaré, lo examinaré, lo refutaré. Y si me parece no estar en posesión de lo que hace a su perfección, se [lo] diré, y le reprocharé que confiera mucho valor a lo que es inferior, y poco [valor] a lo que es superior. Y haré esto con quien sea que encuentre. En efecto, no hago otra cosa que ir de un lado al otro persuadiéndolos a ustedes, sean jóvenes o ancianos, de no preocuparse por [sus] cuerpos ni por [sus] fortunas sin antes atender intensamente a su alma, de modo que llegue a ser perfecta; diciéndoles que no es de la fortuna que nace la perfección, sino de la perfección que [nace] la fortuna y todos los demás bienes para los hombres, en forma privada o pública. Si corrompo a los jóvenes cuando digo esas cosas [nos encontraríamos con la sorpresa de que], esas cosas serían perjudiciales. Ahora, si alguien afirma que no digo esas cosas sino otras, habla por hablar. En este punto, señores atenienses, yo diría que, convencidos por Ánito o no, me absuelvan o no me absuelvan, en cuanto a mi no habré de hacer otra cosa, ni aunque esté mil veces a punto de morir.

(La fotografía de la entrada pertenece a Sebastià Giralt)

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