— Verba Volant

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Tag "Canciones prosificadas"

Lado, corazón, alma, soledad. Razón, existir. Religión. Besos, calor, amor, pasión. Bien, mal, luz, vida. Vida, amor, razón, existir.

Historia, amor.

(Canción tan prosificada de “Historia de un amor” que se ha quedado en el esqueleto de los sustantivos).

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Imagen de Joàn Abella

Si piensas que el mundo no se puede reducir a esto, ponte frente a un espejo y pregúntale (pregúntate) por qué la vida gira, gira y gira sin una razón. Por qué todo viene de la nada, por qué nada permanece, por qué no queda nada dentro de ti.

A veces, no hay nada mejor que estar en silencio y pensar en esa primavera ligera que todavía no ha llegado. Y mirar cómo toda la vida gira infinita sin una razón. Y ver esa vida pasar, contemplar cómo viene de la nada y no queda nada dentro de ti. Sin ninguna razón, gira infinita. Gira y gira.

(Este texto está inspirado en la primera canción que escuché en 2018. Por propia esencia, pertenecería a la serie de canciones prosificadas, pero me guardo la canción porque me da la gana. He dicho… o no he dicho. La fotografía es de Joàn Abella).


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Son las cuatro de la mañana y sigo contemplando cómo duerme con ese respirar lleno de calma, entre el calor de esas sábanas que dejan atisbar un hombro perfecto. La penumbra de la habitación devuelve el eco de su presencia: esa blusa arrojada con mimo sobre el sillón, ese pañuelo revuelto en espiral perfecta sobre el chifonier, el bolso entreabierto en el suelo enseñando parte de tu mundo secreto.

Son las cuatro y diez y aprovecho cada instante, con el ansia de retener en mi memoria todos los detalles de nuestra historia. Cada palabra susurrada, cada promesa. La primera vez que bailamos, cuando dos metros cuadrados fueron la mejor expresión del paraíso. Aquella vez que me tomaste de la mano y me llevaste a explorar los momentos más excelsos de mi vida. Ese viaje hacia el interior, el trayecto más fecundo por el que hemos caminado. 

Son las cinco menos veinte. Con la mano escondida debajo de la almohada, solo contemplo la espalda. Me sé de memoria todos los vericuetos de tu columna vertebral, la forma exacta de tus omoplatos. Parte de mi cordura se pierde donde adivino que amanecen tus clavículas. 

Son las cinco y veintitrés y no puedo soportar el avance irremediable de los dígitos de ese cangilón solitario que abandona agua fresca para recoger incertidumbre y soledad. Siento un dolor irremediable, la nada llena mi estómago y siento que, poco a poco, el tiempo apaga todas las estrellas. 

Las horas siguen corriendo por el reloj de la mesilla, que ilumina cada segundo futuro de certero desamparo. Cuando amanezca otra vez, se acabarán todas las auroras. Y solo me queda pedir que el tiempo se detenga entre magnitudes que, sin ella, no significan nada.

Cuando los rayos del sol iluminen otras vidas, yo, sin su amor, no seré nada.

Imagen de RocorCanción prosificada de “El reloj”, ese bolero perfecto, como homenaje a Lucho Gatica

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Aguas en abril, flores en mayo, en octubre frío, viento, hojas y castañas por lo suelos. Las tiendas acaban de cerrar y no sé de qué verso te deslizaste ni en qué parada de autobuses te perdí. Beso a una estatua de sal mientras se fue mi tren, se fue mi barco y me encuentro solo en mi puerto de mar.

Me visto de terraza sin licencia, me lanzo al cielo en vuelo sin motor, persigo algún indicio de tu amor. Cuando se acerque la primavera, cumpliré años y camino solo por la orilla del río, mientras soy un extraño muy conocido para ti.

Aguas en abril, flores en mayo, en octubre frío, viento, hojas y castañas por lo suelos. Estoy como la fuente de los delfines cuando hiela, mi horóscopo me dice que entro en un túnel sin final y a ti te pone que tienes que huir de la estabilidad y la rutina. Hoy la luna está en cuarto menguante y aún tengo que escribir otro verso de amor.

Las tiendas acaban de cerrar y no sé de qué verso te deslizaste ni en qué parada de autobuses te perdí. Beso a una estatua de sal mientras se fue mi tren, se fue mi barco y me encuentro solo en mi puerto de mar. No vi las orejas al lobo cuando me avisaste: aunque sonría, no soy feliz. Octubre abre las puertas a noviembre, los días se van apagando y, en diciembre no hay tiempo para ir a Madrid para asistir a un musical que me cure y me calme.

Hoy la luna está en cuarto menguante y aún tengo que escribir otro verso de amor.

(Canción prosificada y modificada a voluntad de “Aguas abril”, de Luis Pastor, aquí acompañado de Bebé).




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Me dijeron que la concepción cristiana legitimó el concepto de seres humanos con principio y final. Y que el final lo determinaba todo, desde el principio hasta todo lo vivido, que no era sino intermedio. Y le dijeron que la concepción cíclica era natural y naturalista. Pero a mí siempre me han cabido todas las dudas y, mezclando y destilando,  siempre acabo dudando si, al final, la vida —mi vida— no es sino una espiral que se empieza a terminar cuando acaba de empezar.

Aunque me cueste, confieso que, con el tiempo, he renunciado a renunciar. Que no me resigno a que me queden inquietudes y dudas. Y no me conformo con decirle que no al placer. Que no me resigno a pensar como todo el mundo. Y que no me conformo con decirle adiós a la noche, a sus desarrollos y consecuencias.

En mis sueños, que son pesadillas, sueño que estoy acabado y confundido. Y siento que, al final, me he convertido en lo que no he querido. Es duro de aceptar, pero no me pienso resignar.

Y, aunque siempre acabo dudando si, al final, la vida —mi vida— no es sino una espiral que se empieza a terminar cuando acaba de empezar, confieso que he renunciado a renunciar. No me resigno a pensar como todo el mundo. No me conformo con decirle que no al placer. Y que no me conformo con decirle adiós a la noche. Por eso espero a la madrugada, vigilante, con los ojos abiertos.

(Canción prosificada y modificada a voluntad de “¿Por qué a mí me cuesta tanto?”, de Fangoria y Asier Etxeandía, con imagen de Distant Reality).

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Decidme: ¿qué se siente al ser tan joven? Me gustaría saber lo que se siente cuando no se ve el final, lo que se siente cuando se vuela sobre el mar. Decidme qué se siente cuando te sientes eterno. Me gustaría saber lo que se siente en pleno caos emocional, cuando el tiempo sobra y brota por los resquicios. Decidme: ¿qué se siente en el vacío celestial?

Por más que lo intento, no consigo recordar lo que se siente al ser tan joven, pero tiene que ser maravilloso. Lo olvidé entre proyectos de sublevación, lo olvidé entre lamentables achaques de sinceridad, lo olvidé programando la huida cuando me sumergí en el delirio de la seguridad. Ahora, muero sin atreverme a alzar la voz. De alguna manera, esta tranquilidad sin dolor es algo parecido al final. Y eso que hoy, por un momento, pensé que podía volver a suceder. Soñé que tenía todavía una oportunidad para subir y subir y subir sin mirar atrás.

(Canción prosificada y modificada a voluntad de “¿Qué se siente al ser tan joven?”, de La casa azul, con imagen de Chat des Balkans)

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Subway

Estás ahí, mirando hacia atrás. Y el tiempo pasa a toda velocidad por tu ventana. Intentas ralentizarlo. Mojarlo como las galletas en la leche, siempre de dos en dos, para que empapen y aguanten juntas todas las vicisitudes. El tiempo, sin embargo, va demasiado rápido.

¿Te acuerdas cuando nos dijeron que lo nuestro había surgido demasiado rápido y que, inevitablemente, sería efímero? Miro ahora por la ventana para ver esa cara y esa sonrisa. Intento congelar esa imagen para que no se contagie con la tristeza que te angustia desde hace días (quizás semanas, quizás más tiempo aún). Miras el tiempo pasar a toda velocidad por tu ventana e intentas atraparlo. Porque todo pasa demasiado rápido. Y, si te detienes a pensarlo, se desgaja. Y no quieres perder ni un segundo de un tiempo que se consume a toda velocidad. Por eso, merece detenerse, mojar las galletas en leche. Como siempre, de dos en dos. Para que empapen y aguanten juntas todas las vicisitudes.

(Canción prosificada, traducida, modificada a voluntad y añadiendo lo que me viene en gana de “Fast” de Luke, con imagen de Hernán Piñera).

 

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Cuéntamelo todo, by Apetitu

El día de ayer se ha ido para siempre e intento recordar cómo puedo oír tu voz. Veo cómo se mueven tus labios, pero soy incapaz de escuchar nada. El día de ayer se ha ido, pero una melodía ronda por mi cabeza y la respiración se acompasa al ritmo de cada uno de sus versos. Si, ahora parece que te oigo: cántame en voz baja hasta que pueda cerrar los ojos y llenarme de paz. Ahora que el tiempo no puede borrar nuestros recuerdos, acuérdate de mí para que escuche tus susurros en mis sueños. Mi recuerdo contigo será, así, una canción de cuna. Por eso, cántame en voz baja hasta que me duerma.

(Canción prosificada, traducida y modificada a voluntad de “Sing Me to Sleep” de Alan Walker, con imagen de Apetitu).

 

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Follow your dramas (cancelled), by Banksy

Hace tanto que no escribía en el blog que casi me olvido. Mientras tanto, solo espero la auténtica noche para sustituir definitivamente el negro por el brillo de las estrellas. Porque, definitivamente, podemos ser  los reyes de la noche.

(Tras pensarlo un poco, creo que esto no es una canción prosificada de la canción de los Italobrothers. Con una obra de Banksy fotografiada por Chris Devers).

 

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"The Moon", by Rebekah

Voy a perder el miedo a perder. Y, poco a poco, voy a aprender a ser la persona en la que me quiero convertir. Voy a tener la razón o, al menos, voy a defender mi derecho a tener una de sus partes. Voy a durar de todo lo que sé, voy a empezar de cero sin fijar ningún final. Voy a subir sin parar y voy a volver a caer. Puede, incluso, que me levante otra vez. Voy a hacerlo todo mal o hacerlo todo bien, pero no voy a continuar, no voy a seguir tal y como estoy. Voy a empezar a perder el miedo a perder. Para no olvidar que existe un hoy y un mañana, voy a matar el tiempo con balas delicadas de fusil. Aunque ya no crea en nada trascendente, voy a ganar el cielo para no tener que soportar la inercia que me hace girar constantemente alrededor del sol. Por eso, voy a cuestionar la gravedad si su ley no me acerca a ti. Mírame volver, mírame soñar. Mírame tocar el fuego con los dedos. Mírame perder el miedo.

(Canción prosificada y modificada a voluntad de “Voy a perder el miedo”, de Fangoria, con imagen de Rebekah)

 

 

 

 

 

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