— Verba Volant

Por los pelos

Verba volant está de capa caída. Ya nadie lo duda. O, por lo menos, yo no lo dudo. Tan de capa caída se encuentra, que hoy iba a publicar la entrada final. Es una entrada que tengo escrita hace ya tiempo y con la que me quería despedir cuando esto se acabe, porque las palabras, como las hojas, vuelan al impulso de las ráfagas de viento. Y, como ellas, llega un momento que se detienen para pudrirse en lo recóndito de las aceras hasta que alguien se las lleva en beneficio de la limpieza ciudadana.

Como uno le ha cogido cariño a esto, le ha estado dando vueltas durante unos cuantos días: el día que se ponga el punto no será como el adiós repetido de los toreros, ávidos de fama, de aplausos o del dinero de la vuelta al ruedo, sino un punto final bien gordo para pasar a otra cosa. Las razones para acabar eran de índole muy diversa. Me pongo ante la pantalla muchas veces sintiéndome un tahúr de los vocablos, enredándolos y haciendo trampa. Otras veces, no me pongo: he empezado a sentir que ya no me queda mucho por decir. Otras muchas (y de manera más frecuente y persistente), las palabras me han hecho sufrir. Es sabido que escribir ayuda a objetivizar tus problemas. Comunicándolos, pareces liberte de su carga negativa. Pero llegó un momento en el que cuando más orgulloso estaba de mis palabras más sufría con ellas. Hablo de sufrimiento del de verdad, nada  de ínfulas de poeta maldito. Cuando la ficción atropella la realidad, es momento de parar.

Esta tarde iba a dar el paso. Todo estaba a golpe de clic. Sin embargo, hace cuestión de media hora he recibido en mi correo un mensaje de Chipirón negro, esa lectora anónima que ha insuflado vida a este blog en numerosas ocasiones. Hacía mucho tiempo que no enviaba sus aportaciones, siempre originales, ácidas y fuera de las convenciones. Su mensaje me ha hecho reconsiderar momentáneamente mi decisión. Entre otras cosas, porque me ha ofrecido el ángulo necesario para ver las cosas de otra manera: «Garbanzo negro, no sé qué voy a hacer contigo. Tus entradas parecen viejunas, ancladas en la autocomplacencia del triste. Estarás encantado de dar las vueltas y marearte de tanto rodar. ¿Te has fijado que tus Fragmentos para una teoría del caos se han convertido en una porquería chorreante? Los empezaste con pulso, con ambición, deseoso de contar las historias entrecruzadas de las personas de una forma diferente. Ahora los paseas como una forma de que los demás te vean triste. Ya no te leo todos los días, ahora que has pasado de ser el Garbanzo negro de la vida a ser el garbanzo negro de los blogs. Entre hiel y hiel, siempre lamías la esperanza. En el toma y daca eras inmisericorde, pero no cruel. En el terreno resbaladizo, siempre te deslizadas sin tropezar. Mostrabas tus angustias pero se veía, latente, una luz que era lo más importante para los que te leíamos».

Este fragmento, seguido de otras muchas cosas que no añado para no extenderme en exceso, parecía que apuntalaban la impresión que yo tenía de declive hacia la nada. Sin embargo, reconozco que me han salvado sus últimas palabras: «¿Te crees que entramos aquí para compadecerte? ¿Te crees el ombligo del mundo, más allá de las pelusas que, como agujeros negros, puedan habitar su interior? ¿Por qué te leemos, Garbanzo negro? Algunos no te leemos por ti, sino a pesar de ti. Te leemos-leíamos porque hacías algo con las palabras que nos identificaba. Nos hacía del club selecto de los desesperados que ya nunca miraremos el mundo con otros ojos que no sean los de las ojeras, pero también del selecto club de los que intentan descojonarse en su cara. En nuestra soledad radical, nos hacía sentirnos acompañados y cómplices. ¿Dónde queda esa sonrisa ácida, que aporta un poco de amargura al mundo pero que endulza nuestro paso por él? Te leemos (leíamos) porque eras socio de un club del que nunca quisiste formar parte. ¿Dónde quedan aquellas entradas curradas, en las que revertías y analizabas la realidad para darle otra vuelta de tuerca? Me gustaban porque creía que leía a Larra (en pequeño, no te creas) redivivo en el siglo XXI. No te pegues un tiro con las palabras, Garbanzo; no te acoses con tus miserias ni las vomites sin propósito. El devuelto salpica y nos devuelve a los demás las ganas de hacer lo propio. Sonríe de vez en cuando, joder, que la vida no es para tanto.»

Reconozco que no sé que decir. Sólo se me ocurre lo más fácil, que es continuar. Como en mucho de lo que dice tiene razón, intentaré unirme al club. Aunque no quiera nunca ser socio.

(El enlace al vídeo adjunto me lo ha mandado ella. No he llegado a entender su razón de ser. Pero –hoy– ella manda. Así que, por el momento, no diré «adiós», sino hasta luego. Seguiré intentándolo. Y gracias…)

10 comments
  1. KOKYCID says: enero 28, 20101:25 am

    Como escribe "Chipiron negro"… ¡que pasada! ¡y que cargada de razon! ole, ole y ole (volvi a perder las tildes del teclado). Perdona Raul, pero lo mejor de tu entrada de hoy es el entrecomillado.

    Y como sabemos que tiene razon, animo y manten vivo Verba Volant

  2. Alberto Gamarra Gonz says: enero 28, 20101:53 am

    Manda güevos!!! ¡Qué pesado estás con tu crisis de los 43!! Encima prolongando tu agonía y lameteando esos sentimientos negativos que supuran por tu piel como buen masoquista-artista que eres. Por cierto, ¿acaso has sustituido el aburrimiento decimonónico que te hacía oír voces y que nadie podía escuchar por, en la era de la tecnología, la aparición de unos misteriosos y desconcertantes emails de una tal Chipirón negro que parece saber más de tu persona que tú mismo? Malo, malo…. 🙁

    Por cierto, si al final te decides a cerrar este antro de perdición, lugar de escarnio, reflexión y creación de literatura, prepongo que te rasques el bolsillo y nos ofrezcas, , una fiestecilla a tus humildes y esforzados lectores, evidentemente no en el ciberespacio :D, que han soportados tus ausencias, tus bruscos cambios de humor y tu descarada insolencia a no responder a nuestros considerados mensajes en los que preguntábamos solícitamente qué tal tus juanetes.

    He dicho….

    Cura ut valeas..

  3. pedro ojeda escudero says: enero 28, 20102:19 am

    Todo tiene un final -también La Acequia-, me alegro de que aun no haya llegado el de este espacio.

  4. Merche Pallar&eacute says: enero 28, 201012:46 pm

    Bueno, ¡menos mal que ha aparecido Chipirón negro! y te ha puesto los puntos sobre las íes. ¿Qué es eso de dejar el blog? Lo entendería si quisieras ponerte a escribir un libro (que lo deberías hacer) pero, así, ¿sin más ni más? ¡Ni hablar del peluquín!

    PEDRO, ¡ni se te ocurra cerrar La Acequia! ¡Es mi segunda casa! Ay, como estais hoy… Besotes, M.

  5. Gelu says: enero 28, 20105:56 pm

    Buenos días, Raúl Urbina:

    ¿Ves, como a pesar de todo, te haces querer?. ¡Qué oportuna Chipirón Negro!. Además -permíteme en esta ocasión que te llame Garbanzo, como ella, cariñosamente- al darte ánimos a tí, nos tranquiliza a quienes te leemos.

    Saludos.

    P.D.: Y para que siga la ilusión, para todos, la canción inspirada en la frase original de Meher Baba.

    Youtube:

    v=YBBUKi948Jk

  6. Judit Esteban says: enero 28, 20107:19 pm

    Voy a ser todo lo sincera que pueda:

    Al primer párrafo me asaltaron amargas lágrimas…Joder¡¡ llegué hace relativamente poco y por accidente aquí (intentaba imprimir ciertas cosas de clase) y poco a poco se ha ido convirtiendo en una necesidad eso de captar todos tus blancos y negros. No voy a entrar en eso de que habrá entradas mejores que otras , soy consciente de que cada día es un revoltijo de emociones y NUNCA salen a relucir de la misma manera.

    Esto nos aporta información del mundo externo y

    ( sobretodo) de tu mundo interno, que ni que decir tiene :es un puto caos.

    Lo mejor es que lo haces bien y (aunque normalmente escribas con la pena o el enfado en la cabeza) lo haces bonito.

    Ni se te pase por la cabeza dejarlo. Épocas de crisis las tenemos todos, espero que esto sólo sea un bache y (como en todos) consigas superarlo pronto.

    Como tú ya me has dicho en alguna ocasión: ÁNIMO (pero con mayúsculas ,eh?).

    Más te vale que esto sea un final con dos puntos suspensivos. ¬¬.

  7. Alberto Gamarra Gonz says: enero 28, 20108:53 pm

    Joe…ya te vale Cicerón….hasta haciendo que la gente derrame lagrimas!! Vergüenza debería darte….

    He dicho…

    Cura ut valeas

  8. Juan says: enero 28, 201010:50 pm

    A veces hay que poner un punto final a las cosas. Eso sí, para poner un punto final hay que estar muy seguro y, como es difícil estar seguro, entraña un riesgo. Poner un punto final, por otra parte, también a veces genera un sufrimiento y no sólo el de la decisión rotunda, sino el vacío que deja y con el que a veces no contamos.

    Enlazo a mi modo con las burbujas del otro día y pienso que vamos demasiado encerrados en nuestra burbuja sintiéndonos caso único y, como caso único, nos elevamos o nos hundimos demasiado porque estamos solos y no hay posibilidad de comunicación. No sé si está bien que uno sea celoso de su intimidad y se la guarde, sufra y disfrute para sí mismo. Creo que es importante ser valiente, romper la burbuja y dejar que todas nuestras cosas se desparramen a los cuatro vientos. Y no sólo porque para uno mismo puede ser una cierta liberación, sino porque otros, encerrados en su burbuja, al contemplar ese escaparate variopinto que escupió nuestra burbuja al explotar, pueden sentirse menos solos, menos raros, menos únicos, menos perdidos. En otros casos genera repulsa, controversia, adhesión, reflexión, comunicación… o nos da pie para salir de nuestra burbuja y todo esto me parece bueno.

    Soy defensor de las palabras y claro que generan sufrimiento tantas veces, pero me parece un ejercicio excelente coger todo eso que revolotea por la mente, la sangre, el alma… y hacerlo palabras y frases y párrafos. Es un magnífico trabajo de orden, de precisión, de comprensión. A veces dicen los alumnos:"Si sí que me lo sé, pero no sé cómo decirlo o cómo explicarlo" y así se justifican de lo que no saben o saben a medias o saben en un caótico cajón de sastre que no hay por dónde coger.

    Seguramente he escrito demasiado, pero cuando uno oye un punto y final (aunque luego haya un cambio de opinión) parece que se siente obligado a decirlo todo.

  9. Judit Esteban says: enero 29, 201012:04 am

    Cambiando algunas cosas…Aplícatelo:

  10. labea says: enero 30, 20105:41 pm

    Ojiplática me he quedao….

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