Por Raúl, hace 13 días

La salsa del Chipirón es oscuramente dulce

Chipis

Chipirón negro ha vuelto a Verba volant. Como siempre, a través de mensajes a mi correo electrónico. Como siempre, enigmática. Creo que ya he dicho mil veces que me comenta en privado (casi) cada entrada. Sabe que de vez en cuando aparece en el lugar que le corresponde. De hecho, me comenta con sorna: «Me siento la estrella de la fiesta. Me gusta. Me gustaría ser una de esas musas y heroínas decimonónicas, en plan Nicole Kidman en Moulin Rouge y eso, pero no va a poder ser, moreno: ella es enfermiza pero, sobre todo, muy blancucha. Y ya sabes que yo soy más morena que el Chipirón, aunque mis amigos, de coña, me llaman Rubia. Pero este blog es tuyo, garbanzo y yo soy estrella, pero estrellada e invitada». Ella no sabe (se entera ahora) que ha encontrado detractores furibundos, también privados. Una de ellas me decía que Chipirón negro parecía la maestra, que decía cuatro cosas y yo era su alumno escribiendo al dictado. Otro dice: «Vale, Chipirones, Garbanzos. ¿A mí qué cojones me importa? ¿Es que tenemos que ser espectadores de lo que diga la tipa esa?» No obstante, son los menos. Muchos, permanecen callados; otros, se sienten maravillados por la presencia enigmática que puede decirse que vertebra el blog. De hecho, me dice: «¿Sabías que todos tenemos algo que decir? Con seguridad, tú te mantenías callado. Pero ahora tus palabras son voladoras y tienes que dejar que salgan de tu dura cabecita para que los demás las escuchen. Si yo te ayudo a expulsarlas, me siento con la dicha de ser la feliz matrona de tus llenos y de tus vacuidades, de tus tonos grises, tristes -muy tristes-, de tus tonos amarillos -amargos, pero suaves- y de tus obsesiones. Que son muchas, garbanzo moreno. Porque unas veces parece que estás demasiado cuerdo y otras veces eres lo más parecido a una regadera encerrada en la acolchada habitación del espanto. Y recuérdalo, todo es malo. Menos las palabras.» Y sí, este blog no tiene ni trampa ni cartón: por eso dice las verdades por medio de la ficción y grita las mentiras por medio de la realidad baciyélmica.

En otro mensaje, Chipirón negro me dice: «En el mensaje de ayer te dije que estas palabras voladoras se escuchan, no se leen. Ahora, por tu culpa, mis vecinos pensarán que estoy majara, porque me pongo a leer tus entradas en voz alta. Significan distinto. Con cada voz, con cada matiz. Cuando más me gustan es cuando pongo una voz que no es la mía, más pausada, más grave. Rebaño las palabras con los tonos y los quebraderos de mi voz». Yo se lo agradezco con la foto que encabeza esta entrada, que se titula Expresionismo abstracto y que se la debo a Daquella manera. A mí también me gusta rebañar la tinta del chipirón, con esa salsa bien construida, a base de estar cocinada con paciencia. Y muevo el pan de manera juguetona, como en la foto, dejando los intersticios del negro impregnados en mis pupilas.

Y lo mejor ha venido hoy. En un alarde de generosidad, y sin poder saber cómo ha conocido mi fecha de cumpleaños, Chipirón negro se ha dejado el enigma por el camino para mostrar su vena más agradable, simpática y emotiva. Y ha adaptado el poema «Como siempre», de Benedetti, para mí. Gracias, Chipirón negro: que la salsa dulce y bien cocinada te acompañe para siempre. Seguirás en mi blog, naturalmente. Y desde hoy, un poco más en mi corazón.

Aunque hoy cumplas
quinientos cuatro meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás lindo
y estés lindo
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciado
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Por Raúl, hace 1 mes y 2 días

Entelequia

Amor ciego

Entelequia: cosa irreal. Esa es la primera línea del nuevo mensaje de Chipirón negro. Aprovecho la circunstancia y el mensaje para comentar una cosa que me ha ocurrido esta mañana. Algunos de los alumnos que siguen mi blog me han preguntado si Chipirón negro existía de verdad. Les he dicho que sí. También les he dicho que suele comentarme, en privado, entrada por entrada. Se han puesto a especular: que si es mujer o no (han concluido que, obviamente, tenía que ser una comentarista femenina), que si me conoce o no (han concluido que sí, pero han aceptado también que puede ser una persona especialmente perceptiva de las formas de ser y los estados de ánimo de quien escribe). Me han preguntado si yo le contesto a los mensajes y les he dicho que no. Si quiero decirle algo, se lo digo aquí, en primera página. Como ella se merece. Y, entonces, Yago ha comentado algo que me ha parecido importante: «Es que si la contestas, igual desaparece para siempre». Veloz como el rayo, he apuntado esta observación: ya sabemos que los calamares sueltan tinta para huir de sus presas. Chipirón negro quizás haga lo mismo.

En cualquier caso, como si nos hubiera oído, esta tarde he recibido otro mensaje suyo con la definición que abre la entrada. Entelequia. Es una palabra bonita y una palabra con trampa. «Cosa irreal», dice la tía. Una rápida consulta al diccionario os llevará a saber que también es una «realidad plena alcanzada por algo». Yo creía que todas las palabras simples tenían un significado complicado (paz, por ejemplo) y que todas las palabras complicadas tenían un significado muy simple (a bote pronto, se me ocurre esternocleidomastoideo). Pero esta palabra es real e irreal a la vez. Esa sí que es una entelequia. Hace unas semanas, Chipirón negro me mandó un enlace a la foto que encabeza la entrada. Me decía: «¿Quién está más ciego de los dos, garbanzo negro? Uno, con la venda en los ojos, mirando al frente -es decir, a la nada-; la otra, mirando fijamente, complaciente al otro y, por eso, desdibujada. Qué vida, Garbanzo negro. Esto no lo entiendes ni tú, que te las das de listo». Conectando estas palabras con el mensaje de hoy y sabiendo que uno de nuestros temas preferidos en Verba volant es el de la ficción como realidad y la realidad como ficción, descubrimos que todo son entelequias. El amor es real e irreal, el mundo es verdadero y ficticio y la mejor manera de bucear en el sentido último de la vida es alejarse lo más posible de ella para entenderla a través del arte, que lo explica mucho mejor que los documentales de La 2 (no hablemos de los informativos: son el paradigma de la ficción en prime time).

Y Chipirón negro acaba su mensaje de hoy: «¿Emociones o pasiones? ¿Conoces tú la diferencia? Yo te demuestro horizontal y verticalmente que existen las emociones, que todos las tenemos. Seguro que tú eres de los incautos que creen en la existencia de las pasiones. Y las pasiones, Garbanzo negro, son entelequias. Como todo el mundo sabe. Menos tú, que eres tan listo».

Por mi parte, sólo tengo que decirte una cosa, Chipirón negro. Que tienes toda la razón: que las pasiones son entelequias (reales e irreales) que en la foto que encabeza la entrada chocan la realidad con la mentira (siendo la mentira verdad y verdadera la mentira). Y que todo es irreal como la vida misma. Menos tú, Chipirón negro. Y yo también tengo mi corazoncito encerrado en una urna de cristal. Para que las entelequias no lo coman en pedacitos. Y para que no lo ataquen las quimeras.

(Imagen reproducida con el permiso de Marcelo)

Por Raúl, hace 1 mes y 7 días

Te espera la vida...

Calamar

Este blog, como he dicho ya alguna vez, tiene una comentarista privada que me tiene desconcertado. Se llama (la llamo) «Chipirón negro» -los asiduos ya la conocéis- y es una especie de voz alta de mi conciencia. Sin conocernos personalmente, me tiene más calado que Pepito Grillo a Pinocho (y tiene la ventaja de que es menos repipi). Continúa lanzándome atinadas observaciones, exabruptos (certeros todos ellos): es una bomba continua que explota expresividad, alegría vital y verdades como puños. El mensaje recibido ayer, era una excepción. Frente a su habitual aluvión de palabras llenas de significados, sólo contenía una frase y dos vínculos a sendos sitios. Decía: «Si te gusta la vida, no tienes más que entrar, garbanzo negro». Y las páginas a la que me remitía eran esta y esta otra. Entré y no entendía nada. Intentando desentrañar significados, vi «su página», la del calamar, llena de información, mientras que «mi página» estaba vacía. Con el orgullo herido por la ignorancia, comprobé que EOL es un portal que tiene como pretensión ser el portal de referencia de «la vida». ¿Será que su vida, como calamar-chipirón está llena, repleta de referencias e imágenes y que la mía, como garbanzo, se encuentra vacía?

Como si me leyese el pensamiento, hace menos de quince minutos recibo otro mensaje suyo: «Qué, acojona verse vacío, ¿verdad, garbanzo negro?». No te lo tomes a mal: tienes toda la vida para llenarte, como la página del garbanzo esta, que está en construcción. Yo estoy allí, tú no (todavía)». Yo sigo pensando que este Chipirón Negro, así, con mayúsculas, me conoce como si me hubiese parido. Así que tendré que hacerle caso. ¿Alguien sabe cómo se hace la argamasa para el edificio de la vida? A partir de ahora, tendré que poner el cartel de «Este bloguero se encuentra, ahora mismo, en construcción».

(Aprovecho para mandar un saludo a otra comentarista privada y asidua -y siempre con la dulzura que aporta ser un poco borde-. Un beso, Elena)

 (Imagen de la web BioLib)

Por Raúl, hace 2 meses y 3 días

Cóctel de colores en galleta Chiquilín

Composición con galletas Chiquilín

Los amigos de Verba volant ya sabéis que, de vez en cuando, una visitante anónima y silente me dirige mensajes llenos de poesía, misterio y gastronomía. Y este domingo, que es tarde de elecciones pero también de baremación de notas, me han venido muy bien sus palabras frescas y originales. Os recuerdo que ella se denomina a sí misma estoyalli, pero yo la llamo chipirón negro: de hecho, ya me ha obligado a crear una etiqueta con la que designar estos paseos por el blog.

«Hola, garbanzo negro. ¿Has mezclado alguna vez la salsa negra del chipirón con el dulce de la galleta? Yo sí: esta tarde. Es un bocado delicioso, pero sólo si lo que mojas en una esquinita de galleta Chiquilín». Me dice que le gustó la entrada dedicada, que se siente un poco gaviota dispuesta a remontar el vuelo. Y que estropeé la cita de Shakespeare, pero poco. «El otro día te hablaba de lo salado, pero hoy tengo que hablarte de lo dulce. Y no pienses en resultados electorales, que no va por ahí. Yo me siento un poco diabética de la vida: mis ojos se inundan de motitas negras, pero mi sangre tiene una dulzura que tendrá algo que ver con la segregación de insulina. No puedo sobrellevar mi existencia sin matices dulces, no merengados, que me empapen hasta la piel». Comenta luego que no, que no es que sea diabética. Lo que pasa es que la vida es dulce y salada y amarga y muchas otras cosas: «Te gusta mucho hablar con metáforas, garbanzo negro. Y seguro que algunos se toman al pie de la letra todo lo que dices y lo que no dices. Pero algunas de tus entradas son un compendio de sabores. Como en esta vida hay de todo, a mí me gusta que destiles lo amargo de tu existencia, lo agrio de tu carácter y lo salado de tu espíritu. Pero me haces mucha gracia, moreno. Me gusta cuando tus palabras emanan lo dulce que debe quedar, como una costra, en tu corazón». Dice que mi última entrada sobre la depilación le ha hecho recordar sus obligaciones periódicas con la cera -ahora me comenta, en un alarde de confidencia íntima, que se está «friendo» con láser-, pero el sufrimiento recordado se ha mezclado con el almíbar de la sonrisa. «Haz muchas cosas dulces, garbanzo negro. Si tu corazón guarda algo de esa chispa de azúcar, necesitas explorar sus matices, volcarlos hacia los demás. Es tu obligación para todo el mundo y, sobre todo, para ti mismo». Y acaba su mensaje con estas fulminantes palabras: «Chilla, pega, escupe y llora. Pero esboza una sonrisa, moreno. Tu alma maldita te lo agradecerá». Y como creo que, en el fondo, tiene razón y, como no se me ocurre nada más que decir, sólo te doy las gracias, chipirón negro. Pero no me resisto a volcar al mundo la pregunta que no me vas a responder: ¿de verdad mojas las esquinitas de las galletas Chiquilín de tinta de chipirón? Y, si a ti también te gustan las metáforas, ¿no valía con las María Fontaneda de toda la vida?