Por Raúl, hace 11 días

Las dos aves de la melancolía

 

Sennales

Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena de un sofá. Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecinas con pucheros, yo no quiero sembrar ni compartir, no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz. Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi champú, yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren. Yo no quiero juntar para mañana: no me pidas llegar a fin de mes. Yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero, yo no quiero besar tu cicatriz, yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin ti. No me esperes a las doce en el juzgado, no me digas «Volvamos a empezar», yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste, yo no quiero contigo ni sin ti. Lo que quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren.

Por eso, no escojas sólo una parte, tómame como me doy: entero y tal como soy. No vayas a equivocarte. Soy sinceramente tuyo, pero no quiero, mi amor, ir por tu vida de visita, vestido para la ocasión. Preferiría, con el tiempo, reconocerme sin rubor. Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad: lo que no tiene es remedio. Y no es prudente ir camuflado eternamente por ahí, ni por estar junto a ti, ni para ir a ningún lado. No me pidas que no piense en voz alta por mi bien, ni que me suba a un taburete (si quieres, probaré a crecer). Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es. Y la verdad nunca es triste, pero lo que no tiene es remedio.

(Versiones superpuestas, prosificadas y sólo levemente adaptadas de «Contigo» de Sabina y «Sinceramente tuyo» de Sabina» de Serrat, en una tarde ante el ordenador y con Dos pájaros de un tiro de fondo. Qué grandes son, madre mía, qué grandes.)

Por Raúl, hace 1 mes y 17 días

El amor y los grados de discapacidad

El amor es ciego

Parece ser que el amor es ciego. Eso, que se sospechaba desde que el mundo es mundo, lo corrobora mucho después Mara Dierssen, una neurobióloa del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. A mí me gusta que los científicos descubran (o inventen) cosas nuevas, no que nos corroboren cosas que ya sabemos. No me quiero ni imaginar que un día algún avispado descubra entre sus tubos de ensayo que No por mucho madrugar amanece más temprano, porque seguro que el grupo de investigación rival, ese que se chupa todas las subvenciones, demostrará que Al que madruga, Dios le ayuda. Los primeros, enfadados, realizarán un estudio de analogía entre personalidad y texturas para sostener que El hábito hace al monje, y sus ya enemigos declarados del laboratorio de referencia de la esquina efectuarán un análisis comparativo de materiales titulado Muestra de los resultados textiles de los gusanos Bombyx mori en las hembras de Pan Troglodytes: hacia una desmitificación de sus compatibilidades para concluir, al final, que Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

O sea, que el amor es ciego. Y la misma estimulación cerebral que nos lleva a amar obnubila nuestra capacidad de crítica respecto a la persona amada, lo que viene a significar que el el amor es una «adicción química entre dos personas», según Dierssen. En mi caso, prefiero esperar los resultados del centro que les lleve la contraria. Pero os adelanto los resultados: como el proyecto resultante tendrá una subvención de un ministerio (o dos), alguna conserjería de alguna comunidad autónoma (o dos, si se encuentra en zona fronteriza), seguro que descubren lo siguiente:

  1. El concepto «amor ciego» es terminológicamente inadecuado. Según investigaciones patrocinadas por la ONCE y el Instituto para el Uso No Discriminatorio del Lenguaje, es más ajustado afirmar que «El amor posee un grado de discapacidad visual total».
  2. Parece que se tiende a sopesar la teoría previa puede no ser definitiva. Otros estudios realizados por una subsección de investigadores afiliados a dicho centro, mantienen que El tuerto es el rey o Recuérdalo bien Mamerto, todo pirata no es tuerto.
  3. El Instituto para el Uso NO Discrimitariorio del Lenguaje está realizando una revisión terminológica de los documentos citados en el punto segundo.

Como yo no soy científico, no tengo respuestas. Soy tan soso y carente de talante evaluador, que lo único que se me ocurre siempre es hacerme alguna que otra pregunta: ¿se admiten casos de visión doble, astigmatismo, daltonismo o cataratas congénitas en la evaluación de nuestros sentimientos? ¿Se podrá uno presentar a las oposiciones?

(Post Scriptum, para echarse a templar: Mara Dierssen también ha descubierto que los hombres son más «sexuales» y las mujeres más «sensitivas». Para una visión más aproximada, no dejéis de entrar aquí.)

(Imagen de warmsunnydays)