— Verba Volant

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Música

Iba a hablar de maravillas y excelencias, de esperanzas y consuelos, de las fuerzas para permanecer. De sonrisas, de manos tendidas, de suertes y fortunas. Del todo sin división en partes. De no saber cómo ni por qué.

Iba a hablar de luz, de sentimientos a ras de piel y resquicios hasta el tuétano tuétano. De palabras, truenos, sonidos y abrazos. De sueños con los ojos abiertos de par en par. De rostros, voces, rotos, descosidos. De sentidos.

Iba a hablar de ángeles sin demonios, de plumas y bichos raros, de lugares a los que no perteneces. De controles, de cuerpos y de almas. De personas especiales, singulares e irrepetibles.

Iba a contar historias de locuras sencillas, de trazos curvos inmensamente rectos, de fuegos y temblores, de días sin sus noches respectivas. De calles, ríos y canciones.

Iba a contar esas historias hasta que me quedé en silencio, mecido entre los destellos de un susurro.

 

 

 

 

 

 

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La música de nuestras vidas. No es la música tuya, ni la mía. Es una sintonía vital colectiva y azarosa, que escucho porque la escuchas tú, porque aparece sin más, que suena en un momento y que te acompaña siempre.

Es la música que suena cuando bailas, cuando besas. O la que escuchas mientras tomas un pincho de tortilla. O la que escuchas en la radio. O la del vídeo cuando está la televisión encendida y destella en la MTV. O la de la película que tanto te gustaba.

La música de nuestras vidas no la escogemos. Tampoco es la que más nos gusta. Ni la que escuchamos con más frecuencia. Es la que está agazapada y te estrangula con un recuerdo, la que te devuelve un momento de alegría intensa, inmensa, la que sonaba tras un adiós estrepitoso.

Es una música hecha en un presente y que sonará también en el futuro, pero de la que solo somos conscientes cuando nos evoca un pasado.

Es la música de nuestras vidas. La que nos elige para siempre. La que suena, a veces, dentro de nuestro corazón.

Imagen de Cees Wouda.

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Subway

Estás ahí, mirando hacia atrás. Y el tiempo pasa a toda velocidad por tu ventana. Intentas ralentizarlo. Mojarlo como las galletas en la leche, siempre de dos en dos, para que empapen y aguanten juntas todas las vicisitudes. El tiempo, sin embargo, va demasiado rápido.

¿Te acuerdas cuando nos dijeron que lo nuestro había surgido demasiado rápido y que, inevitablemente, sería efímero? Miro ahora por la ventana para ver esa cara y esa sonrisa. Intento congelar esa imagen para que no se contagie con la tristeza que te angustia desde hace días (quizás semanas, quizás más tiempo aún). Miras el tiempo pasar a toda velocidad por tu ventana e intentas atraparlo. Porque todo pasa demasiado rápido. Y, si te detienes a pensarlo, se desgaja. Y no quieres perder ni un segundo de un tiempo que se consume a toda velocidad. Por eso, merece detenerse, mojar las galletas en leche. Como siempre, de dos en dos. Para que empapen y aguanten juntas todas las vicisitudes.

(Canción prosificada, traducida, modificada a voluntad y añadiendo lo que me viene en gana de “Fast” de Luke, con imagen de Hernán Piñera).

 

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Cuéntamelo todo, by Apetitu

El día de ayer se ha ido para siempre e intento recordar cómo puedo oír tu voz. Veo cómo se mueven tus labios, pero soy incapaz de escuchar nada. El día de ayer se ha ido, pero una melodía ronda por mi cabeza y la respiración se acompasa al ritmo de cada uno de sus versos. Si, ahora parece que te oigo: cántame en voz baja hasta que pueda cerrar los ojos y llenarme de paz. Ahora que el tiempo no puede borrar nuestros recuerdos, acuérdate de mí para que escuche tus susurros en mis sueños. Mi recuerdo contigo será, así, una canción de cuna. Por eso, cántame en voz baja hasta que me duerma.

(Canción prosificada, traducida y modificada a voluntad de “Sing Me to Sleep” de Alan Walker, con imagen de Apetitu).

 

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DJ, by Catrin Austin

Todo va bien cuando no piensas. Mejor no raspar mucho: ¡nada de espátulas! Te dejas llevar, cierras los ojos y pasas por la vida de puntillas, no vayas a dejar una huella demasiado profunda, identificable (indeleble, qué palabra). Aplastas el tedio por la vuelta de la esquina sin levantarte demasiado, sin esforzarte tampoco en dormir, esa bendita posición horizontal. Te limitas a respirar (no demasiado fuerte, intentando no sentir que te puedes ahogar, por fin). Toda va bien cuando te aíslas y no piensas más que en sentir las cosas por encima, resbalando por la rutina: la crueldad de un cielo siempre nublado, tempestuoso. Caminas hacia el terreno conocido, con una precisión digna del maldito GPS, que impide tu tendencia natural al extravío.

Pero hay días. Otras noches en las que todo se derrumba. Un atisbo de lucidez, un quicio de ternura, un encuentro, un giro, un autorreconocimiento en la ronda de sospechosos en la que tú eres el único, mil veces repetido. Entonces, solo entonces, encuentras la salvación. Allí, en la música disco.

Como música de fondo, por supuesto, “Last Night a DJ Saved My Live”, la historia del DJ que tantas veces me ha salvado (en todas sus versiones). Con imagen de Catrin Austin.

 

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Follow your dramas (cancelled), by Banksy

Hace tanto que no escribía en el blog que casi me olvido. Mientras tanto, solo espero la auténtica noche para sustituir definitivamente el negro por el brillo de las estrellas. Porque, definitivamente, podemos ser  los reyes de la noche.

(Tras pensarlo un poco, creo que esto no es una canción prosificada de la canción de los Italobrothers. Con una obra de Banksy fotografiada por Chris Devers).

 

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"The Moon", by Rebekah

Voy a perder el miedo a perder. Y, poco a poco, voy a aprender a ser la persona en la que me quiero convertir. Voy a tener la razón o, al menos, voy a defender mi derecho a tener una de sus partes. Voy a durar de todo lo que sé, voy a empezar de cero sin fijar ningún final. Voy a subir sin parar y voy a volver a caer. Puede, incluso, que me levante otra vez. Voy a hacerlo todo mal o hacerlo todo bien, pero no voy a continuar, no voy a seguir tal y como estoy. Voy a empezar a perder el miedo a perder. Para no olvidar que existe un hoy y un mañana, voy a matar el tiempo con balas delicadas de fusil. Aunque ya no crea en nada trascendente, voy a ganar el cielo para no tener que soportar la inercia que me hace girar constantemente alrededor del sol. Por eso, voy a cuestionar la gravedad si su ley no me acerca a ti. Mírame volver, mírame soñar. Mírame tocar el fuego con los dedos. Mírame perder el miedo.

(Canción prosificada y modificada a voluntad de “Voy a perder el miedo”, de Fangoria, con imagen de Rebekah)

 

 

 

 

 

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Everyone wants to be happy

Antes de que te des cuenta, puedes acabar con demasiado frío en el corazón. Por eso, digan lo que te digan, continúa. No importa que crean que estás loco: nadie salvo tú sabe la verdad. Es difícil escuchar las grandes palabras cuando, a tu alrededor, todos hablan tan alto, pero la meta es evitar la caída y, para ello, la mejor medicina es la fiebre que acompaña a tu abrazo. Todo se escurre entre nuestros dedos, menos la lluvia de cicatrices sin dolor.

(Canción prosificada, traducida y modificada a voluntad de “Bleeding Love” de Leona Lewis, con imagen de Nick Kenrick)

 

 

 

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return to tender

 

Empiezo hoy una serie de entradas que no sé hacia dónde me conducirá. Se llama “Sin conocimiento ni causa” y va a tener contenidos variopintos, laxos, contradictorios incluso. Se trata, de alguna manera, de decir cosas que me apetece contar pero no quiero darles desarrollo o prefiero darles un desarrollo distinto al que le daría en otras circunstancias. Como esta introducción oscurece más que aclara (lo cual también va a ser marca de la serie), lo mejor será empezar. Hoy, con algo de música y alguna cosa más.

No quiero que el comienzo confunda: suelo prosificar canciones, pero hoy no quiero hacerlo. Quiero hablar de canciones que dan sentido a una tarde lluviosa de abril, mientras estoy sentado trabajando. Entre la rutina y la pasión, a veces solo nos separan unos acordes, y es lo que suele hacer “Light My Fire”, de The Doors. Porque siempre hay que intentar llegar a lo más alto. Porque siempre hay que intentar poner la noche en llamas. Y luego llega una conexión entre una canción y una película. La canción es “Return to Sender”, de Elvis y la película es Náufrago (Cast Away, de Robert Zemeckis). Cuando Tom Hanks vuelve y tiene que decidir con su vida y tiene un paquete de FedEx que le ha salvado, de alguna forma la vida, y tiene que devolvérselo a quien le pertenece. Poco importa, en este caso, el tiempo que ha pasado, sino el significado que tiene. Estás en un cruce de caminos y hay que decidir cuál se escoge. Luego llega “Undertow”, de Pet Shop Boys, una nueva joya de su disco recién horneado. Es bueno que se hable de resacas que tiran de uno, que te arrastra, te saca de las casillas habituales y trilladas para revolverte. La canción tiene un matiz negativo, tomando la resaca como un gran peligro, pero yo creo que es bueno, a veces, perder parte del sentido para encontrarlo. Además, siempre hay alguien al otro lado, con una brújula que te indica el camino. Y te salva.

Para eso tenemos “Faded”, de Alan Walker. Así nos podemos preguntar por dónde están las cosas que nos importan, aquellas que muchos olvidan. De eso tratan las relaciones, los vínculos estrechos, los compromisos, las implicaciones. El vértice de una pirámide que explica todas las aspiraciones. Y los sueños de llegar a la cúspide, que es la meta de todo inicio.

Creo que, por hoy, es suficiente (con imagen de Parée)

 

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Un homme et une femme

Te quedas ahí, sentado y con el corazón cansado. Y esperas que alguna mujer te salve de tus costumbres anquilosadas por las manías, por el paso del tiempo. Cuando llega, es exactamente como la imaginaste hace años, cuando eras joven. Con ella, te sientes capaz de cualquier cosa, de proezas que jamás creíste a tu alcance. Y estás convenido de que, ahora, lo puedes conseguir. El huracán quedó atrás y ahora vas con ella en un coche. Hacia la línea del horizonte.

(Versión prosificada y muy adaptada de “When you were young” de The Killers. Imagen de Henrion Alain)

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