— Verba Volant

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Palabras

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Aunque tengan ya treinta años, siempre me han conmovido las historias de amor y pasión. Aunque tengan treinta años, siempre me han gustado los ritmos alocados y dislocados, que son los que más se parecen a la vida y a nuestro corazón. Lobos y caperucitas juntos, revueltos. Todo un compendio de realidad, imaginario cultural y antropología.

(La Orquesta Mondragón editó en 1980 el disco Bon Voyage, en el que estaba esta «Caperucita feroz». Quizá un acercamiento demasiado ingenuo y fuera de contexto piense que sea pop o rock’n’rol.)

Quizá muchos desconozcan que el letrista de esta canción (y otras muchas del grupo) fue el poeta Luis Alberto de Cuenca. No os perdáis este vídeo, en el que explica el origen de la canción y la recita como lo que es: una gran manifestación del amor. La imagen que ilustra la entrada es de Maliciasennoire. Os dejo más abajo otro vídeo de la canción y aquí el vínculo de Spotify: Orquesta Mondragon Con Moderatto – Caperucita Feroz

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En el programa 167 de Para todos La 2 de TVE se trató de la importancia de la comunicación no verbal. Dejo aquí el enlace del vídeo (empieza en 00:52:45 y acaba en 01:16:08). En la tertulia intervienen Imelda Rodríguez Escanciano y María Hernández Herrarte (autoras de libro Lenguaje no verbal: cómo gestionar una comunicación de éxito, La Coruña, Editorial Netibiblo, 2010), Juan Carlos Ruiz (subinspector del Cuerpo Nacional de Policía, profesor de criminalística e instructor de «judo verbal») y Carme Bonet Angrarill (técnico en comunicación humana).

(Entrada escrita inicialmente para URBINAVOLANT.com. La imagen que ilustra la entrada es de Ko_An.)

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Duralex

Tenía un amigo que, a la mínima ocasión que se le presentase, ponía una cara muy seria, pasaba luego a sonreír brevemente y luego –moviendo la cabeza– espetaba: «Dura lex, sed lex». Hay que decir que ese amigo mío, en sus años mozos, odiaba el latín. Era una cosa que no iba mucho con él, probablemente por aquello del razonamiento abstracto, o vaya usted a saber por qué: que el mundo es tan ancho como nos lo permite el mundo y nuestra imaginación. Mi amigo ahora gusta de las expresiones latinas. Se ve que le agrada adornar con una pátina de latinajos sus palabras. No sé si será porque habrá ido a cursos intensivos de tan excelsa lengua o, simplemente, éstas le sirven para quedar de puta madre ante sus lectores, ignorantes de su ignorado pasado.

Decía que a este buen hombre, en las atribuciones propias de su cargo, le he oído decenas llenarse la boca con el «Dura lex, sed lex». Lo utilizaba para cualquier cosa, para cualquier momento, para cada situación. Las cosas son así y no pueden cambiarse. Lo repetía de manera tan machacona y reincidente que creía que tenía todos los principios del derecho romano vertebrando su pensamiento, su modo de sentir y hasta su modo de querer. Si cogiésemos una muestra suya de ADN, seguramente las palabras de este brocardo adornarían su estructura como el espumillón acompaña las ramas del árbol de Navidad. Reconozco que yo, en esos momentos, me quedaba absorto y obnubilado ante observaciones e ideas tan implacables. Nunca he sido muy capaz de llegar a distinguir las cosas con tanta claridad, porque a mí el mundo y el pensamiento y las normas no me parecen nunca sencillas y planas, sino complicadas y matizables. Sin embargo, admiraba tal resolución y determinación en las acciones y en los juicios.

Precisamente por todo lo anterior, me ha extrañado mucho algo ocurrido recientemente. El gachó del que vengo hablando, tan persistente en el cumplimiento, en el deber y en los dichos latinos, se salta la normativa (y quiero pensar que, con ella, esos principios sagrados que defiende) justo cuando le conviene, no sé si a cambio de unos eurillos o a cambio de un estatus: en cualquiera de los casos, las palabras escritas en la normativa de incompatibilidades parecen resbalarse de la ley y del derecho para formar parte de ese magma incierto que no es terreno de nadie y, por lo tanto, lo es de todo el mundo. Y me extraña todavía más porque cuando decía estas palabras no tenían ningún sentido, porque en esos casos concretos las leyes no lo eran, sino que eran directrices generales que se podían cambiar si eso era beneficioso para ellos (él diría aquello de «In dubio, pro reo»). En este caso concreto, sin embargo, las cosas podían haber sido muy distintas. A cualquier alma poco cándida y malintencionada se le hubiese podido ocurrir impugnar un proceso en curso, con el consiguiente perjuicio para muchas personas y enmierdando, de paso, a la institución a la que pertenece, aquella a la que ha dedicado sus desvelos.

Si todo esto me hubiese pasado a mí, no hubiese tenido ninguna importancia, ya que el no-sé-donde-firmante que os habla no deja de ser un individuo (en el peor sentido del término) de muy baja catadura moral y dispuesto a cualquier cosa si se deja llevar por esa envidia, por ese odio atávico que lo corroe y que le hace ser tan bajo en sus apetitos éticos.

Pero no entiendo que le ocurra a él, una persona recta, nada aviesa y en perfecta consonancia disonante con el poder. Creo, por tanto, que hay algo lejano y difuso que se me escapa, que no logro entender (quizá porque un día no asistía a la clase donde lo explicaban, quizá porque nunca me lo explicaron). O quizá no, y resulta que el mundo y las personas son tan previsibles como el viejo verde que gira la cabeza para seguir con la vista a la guapa jamona en la playa.

Lo malo que tiene esta entrada es que sé cómo la he empezado, pero no sé cómo rematarla. He estudiado latín, pero no se me ocurre ninguna máxima clásica que remate la peroratio. Que los argumentos ad hominem no son sino falacias. Y que errare humanum est, a lo que alguno ha añadido perseverare diabolicum. Y que esto es un quid pro quo. Y que vale ya. Raúl Urbina dixit.

(Imagen de Ibán. No he podido resistirme a hacer la gracia con el título.)

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Trumpet

Y sí, hoy tendrías que haber escrito una entrada bonita, una de esas con ternura mezclada con alguna palabra rara. Y sí, sabes que hoy has acabado una de esas series tuyas, todas favoritas, todas obras maestras, todas dejándote un poso de esperanza en que la belleza de las creaciones humanas sean la redención de su inmundicia cotidiana. Y aí, hoy era uno de esos días que hubieses quedado bien con un par de citas selectas, entresacadas no para dar lo mejor de ti mismo, sino para ser el espejo de lo mejor de los demás; que no es lo mismo, que es más mediocre; y, lo peor, que no te explica desde dentro y desde fuera. Y sí, hoy deberías contar a los demás que has visto nuestro planeta en pantalla como nunca lo verías, en el final que es el principio, en eso que es muy difícil de explicar y por eso no lo intentas. Y sí, sabes que podrías haberte dejado vencer por la inercia y poner esa entrada que te mandó la musa de tu blog, pero también eres muy consciente de que son palabras muy especiales que no puedes vaciar aquí y ahora porque sería rebajar su calidad y su sentido. Y sí, sigues dale que te dale rompiendo la delicadeza con música electrónica, cada vez más estridente, cada vez  más agitada, con ritmos que no son los de tu corazón, pero lo aceleran hasta ponerlo a su borde taquicárdico. Y sí, has cumplido con tu obligación, que es gustosa y no impostada. Y sí, prometes escribir sobre todas las cosas que no has puesto hoy porque ser así es mucho más fácil que ser mejor.

(Escrita a este ritmo. Con imagen de Debs Koritsas.)

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Smoke

Porque el estilo crece, se estudia y se improvisa. Porque las palabras buscan una mente que las exprese y, de repente, te encuentran a ti. Porque las noches supuran en nuestros cuerpos la ley de la oferta y la demanda. Porque caminar es errar, porque las miradas son juicios, porque las canciones son historias contadas con pausa, con ritmo. Porque la ebriedad –ya lo decía Claudio Rodríguez–es un don. Porque la risa es el paraíso de los acres de terreno estéril. Porque las despedidas son palmas abiertas hacia el viento, hacia ninguna parte. Porque el sol hace que duela nuestra mirada. Porque la lluvia cae persistentemente y arrastra el fango por los cauces de los ríos. Porque el pretérito imperfecto describe y el pretérito perfecto simple narra. Porque los destinos y las trampas hacen que todo llegue muy tarde. Porque los interrogantes son mentira, porque las mentiras son verdades, porque las verdades no existen si no son a medias. Porque el cariño ya no se reparte. Porque las horas de sueño se hacen más solitarias, porque las diosas del Olimpo bailan con los compases de los cuerpos atenazados. Porque el sentido no se encuentra sino que se busca con ahínco. Porque es tiempo de deshielo, que destila las tristezas y las empapa en la tierra. Porque los días no son horas sucesivas, sino ruines testigos de la desdicha. Porque la sutileza es una forma escondida y educada de barrer debajo de la alfombra. Porque, ciegos, no vemos la que nos cae encima. Porque lamentaremos cada palabra, cada hecho, cada mirada, cada toma de partido. Porque los inviernos son terribles sin cobijo. Porque las pesadillas hacen que durmamos con los ojos abiertos. Porque el cabello es una cosa muy preciada hasta que te quedas calvo. Porque el cuerpo te pide ser un canalla. Porque la respiración no siempre se acompasa, sino que propaga con los trompicones del pánico. Porque los pasos perdidos no se limitan a los salones. Porque los fondos de armario no albergan sólo ropa vieja, no sólo secretos, no sólo entes que habitan allí hasta perpetuarse. Porque todo abrazo busca calor humano, porque todo abrazo busca que el individuo se esconda de sí mismo. Porque la vida no se explica en los extremos de un abecedario antiguo. Porque la prisa es la mala consejera, porque los consejos no son más que buenas palabras, porque las flores sirven para anquilosarse en las páginas de un libro.

Porque el deseo existe. Porque la verdad no es descubrimiento sino invención. Porque la sintaxis arropa a los términos para ordenarlos en su sentido más preciso y más imperfecto. Porque el estilo crece, se estudia y se improvisa.

Escrito caótico que me ha surgido, sin saber muy bien por qué, después de leer un artículo de Marcel Proust  (uno de los grandes, uno de mis favoritos) sobre la prosa de Flaubert en la Nouvelle Revue Française en enero de 1920:

Il y a une beauté grammaticale (comme il y a une beauté morale, dramatique, etc.) qui n’a rien à voir avec la correction. […] Sans doute cette beauté pouvait tenir parfois à la manière d’appliquer certaines règles de syntaxe […] Ces singularités grammaticales traduisant en effet une vision nouvelle, que d’application ne fallait-il pas pour bien fixer cette vision, pour la faire passer de l’inconscient dans le conscient, pour l’incorporer enfin aux diverses parties du discours!

(Imagen de Florian Leroy.)

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URB 021-1

Hoy en mi ciudad se cortaba el frío en rodajas. Hace poco cayó nieve en cantidades bellas hasta que se convirtió en hirsutos torreznos de hielo, abocados a la fealdad de torso renegrido. La quietud de los amaneceres o las noches serenas siempre me han recordado a la muerte. Caminas solo hacia un punto indefinido en un silencio premonitorio de lo que serán las últimas palabras. La constancia del destino nos hace detenernos a cada paso, contemplando a nuestro alrededor un entorno dotado de hermosura. Alguien habla, a lo lejos. Dadme una sílaba de apoyo y transformaré el mundo.

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translation

Quiero traducir una novela de amor, sea cual sea el idioma en el que esté escrita. Quiero trasladar los sentimientos, que son poco trasladables, o otra lengua, que lo es –quizá– todavía menos. Aunque en algunos idiomas me las apañaría mejor, prefiero elegir una lengua recóndita y casi inaccesible. Mi instrumento será el traductor de Google y el procedimiento será el siguiente: cogeré un texto escrito, por ejemplo, en bielorruso y lo traduciré automáticamente al francés. Del francés lo transvasaré al alemán. Del alemán, al estonio. Del estonio, al italiano. Del italiano,  al indonesio. Del indonesio, al tagalo. Y por último, del tagalo al español. Asumiré el resultado como propio. Y luego haré con ello lo que me dé la gana. Buscaré un ilustrador que me haga unos dibujitos horteras y lo mandaré a una editorial reconocida firmada bajo un sinónimo (Carla Agustí). Repartiré beneficios.

Como muestra, una pequeña prueba, tomando un texto español para devolverlo una vez pasadas todas las fases con la adaptación pertinente:

Ella acercó sus labios titubeantes, deseosa de la unión imperecedera. Yo la atraje hacia mi cuerpo en un abrazo tan fuerte que los dos hubiésemos deseado que llegase siempre. Era lo más parecido a tener el paraíso dentro de nuestros corazones.

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  2. Sur ses lèvres en hésitant, voulant une alliance forte. J’ai tiré son corps dans mes bras si fort que les deux jamais venu nous le voudrions. Il a été le plus proche de paradis, les cœurs.
  3. Auf den Lippen zögernd, wollen ein starkes Bündnis. Ich zog ihren Körper in meinen Armen so stark, dass die beiden nie wieder den Weg. Es war das am nächsten zum Paradies Herzen.
  4. Hesitatingly tema huulte ja tugev liit. I tõmmatakse tema keha minu käsi nii tugev, et kaks kunagi oma teed. See oli kõige lähemal südames paradiis.
  5. Esitante labbra e una forte alleanza. Ho tirato il suo corpo tra le mie braccia così forte che i due non è mai la sua strada. E ‘stato il più vicino al cuore del paradiso.
  6. Ragu-ragu bibir dan aliansi yang kuat. Aku menarik tubuhnya ke dalam pelukanku begitu kuat bahwa kedua tidak pernah jalan. It ‘adalah jantung terdekat dengan surga.
  7. Nag-aalangan labi at isang malakas na alyansa. Hinila ko siya sa aking armas kaya malakas na ang dalawang mga hindi daan. Ito ‘ay ang pinakamalapit sa puso ng paraiso.
  8. Vacilante y sigue siendo una alianza sólida. Me tiró de él en mis brazos tan fuerte que los dos de ninguna manera. Es es el más cercano al corazón del paraíso.

Por último, haré algo como esto:

Nuestra relación era vacilante, pero el paso de todas las noches la convertía en alianza sólida, imperecedera. Me acercó hacia sus brazos tan fuerte que los dos pensamos que la relación sería tan evanescente que no podría funcionar de ninguna manera. Nuestros cuerpos enlazados eran lo más parecido a la eternidad.

Espero que los millones que ganen sean argumento consistente para mi originalidad.

(Esta entrada es un homenaje a muchas de las novelas traducidas en español Al menos, esa pinta tienen. La imagen es de Tochis.)


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bruja

No, amigos, no voy a machacaros con Halloween. Dejo la fiesta para los que la idearon (y me «cagoenlosmuertos» de los que la han importado sin ton ni son: yo soy más del sempiterno Tenorio de Todos los Santos). Simplemente, ofrezco en esta entrada la elección, la libertad de voluntad, el libre albedrío puro y duro. He pasado buena parte de la tarde peleándome con la línea ADSL, que se cae cuando más la necesitas. Ahora que parece que la cosa marcha, tenía que ponerme a cargar prácticas y textos de los alumnos en el sitio web, pero me he dicho a mí mismo: ¿y si les ofrezco la manzana, ese símbolo peligroso pero suculento, desde Adán y Eva hasta Blancanieves y su hermosísima madrastra? ¿Y si les digo «Trick or Treat?»? Dicho y hecho. He preguntado al aire (que tomaba, en este caso, la forma informe de mis alumnos) si me dedicaba a sacrificar horas de sueño o si, por el contrario, me sentaba tranquilamente a escribir una entrada sobre la libertad y las elecciones (con l, no seáis marranetes) y luego me llevaba a la cama a Yu Hua, que no es una belleza oriental, sino el escritor de la novela Brothers (Seix Barral, 2009). El aire, que seguía con esa forma informe, me ha contestado. Y trato hecho. Me llevo la cesta llena de caramelos, una entrada no pensada que cargar en la mochila del servidor y unas horas más de sueño. ¿Y el trabajo? Que se joda. Que no es gerundio.

Imagen tomada de Joe Penniston.

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Autorretrato retratando

Escribir por el placer de hacerlo. Sin obligación y sin impulso. Por el deseo renacido entre las hojas de colores, por la transcendencia de la hoja que no es caduca, que no se desliza entre suspiros hacia ninguna parte. Enfilar las palabras con bocanadas de aire sin dejar que el cerebro las medite demasiado, utilizando esa dimensión plástica y maravillosa que nos reconcilia con el yo meditabundo. Escribir ladrando porque sí, no por ninguna razón ajena al mundo del lenguaje, que es el de los sentimientos, que es el de los acordes de lo vivido y el sin vivir. El mundo está lleno de mierda, nosotros mismos enfangados hasta las rodillas y sin katiuskas. Enfrentados en algún lugar entre el cielo y el infierno. Con ritmos desenfrenados que nos llevan a todos los sitios entre chorros de vapor y el principio de Arquímides en el aire. Demasiados protegidos en nuestros bólidos, abrigados por cuatro colchones de aire que nos frenan el movimiento uniformemente acelerado. De repente, igual que antes, igual que nunca, toda la vida abandonados entre olvidos y recuerdos mutilados. Ignotos cobayas de un melocotón, fruta de verano, que se pudre entre los escombros de las aceras. Cada vez es más numeroso, por frecuente, el deseo de vivir. Hubo un día en el que no nombramos nuestros deseos, demasiado prohibidos en este mundo de locos. Escribir bebiendo la vida a chorros, atragantados por la presión del agua y de los impulsos. Hoy tocaba escribir dejando fluir las palabras. Sin sentido. A solas. Sin testigo.

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