Abismo

202-203 La Fiesta del Chipirón (II)

«Garbanzo negro, cada vez que leo tus entradas serias me hago una pregunta: ¿escribes el blog para llenar un vacío o llenas el blog con la plenitud de la vida? ¿El blog te la vida, o se la prestas?» Eso me dice Chipirón negro, la muy descarada. Pues no sé por qué se escribe un […]

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Aeroembolismo agudo en un lugar que se llamaba alma

Un día, buceando en lo que sería probablemente una apacible y sosegada mañana de una tarde de verano, me encontraba sumergido en el día a día. Buceaba requebrando las dificultades, en lo más hondo de mi vida y con la mirada atenta y pendular del que quiere verlo todo a través de ese cristal. Me

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Fragmentos de una teoría del caos

El pasado abril, murió Edward N. Lorenz, el padre de la teoría del caos, uno de mis mentores espirituales. No por la teoría global en sí, sino por sus fragmentos. Yo soy muy de cosmos por fuera, pero también un partidario ferviente e inconsciente del caos del epitelio hacia dentro. El caos es mito -y,

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Óleo con tres colores y fondo de tristeza superada

Un día, cogí una pequeña libreta con hojas de cuadrículas grandes y, en este pequeño mundo ordenado, pensé en la tristeza: escribí alegría. Calculé mal el espacio, y sólo apareció escrito alegría. Sin pretenderlo, sin controlarlo, los trazos no fueron grafías, sino una pequeña cuadrícula amarilla en la parte inferior derecha de la página. Algo

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A las siete de la mañana…

A las siete de la mañana, inevitablemente, sonará el despertador. Me levantaré y emprenderé la desordenada ruta hacia el cuarto de baño; enfilaré cinco metros de un pasillo que desciende al infierno y, entre sonido de ondas furiosas que calientan el vaso de leche, las tostadas emergerán de su obstinado escondite. Las comeré con desgana.

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El reflejo de la contradicción

Escribo “Miércoles”. Pero es (casi) sábado. Deseaba mentir, crear un estado de ánimo. También escribo “El ilustrado contar de los viejos rebeldes”. Pero lo cierto es que estoy en mi casa, delante del artefacto electrónico, y que sólo escucho la voz de los vecinos, siempre ruidosos. Miento y escribo. Y a la vez hablo. “La

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Después, llegó la noche

La nocturnidad era su latido. Descendió los escalones que lo separaban de la noche y su cuerpo encendió fulgores. Deambulada por las calles iluminadas y revolvía los rincones. Susurraba, murmuraba palabras dulces a damas de nombres infinitos. De su sonrisa irradiaba la felicidad que sonda lo absoluto. Luego, llegaba la calma. Un zigzag en la

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Cosas que hice esta Nochebuena (y III)

Finalizando ya los vericuetos de la Nochebuena (I y II), escribo el remate final. Mi propósito era haberlo hecho en tiempo real, pero la cosa se puso algo triste en la entrada anterior y creo que no era momento de caer en lo melodramático. A un tris he estado de borrar la entrada anterior, escrita

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