Por Raúl, hace 1 mes y 18 días

Cualquiera

Educ Coper

En el interesante artículo en el que se nos cuenta que los científico han «puesto cara» a Copérnico se da alguna que otra cosa por demasiado sentada. Por ejemplo, el principio: «Cualquier chaval sabe quién es Nicolás Copérnico». Yo, sientiéndolo mucho, niego la mayor. Entremos en las escuelas y hagamos una de esas encuestas que están en boga y hagamos la preguntita mágica. Oye, chaval, ¿quién era Copérnico? Y, al margen de las honrosas excepciones que siempre existen, la respuesta puede hacernos temblar. O llorar. La cultura científica -que parece ser una necesaria redundancia- ha obligado a nuestros próceres a instaurar una asignatura en primero de bachillerato que se llama «Ciencias para el mundo contemporáneo» (¿por qué no hay una asignatura que se titule «Letras para el mundo contemporáneo», o «Religión para el mundo contemporáneo?, o «GINASIA para el mundo contemporáneo»? «Latín para el mundo contemporáneo» molaría). Por algo será. Ahora, resulta que a nuestros gobernantes y legisladores les interesa el abandono escolar. Tanto como para que otro titular de hoy rece que «El abandono escolar lastra la economía española». Un déficit educativo lastra a cualquier país a la larga, y parece que nadie ha puesto cara al problema. La solución no parece que pase porque se logre que se aprenda más y mejor, sino porque se apruebe más. Eso es muy fácil de conseguir. Si me dejan, yo arreglo el problema en un periquete: tengo encima de la mesa casi cien exámenes. Me basta con relajarme, sonreír y liarme a poner cincos.

Y encima, somos tan cínicos como para establecer el paralelismo entre educación-economía ahora, precisamente ahora, cuando aquélla nos importa un pepino y la otra nos está rascando los cojones. Oportunismo, le llaman. Los estudiantes universitarios están ahora en huelga y movilizaciones por lo de Bolonia, y están en su legítimo derecho. Pero unos estudiantes de secundaria se adherían a las movilizaciones y decían -lo juro- que protestaban por «lo de Polonia». Seamos justos. En la educación hace falta una «revolución copernicana». Para poner cara a Copérnico... y a todos nuestros problemas. Siempre podemos comenzar otra nueva guerra de historia contemporánea con Hitler invadiendo Bolonia.

Por Raúl, hace 1 mes y 27 días

Enseñanza y afán

Tizas

Después de la entrada de ayer, sólo me queda -por ahora- descender a algunos pormenores. Por ejemplo, el hecho de que, como apuntaba Isabel Huete en uno de los comentarios, en la enseñanza hay un poco de todo. De hecho, no toda la tradición es mala ni toda la innovación buena. Seguro que algunos elementos de la enseñanza tradicional son buenos y algunas de las novedades de la novedad son vacías y nefastas. En cualquier caso, yo sigo alabando la labor de algunos compañeros que entregan generosamente su tiempo para agilizar la enseñanza adaptándola a los nuevos tiempos, compañeros que dedican sus esfuerzos a cambiar para bien el rumbo metodológico de la educación. Pondré dos ejemplos burgaleses que me vienen ahora mismo a la cabeza: Luis Oña, profesor del IES Félix Rodríguez de la Fuente de Burgos, que dedica sendos blogs a la enseñanza de la Geografía y de la Historia es un caso de entrega variada y pormenorizada. Y Luis Barriocanal, psicólogo y orientador, que lleva muchísimos años en el mundo de las aplicaciones informáticas enfocadas al mundo de la enseñanza (es un experto en Joomla), que imparte cursos para difundir sus enseñanzas y que colabora activamente en el diseño de muchos sitios web educativos. Me he querido detener hoy en el ámbito de la Enseñanza Secundaria. A veces tan tan despreciada, a veces tan olvidada. Y, para acabar, por si alguien no sabe lo que es afanarse en el mundo de la educación, recuerdo las siempre ilustrativas palabras del Diccionario académico: «Entregarse al trabajo con solicitud congojosa.- Hacer diligencias con vehemente anhelo para conseguir algo.- Trabajar corporalmente, como los jornaleros«. Eso es afanarse: nunca un verbo intransitivo tuvo un objeto más directo. Eso es afanarse. El resto es... otra cosa.

Por Raúl, hace 1 mes y 28 días

Pasiones y fracasos

Blackboard

Dos noticias complementarias -y contradictorias- con las nuevas tecnologías y la enseñanza asomaron ayer por El País. En la primera, el titular afirma que «La enseñanza fracasa porque está obsoleta». Sostiene esta afirmación el colectivo de profesores IRES (Innovación y Renovación Escolar), autores del manifiesto No es verdad. , que también opina que la escuela tradicional es cualquier cosa menos tradicional: seguimos en la senda de «la transmisión directa de contenidos inconexos y no pocas veces desfasados e irrelevantes, en el aprendizaje mecánico y repetitivo, en la evaluación selectiva y sancionadora y en la prolongación de la jornada escolar con abundantes deberes». En la segunda noticia, los profesores más imbuidos en las nuevas metodologías de enseñanza (las famosas TIC) se quejan del poco apoyo y reconocimiento de su labor. Por poner un ejemplo claro y evidente, los profesores que trabajan con nuevos soportes y elaboran nuevos materiales utilizando sitios web, blogs, etcétera, no obtienen ningún reconocimiento académico oficial. La razón, que no hay ningún ISBN o ISSN que «avale» un reconocimiento científico que sí puede obtener cualquier abrazafarolas que se publique a sí mismo un libro o tenga un buen padrino para que le agregue un artículo en una revista «especializada».  Hace ya unos cuantos años, Sokal publicó un libro magnífico: Imposturas intelectuales (Paidós, 1998). En él cuenta la historia de cómo un sesudo artículo titulado «Transgresiendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica» fue publicado en la revista Social Text. El escrito de marras no tuvo ningún problema para ser seleccionado y fue, desde luego alabado por su originalidad, que no era tal: era un artículo de coña, escrito con una abrumadora cantidad de notas a pie de página y sin ningún sentido externo ni interno. El trabajo de Sokal era broma, pero las novedades editoriales y las revistas especializadas están copadas de bromas verdaderas.

Ha habido enseñanza tradicional, buena y mala siempre. Entre otras cosas, porque siempre ha habido profesores renovadores. También hay que advertir que hay enseñanza novedosa mala. Entre otras cosas, porque siempre hay profesores que, a fuerza de estar a la última, se olvidad de lo fundamental. Pero lo cierto es que hay muchos que proyectan sus esfuerzos y desvelos para alcanzar una enseñanza moderna y profunda, renovadora y ambiciosa. Sinceramente, creo que las cosas van a tener que cambiar. Llevan cambiando desde hace mucho tiempo.

(Imagen de rich_w)

Por Raúl, hace 4 meses y 3 días

Emociones suspendidas

Miguelon

Esta entrada va a resultar un tanto extraña, porque trata de algo que no he leído, un tema sobre el que no sé nada y unas conexiones sobre las que no puedo decir ni mu. En un repaso muy superficial al periódico de hoy, leo en un titular que la escuela suspende en emociones. No he leído el contenido, pero sé que trata de la inteligencia emocional, sobre la que no voy a hablar.  No voy a hablar sobre la enseñanza en general, ni sobre la enseñanza en particular, porque son temas sobre los que no sé nada y sobre los que tampoco puedo hablar. Me pillan fuera de mi capacidad y de mis funciones. Llevo dedicados dieciocho años de mi vida resueltos en un firme propósito: salir de casa para trabajar, asegurarme de que la puerta de casa esté bien cerrada (esta neurosis mía me juega malas pasadas), llegar a mi puesto de trabajo, sentarme a una mesa (diría que me siento en ella, cosa que también es cierta, pero tampoco lo puedo decir, porque si lo digo todo se sabe), desplegar el periódico que envuelve el bocadillo (es una forma de no darle lujo ni importancia al asunto: el papel de aluminio deslumbra; es una forma de optimización de recursos: siempre utilizo la página de los pasatiempos) y adiestrarme en la difícil tarea de masticar sin hacer ruido, mirando hacia el infinito de esa ventana por la que escapan nuestros sueños. Luego intento reprimir un leve eructo. Palmeteo mi camisa para liberarla de las migas. Y luego paseo. Para arriba, para abajo. Mirando alternativamente hacia el techo y hacia el suelo. Espero pacientemente, reloj en mano, a que pase la mañana dividida en segmentos. Y luego, para casa. Los días que siguen hago lo mismo. Con paciencia y perseverancia. Y así hasta llegar a fin de mes. Intento sin éxito no sonreír levemente cuando mi vista nunca cansada comprueba que, mes a mes, me convierto en millonario. Luego abandono todo exacerbo. Luego me repantingo o me repanchingo (todo en esta vida tiene su sinónimo, menos la muerte) en el sofá, delante de la tele. Mi sueño desencajado desenchufa también mi saliva, que fluye en un reguero desigual por la barbilla. Y alguna vez -sólo alguna- tengo pesadillas. Cada trabajo necesita un trabajador. Y yo tengo lo que me merezco.

Olvidé decir una cosa importante: el bocadillo era de mortadela con aceitunas o de chóped. Días alternos.

Por Raúl, hace 9 meses y 13 días

Los profes enseñan más...

Profe

Dando un paseo por aquí, me he encontrado con un par de sitios curiosos que desconocía. Los alumnos han pasado a la acción y han creado el portal Rate my Professors para evaluar la actividad de sus profesores y compartir la opinión que tienen de ellos con sus compañeros y con el resto del universo. Incluso han creado una lista de Los cincuenta principales en la que se barema y desmenuza en apartados, emoticonos y breves observaciones (como, por ejemplo, «Se aconseja llevar una almohada a sus clases») la actividad docente de sus profes y su actitud con respecto a los alumnos. Y la cosa se ha extendido y aplicado en Facebook. En contrapartida, los profesores contraatacan con su web Professors Strike Back, en la que aparecen vídeos en los que se defienden de las «acusaciones» y reproches de sus alumnos. A algunos, seguramente, les parecerá fatal que los alumnos «evalúen» de forma informal, graciosa y, probablemente, algo injusta a sus profesores en la red. Y a otros, con total seguridad, les parecerá una salida de tono el que los profesores salgan en su defensa empleando las mismas armas de la interactividad. A mí, que soy poco serio y poco amigo de ponerme trascendente, me parece fenomenal y, sobre todo, muy divertido. Es más que comprensible que el juego y dialéctica entre profesores y alumnos se extienda a las redes sociales. En suma, me parece totalmente lícito que la «lucha» (nunca realmente excluyente y combativa) que siempre ha existido entre profesores y alumnos se extienda a las redes sociales. De hecho, el artículo del New York Times que ha inspirado esta entrada habla, fundamentalmente, de la manera en la que los profesores han abierto a la esfera de Internet sus múltiples intereses y actividades: blogs, páginas web, fotografías...

Hay que subrayar todo esto como algo positivo: supone defender la reciprocidad y la igualdad fuera del mundo académico, lo que no quita para que, dentro de las escuelas e institutos y universidades, sigan funcionando unas normas elementales para que unos enseñen y otros aprendan... teniendo en cuenta que, en este mundo global, es cada vez más difícil encontrar a alguien que tenga como única función enseñar y otros tengan como única obligación aprender. Esto es lo que tiene el mundo académico de desafío: nuestra capacidad de enseñar y ser enseñados, nuestra capacidad de aprender y «ser aprendidos».

Lo que ya no son tan divertidas son otras noticias relacionadas con el mundo de la enseñanza que se ven y que no se ven, que se saben pero se ignoran. Legislaciones deficientes y carentes de presupuestos; alumnos desmotivados, desubicados e incontrolados. Profesores desorientados, sepultados por trámites burocráticos (otros, también, alejados de la realidad docente, sin preparación, sin actualización, sin reciclaje...). Estamos a la que salta, intentando arreglar las cosas con parches mal concebidos. A la administración le interesa mucho el fracaso escolar y, claro está, hay un modo de paliarlo: aprobando más. Si no, que se lo digan en Nueva York. Como el profesorado está mal retribuido, se incentivará económicamente a aquellos que contribuyan a reducir el fracaso escolar; como el alumnado está diluido en otros intereses, también se le ofrecerá dinero por sacar buenas notas. Es éste un proyecto aplicado con cierto éxito en otros países (Brasil, México), pero siempre a familias y colectivos que se encuentran en peligro de exclusión social. ¿Mejorará el dinero (que no el presupuesto educativo) la situación global de nuestra educación? ¿Será la moneda, la propinilla, la brújula que oriente nuestro futuro? Como se entere alguno de nuestros políticos, a lo mejor todos los alumnos que saquen un «Conseguido muy bien» o «Progresa adecuadamente» se metan en el bolso cuatrocientos euros para comprar gominolas en la tienda de la esquina. Lo tendrán muy fácil, porque sus profes también se sacarán otros cuatrocientos por haber calificado a todos sus alumnos con un aprobadillo. Al final, el chollo lo van a tener los que son profesores y padres. ¡Viva la educación!

(Dedico esta entrada a los envidiosillos que se quejan de las vacaciones de los profesores. Pero he sido bueno y les he dado una idea para protestar: ¡a crear una web de protesta: menudasvacaciones.com, una red social y lo que haga falta! Pero no lo dudéis: los profesores contraatacaremos. Y, algún día, seremos ricos.)


(Imagen de restrinxido)