Cualquiera
En el interesante artículo en el que se nos cuenta que los científico han «puesto cara» a Copérnico se da alguna que otra cosa por demasiado sentada. Por ejemplo, el principio: «Cualquier chaval sabe quién es Nicolás Copérnico». Yo, sientiéndolo mucho, niego la mayor. Entremos en las escuelas y hagamos una de esas encuestas que están en boga y hagamos la preguntita mágica. Oye, chaval, ¿quién era Copérnico? Y, al margen de las honrosas excepciones que siempre existen, la respuesta puede hacernos temblar. O llorar. La cultura científica -que parece ser una necesaria redundancia- ha obligado a nuestros próceres a instaurar una asignatura en primero de bachillerato que se llama «Ciencias para el mundo contemporáneo» (¿por qué no hay una asignatura que se titule «Letras para el mundo contemporáneo», o «Religión para el mundo contemporáneo?, o «GINASIA para el mundo contemporáneo»? «Latín para el mundo contemporáneo» molaría). Por algo será. Ahora, resulta que a nuestros gobernantes y legisladores les interesa el abandono escolar. Tanto como para que otro titular de hoy rece que «El abandono escolar lastra la economía española». Un déficit educativo lastra a cualquier país a la larga, y parece que nadie ha puesto cara al problema. La solución no parece que pase porque se logre que se aprenda más y mejor, sino porque se apruebe más. Eso es muy fácil de conseguir. Si me dejan, yo arreglo el problema en un periquete: tengo encima de la mesa casi cien exámenes. Me basta con relajarme, sonreír y liarme a poner cincos.
Y encima, somos tan cínicos como para establecer el paralelismo entre educación-economía ahora, precisamente ahora, cuando aquélla nos importa un pepino y la otra nos está rascando los cojones. Oportunismo, le llaman. Los estudiantes universitarios están ahora en huelga y movilizaciones por lo de Bolonia, y están en su legítimo derecho. Pero unos estudiantes de secundaria se adherían a las movilizaciones y decían -lo juro- que protestaban por «lo de Polonia». Seamos justos. En la educación hace falta una «revolución copernicana». Para poner cara a Copérnico... y a todos nuestros problemas. Siempre podemos comenzar otra nueva guerra de historia contemporánea con Hitler invadiendo Bolonia.








