Por Raúl, hace 1 día

Gangas. Saldos

rebajas

No es oro todo lo que reluce, ni nada reluce en vano. A medida que el calor invade nuestros poros hasta bloquearlos con el sudor pedajoso del verano, nuestros bolsillos piensan en ahorrar gastando. A la hora en la que el sol empieza a quebrarse entre las aristas, nos enfrentamos a nuestros reflejos en los escaparates buscando la oportunidad de ser diferentes cambiando por fuera. Miramos los precios y comparamos. Si os fijáis bien, a veces las oportunidades salen demasiado caras.

Por Raúl, hace 4 días

Doparse por fuera

bannador

Ser el mejor ha sido siempre una obsesión de los humanos animales, siempre en discordia por la primacía, la rivalidad, pero --también-- por el afán de superación. En la actualidad, ser el mejor se ha convertido en una imagen de marca. Los deportistas se han dopado, quizá, desde el momento mismo en el que ganar suponía obtener un beneficio y, en el presente, el beneficio del deportista, en forma de cheque, beca o contrato millonario, es tan grande como saltarse cualquier regla que se le ponga a uno por delante. Porque, en efecto, el dicho de «Hecha la ley, hecha la trampa» es particularmente cierto en el deporte, en el que la ciencia, en forma de médicos codiciosos, entrenadores ambiciosos y deportistas a la que salta, se interpone entre el atleta y sus músculos. El dopaje es la fórmula médica actual que más cerca está del hallazgo de una filosofal piedra deportiva en la que importan más los resultados que la forma de obtenerlos. Como del dopaje se ha dicho casi todo --siempre muy fuera del contexto deportivo--, yo no voy a hablar de él.

El deporte también ha ido, paulatinamente, «dopándose» de cuerpo para fuera. Los avances tecnológicos han permitido mejorar los materiales y, con ellos, el deportista ha contado con un aliado para mejorar sus resultados. Esto es natural y no debe de causar ningún escándalo. Algo más controvertido es el caso actual de la natación. Parece que, para nadar, sólo eran necesarios una piscina con unas condiciones técnicas adecuadas (medidas reglamentarias, el agua con una temperatura entre 25 y 28 grados, una iluminación adecuada) con agua (claro está) y un bañador. Las técnicas de natación también han variado y han optimizado el rendimiento de los nadadores: es espectacular, por el ejemplo, el avance en las técnicas de natación a braza. Pero el bañador ha pasado de ser un más o menos escueto utensilio para taparse las vergüenzas a todo un compendio de compresión, flotabilidad y técnica aerodinámica. La invasión de los bañadores jaked, que están fuera del alcance del bolsillo de la mayor parte de los mortales --y no me refiero a posibilidades personales, sino de federaciones deportivas nacionales-- ha supuesto una escandalosa rebaja de varios récords mundiales desde hace unos meses y ponen en peligro la credbilidad de quien piensa que el deporte surge dando lo mejor de nosotros mismos, por dentro y por fuera, pero sin tapujos.

Jaked

La imagen que encabeza la entrada es de (Lolita - 8)

Por Raúl, hace 7 días

Sonrisa con trampa

Tiburón

A veces me pongo triste: lo sé. Pero que conste que «me pongo triste», pero no creo serlo. Como algunos, con buen criterio, me recrimináis esa tendencia a la melancolía, hago una entrada con «sonrisa». La tenéis aquí, en esta bonita foto que ilustra la entrada. Una sonrisa mirando a la cámara, enseñando bien los dientes, como Cachuli en sus buenos tiempos con la Pantoja. Rodeados de amigos.

Me gustan los tiburones; siempre me han gustado (de hecho, creo que reanudaré una serie que tengo un poco abandona en el blog). Pero una noticia que he leído esta mañana me ha decepcionado, porque los pone a nuestro nivel humano: «Los tiburones blancos cazan como los psicópatas». Yo creía que este ser malos hasta decir basta con selección, intención y sin propósito de enmienda. Todo psicópate trabaja utilizando un patrón. Y, donde hay patrón, no manda marinero.

(Mafi --sobre todo tú--, perdóname: sé que no te gustan los malos y se que que querías que pusiese una sonrisa en esta entrada. Lo he hecho: si le quitamos alguna cosilla, puede ser gracioso)

(Imagen de g-na)

Por Raúl, hace 9 días

Blogólogo interior #10

AUS 028-1

un mes y diez días que no reflexiono sin puntos ni ataduras un mes y diez días sin tirar por la borda todas las razones enmarcadas en las reglas aprendidas desde pequeño y con las que suelo ser tan estricto un mes y diez días sin tirarme a la piscina de no cribar lo que digo de no callar lo que pienso de no omitir lo que chilla en mis entrañas de la manera más palpitante posible un mes y diez días de no dar un puñetazo en la mesa y mandar a todo quisqui a tomar por el culo sea el culo algo que está detrás delante o en el justo centro de nuestro culo o de nuestras ideas un mes y medio haciendo trampa repitiendo la misma estructura para que se me lea un mes y medio en el que descubro que no escribo lo que me gustaría porque no escribo con estructura auténtica y desatada por eso dejaré de repetir un mes y diez días para que tengáis que hacer algo de esfuerzo para llegar hasta aquí decía que es más que conveniente mandar a tomar por el culo a la gente de vez en cuando liberar tu lengua con la morralla que te viene en gana cuando la gana viene de bien abajo pero sin pasar hasta las piernas ni los pies uno está harto de tanta palabra y de tanta chorrada y de tanto quedar bien y del mundo y su sinsentido en general odio ser perdedor de la misma manera que odié ganar me ha gustado ser perdedor en las victorias y vencedor en las derrotas no sé si esto se ajusta a lo pírrico pero yo lo pongo por si acaso para que veais que he leído y si no por lo menos que tengo wikipedia a golpe de ratón algunos me preguntan que por qué me gusta sufrir y yo digo que no me gusta que no soy así que no le doy tantas vueltas a las cosas en la cabeza simplemente veo que me consumo por dentro y no sé por qué pero eso no se arregla con tres palmaditas en el hombro ni con ánimo majete ni con no pienses cosas tristes ni con nada por el estilo me gustaría reírme y lo hago a veces cada vez menos porque no se me sale de la punta del níspero también puede que la punta del níspero tenga voluntad propia y yo no me haya dado cuenta últimamente anda un poco pachucha la pobre cosas de la crisis la vida está para vivirla y eso exige disfrutarla pero también sufrirla cuando toca no hay más cojones ni más tela que cortar pero eso no significa que sea el agobio un estado permamente porque para eso están las voluntades los destinos o lo que coño sea que yo no sé muy bien lo que es pero seguro que será algo ahora me acuerdo de cosas que pasaban en el pasado y lo he pasado de puta pena he visto Candilejas de Chaplin y he pensado en lo jodido que es perder aunque creas que ganas en la penúltima escena también lo he pasado fatal porque me ha remorado la última vez que vi la película con mi padre Candilejas era una de sus favoritas no he podido evitar asociar el momento de la muerte final y la sábana con la sábana que cegó la vista de mi padre era preciosa y ya no la volví a ver yo creía que cerrar los ojos a los muertos era cosa de película pero lo tuve que hacer con dos cojones y en el momento en el que me quedé solo con él no es la última vez que lo he hecho desde esos momentos las sábanas no me gustan y no soporto la ropa de cama blanca no soporto cerrar los ojos y sentir cerca el aliento de la muerte no puedo aguantar los momentos previos al sueño en el que oigo voces que me llaman a lo lejos no puedo distinguir la realidad del sueño y no estoy loco que conste en alguna parte por si acaso alguien se piensa lo contrario que a uno le duela la vida no le convierte en loco quizá le convierte en más cuerdo o por lo menos en más consciente de la que nos cae encima hoy he pensado en los perdedores y en las pérdidas en los errores y en los aciertos y me he dado cuenta de lo perdón pero me han llamado por teléfono y se me ha ido el hilo aunque sea inhalámbrico jajá qué gracia que tengo parezco de una chirigota pero haciendo un solo jajá otra vez así que acabo hoy con una sonrisa por no llorar ja

(La foto es de Alberto)

Por Raúl, hace 12 días

O las dos cosas

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Hoy empieza el verano con la intención de refrescarnos aliviándonos de los uniformes del día a día, con el chapuzón de las aguas diferentes de las playas y de las piscinas, con el helado de cucurucho que acabará derritiéndose por su base. El verano es paradigma de ligereza y de viaje, modelo de sonrisa y quietud más o menos movida por las olas y por las vidas.

Hoy ha empezado el verano en Burgos. Pero el sol no calienta. No sé si es el destino o una metáfora. O las dos cosas.

(Ilustración de Mads Berg, vía Pasa la vida)

Por Raúl, hace 14 días

El riesgo de ser feliz

¿Os cuento un secreto? Normalmente, utilizo ordenadores distintos según el tipo de entrada que escriba en el blog. A veces otras circunstancias obligan a cambiar, pero suelo utilizar para las entradas más íntimas el ordenador portátil, un MacBook precioso, agradable y cuyas dimensiones se ajustán más al ámbito de lo personal y lo privado.

Hoy escribo desde el Mac. Tengo mi ordenador de sobremesa a un metro, encendido, con su monitor de pantalla enorme esperándome, pero estoy reclinado, con la espalda vencida, hacia el blanco inmaculado de este bonito instrumento.

Como en demasiadas ocasiones en estos tiempos, escribo con el contrasentido de no tener nada especial que decir. Simplemente, me pongo a ello con una pequeña idea (o sin ninguna), con un estado de ánimo (bajo, normalmente) o con un chiste o burla (normalmente malo, o cruel, o ambos).

Hoy voy a ser tan repetitivo como para invitaros a dejar de leerme desde ahora mismo. Sin embargo, lo quiero hacer público. Es un secreto que sólo unos poquitos blogueros amigos de la Burgosfera --y nadie más-- conoce: escribo muy de tarde en tarde un blog para mi mismo. Es el colmo de la estupidez y de la incongruencia con el mundo comunicativo que defiendo, pero necesito crear esa ilusión de comunicación externa conmigo mismo. Esta entrada, por lo tanto, cabría más allí que aquí, pero ha caído de este lado. Lo siento.

Lo he repetido hasta la saciedad. Uno de mis estados más enfermizos desde pequeño es creer que la ficción es verdad, aunque no en el sentido quijotesco. Cada vez estoy más convencido de que la ficción explica mejor la vida que la vida misma, de ahí mi pasión suprema por todo tipo de arte. Mis debilidades, que ya todo el mundo conoce, son la literatura y el cine. También mis seguidores más fervientes saben que, dentro del cine, creo que lo mejor de lo mejor, por regla general, se ha dado hace ya algún tiempo. Y soy capaz de ver, visitar y revisitar los maravillosos clásicos del cine americano. Una y otra vez, sin descanso, obnubilado por su perfección. Me gusta otro tipo de cine y no he quedado anclado en una época en la que no había ni nacido, pero en muchas de esos filmes he logrado atisbar gran parte de la Realidad que conozco.

Decía ayer a mis alumnos, y lo he repetido a todo aquel que me haya escuchado más de tres minutos seguidos, que el buen arte (el arte bueno) te cambia la vida. Ellos se sonreían cuando les decía que los cuadros de Mondrian cambiaron mi vida. Alguna chica muy espabilada y socarrona, que piensa que la pintura de Mondrian es estúpida, se me quedaba mirando, una vez más, como quien piensa que estoy de coña, o de exageración, o dándole muchos más pies al gato de los que en verdad tiene. Pero esta alumna sabe que a ella le pasa lo mismo con otras muchas cosas. Hay canciones que me han cambiado la vida. No porque estén asociadas con cosas buenas o malas que me hayan sucedido, sino porque son merecedoras por sí mismas de suponer un cambio en el estado de mis cosas. Me cambia la vida ver una fotografía inteligentemente compuesta y mirada con la sensibilidad del corazón.

Últimamente, las series de televisión cambian mi vida. No todas, naturalmente. Muchos me preguntan de dónde salen esas series. Me dicen que no las echan por televisión. Algunas las ponen en canales de pago, que yo no veo.  Es más: casi no veo la televisión. Pero tengo un disco duro multimedia, unos traductores generosos y un grupo de amigos por todo el mundo con los que comparto cosas. Alguien en un lugar muy lejano piensa que una serie de televisión le cambia la vida y decide que lo mismo le puede ocurrir a alguien a miles de kilómetros.

Ahora estoy viendo la segunda temporada de In Treatment, una serie que me ha llenado de inspiración en algunos momentos del blog. Es una obra de arte que me llena y me desasosiega a partes iguales. Disfruto viéndola y, sin embargo, no puedo reprimir un regusto a sufrimiento y desesperanza. Estoy viendo la segunda temporada con otros ojos, porque he conocido la terapia por dentro y por fuera, pero también porque veo a un protagonista abocado a la soledad, al fracaso, a la miseria de intentar arreglar la vida a los demás cuando su propia vida está rota. Veo en sus acciones y omisiones, en sus palabras y en sus silencios todo el dolor de vivir, paso por paso, acción por acción.

Me he pasado ya casi media vida dando lecciones de lo que ignoro, intentando iluminar a otras personas mucho más jóvenes que yo para que encuentren, por sí mismas, el sentido de su existencia. Para que escojan un buen camino. Les intento hacer sonreír y casi siempre intento estar sonriente. Ellos no saben que mi estado de ánimo suele ser muy triste y que yo voy dando tumbos sin saber cuál es mi destino. Me siento como un falsificador de moneda, como un pintor de réplicas baratas, como un tahúr que enseña el póquer de ases a todos cuando esconde en la manga una mano de cartas sin ningún valor.

¿Qué se puede enseñar cuando no se sabe? ¿Qué destino se puede enseñar cuando uno no tiene mapas ni brújulas? ¿No engaño a los demás con una sonrisa cuando creo que el mundo está lleno de tinieblas?

En el capítulo quinto de esta serie, he apuntado tres frases. Ójala algún día algún alumno, algún amigo, alguien en la vida me las pueda explicar. «Quiero saber qué sentir». «Ríete del caos de mi vida». «El riesgo de ser feliz».

Hoy no hay foto que valga. Mañana haré una mueca y estaré más contento.

Por Raúl, hace 16 días

=ALEATORIO.ENTRE(1;27)

aleatorio

Hoy he cogido una hoja de cálculo y he hecho algo útil en a vida: inventarme a 27 personas que me caigan muy mal. Si hubiera puesto a 27 personas de carne y hueso a las que tengo ojeriza, seguramente se habrían enterado (hay espías por todas partes, delatores, compinches de fabulaciones personales y mundiales, ¿no?). Así que he cogido --decía-- la hoja de cálculo, he asignado a cada letra del alfabeto un número (con un total de 27), he creado tres columnas para el nombre y los dos apellidos y ¡tatachán....! y la fórmula =ALEATORIO.ENTRE (1;27). De las tres iniciales me he sacado de la gorra, del magín o de no sé dónde los nombres que Dios me ha dado a entender.

Como tenía que idear también si las personas que me caían mal eran señores barbudos o lindas féminas, he atribuido a cada sexo un numerito (1=H; 2=M. Para los muy burros, diré que H=hombre y M=mujer, no vaya a ser que algunos lean H=hembra y M=macho y jodan la marrana y la arbitrariedad) y le he vuelto a dar a la formulita (esta vez, =ALEATORIO.ENTRE (1;2)). El azar ha provocado que me caigan peor los hombres que las mujeres, cosa que puede tender a ser cierta. Y también el destino combinatorio digital me ha jugado alguna mala pasada, como algún imprevisto con la letra ñ.

En fin, estos son los tiparracos (y tiparracas) que han sido elegidos son:

  1. Rosa García del Val
  2. Bernardo Osorio Lucientes
  3. Carla Gárate Larrea
  4. Raquel Zurera Quintana
  5. Vicente Valle Gutiérrez
  6. Itziar Delgado de la Iglesia
  7. Gemma Ruiz Espinosa
  8. Yago Wellington Fuentes
  9. Fernando Quirce Ortiz
  10. Sergio González Navarro
  11. Salvador Torres Ordóñez
  12. Ñancul Yariza Orbaneja
  13. Quintilina Díez del Val
  14. Alfonso Jurado Gil
  15. Ione Karrasco Sobrino
  16. Yon Santamaría Worster
  17. Narciso Quintás Aparcicio
  18. Justino López Vidal
  19. Quinto Esparza Ormaechea
  20. Gracia Pizarro Narváez
  21. Juncal Núñez Simancas
  22. Dulce González Torrero
  23. Yaiza Jiménez Huertas
  24. Wendy Torner Uruceta
  25. Federico Quiñones Zaleski
  26. Víctor Navarrete Larrañaga
  27. Quintiliana Xirgú Lorenzo

Total: que me ha costado un huevo de pato confeccionar mi particular lista negra. Igual alguno hasta existe, así que se ande con cuidado y que no se meta en mi camino.

Por Raúl, hace 18 días

Dinero 'cash'

El pasado día no-sé-cuál, nuestra querida televisión pública emitió un reportaje elaborado por Comando Actualidad titulado ¿Los ricos también lloran? Gracias a Fernando Berlín, tuve noticia de él en primer lugar; gracias a la multidifusión primero y a la TVE «a la carta» después, tuve la suerte de poder contemplarlo en toda su inmensidad. ¡Qué ocasión magnífica, amigos! ¡Qué gran oportunidad de aprendizaje para la vida! En la entrada anterior hablaba yo de la televisión y decía que la tele es como la vida misma,  sólo que vista y reflejada a través de espejos cóncavos y convexos. Y, lejos de haberme quitado esa idea de la cabeza, el «visionado» [consultad el hipervínculo, plis] de esa obra maestra me ha hecho reafirmarme, como el busto y la piel celulítica en los anuncios de cosmética femenina, en mi obstinada opinión.

Los detalles los dejo para aquellos que quieran el deleite intensivo de los cincuenta y ocho minutos (y cincuenta y nueve segundos, que también cuentan). Pero basta con que veáis este pequeño extracto de YouTube para que os hagáis una pequeña idea:

La pavita del reportaje [se ruega volver a pinchar en el enlace del DRAE] habla de lo duro que es ser rico en tiempos de crisis: por solidaridad, ella gasta mucho menos (y lo dice mientras se va probando modelito tras modelito y sus complementos respectivos en una tienda exclusiva), tiene una dedicación intensiva a su trabajo, que no sabemos cuál es pero que debe ser digno de una tesis doctoral (y no lo digo de coña): se despierta a las nueve de la mañana, se tira una horita en la cama poniéndose al tanto de sus cosas y luego se levanta para estresarse e ir de tiendas. Los mercadillos callejeros le divierten, aunque nunca haya pisado ninguno.

Decía la chorba que ser rico es muy duro en tiempos de crisis: los ricos son tan pobres en tiempos difíciles que no disponen más que inversiones patrimoniales; nada de dinero en efectivo. Y, además, los ricos no son pobres (claro está) y por eso no están acostumbrados a serlo, y a pedir, y a pasar vergüenza por algo que, seguramente, se merecen. Los ricos, por eso mismo, lo pasan fatal, por la falta de hábito.

Escuchando esto, vuelvo a descubrir que la tele es como la vida misma. Si no hubiese sido un reportaje, todo el mundo hubiese afirmado que era un montaje de cámara oculta. Pero no, amigos, la tele es reflejo de la realidad porque esta gente existe, va por la calle (por algunas calles) y habla. No digo que pague sus impuestos, porque les será más fácil evadirlos que al pobrete de turno.

Y uno se lamenta de que no corran otros tiempos y de que ya no se monten guillotinas en las plazas públicas, con toda una turba de miserables que dejan sus obligaciones limosneras contemplando en masa una buena segada de cabezas. Por pija, por rica y, sobre todas las cosas, por gilipollas.

Por Raúl, hace 20 días

Como la vida

Telebasura 

Por mucho que lo neguemos, la televisión es un espejo de la realidad. Lo que ya no sé es si es un espejo plano, cóncavo o convexo, o si Valle-Inclán aceptaría así, tal cual, la metáfora. En la televisión tenemos de todo, incluso lo que no existe. Incluso lo que existe porque la televisión lo dice. Nos enteramos por la televisión de noticias que no existen, conocemos por la televisión a personas que no existen. En la medida en la que escogemos unos canales y no otros, el grado del conocimiento de lo real asciende por momentos. A mayor consonancia y concordancia con la realidad nuestra de cada día, menor grado de similitud con lo que de verdad es. La realidad es así. Lo que pasa es que nosotros no queremos verlo.

(Ejemplo vivo de que en la televisión cabe de todo es la imagen que encabeza la entrada, que no está manipulada. Eso es todo lo que cabe en una televisión. Y más.)

Por Raúl, hace 22 días

De aquí para allá

AUS 012-1B 

De aquí para allá, de la ceca a la meca, de un lado a otro, dando tumbos. Una piedra en el camino y el destino. Rodar y rodar. La letra con sangre entra y a buenas horas, mangas verdes. Amanece y madrugamos, aunque no por eso sale el sol antes. No recuerdo si marceó en marzo, si llovió mucho o poco en abril. Sólo sé que un día entró mayo por la ventana y otro día, como un mes más tarde, volvió a salir. De puntillas y sin hacerse notar. La inconsciencia y la inconstancia no nos avisó de que junio se coló en nuestros corazones. Tampoco fui nunca consciente de la altura de vuelo del grajo. Ni de qué color son los picos, si no son pardos. Tengo que ir a una mercería un día de estos, porque me gustaría visitar la capital Navarra; he ido a Madrid –puestos a hablar de él– con frecuencia, pero no he estado nunca en el cielo. Ni he bailado el chotis. Ni en una baldosa ni en baldosa y media. Hice de mi juventud una gramática que nunca fue parda. Hice de mis ochenta un emblema personal e intransferible. Y dediqué el resto de mis años a contemplar los minutos en relojes blandos, a manejar las hojas del calendario con la síncopa del desorden ordenado, a brujulear por todos los caminos y carreteras, trotando siempre a un ritmo por encima del normal. Una vez al año, ni el ermitaño; una vez al mes, es escasez; una vez a la semana, es cosa sana; una vez al día, es demasía. Esto vale para todas las pasiones, las de arriba y las de abajo, pasando por el centro. Nunca digas nunca jamás. El valle fue verde y París valía todas las misas del mundo, porque al final siempre acaba todo con «Ite, missa est». Que no es ninguna broma. Cayó Babilonia y girar el cuello te convierte en estatua con el cloruro de sodio como elemento. Me han cambiado en más de una ocasión por un plato de lentejas. No me han expulsado del Paraíso, porque nunca he entrado. Porque el Cielo puede esperar. El Ocaso de los Dioses llega en forma de película, aunque yo prefiera llamarla Sunset Bouledvard y Joseph Cotten escribe porque tiene que comer y no ama porque amar es siempre una impostura. Me he deshidratado en muchas ocasiones por no arrimarme a la umbría de ningún árbol, aunque si fuese un peral de sabiduría me lo pensaría. No soy muy amigo de mis amigos, porque soy un impresentable, ni tengo patria ni bandera: mi orientación espacial nunca fue muy buena y soy daltónico por dentro y por fuera. Nunca limpio los cristales porque no me gusta que llueva: no soy agricultor ni tengo que cobrar ningún seguro por la cosecha perdida. Las ranas criarán pelo cuando yo decida ciertas cosas, y eso no lo digo en detrimento de mí mismo, sino de las ranas, que tendrán que depilarse. La mantequilla es de Soria, o de París si no es a ritmo de tango, del mismo modo que la sobrasada es una forma de tomar chorizo untado entre pan. Y del cerdo, más que sus andares, me gusta verlo por Jabugo o por Guijuelo. Al caballo regalado nunca le tienes que mirar el diente pero, si de cerdos se trata, le tienes que mirar las pezuñas. La arruga es bella si es en la camisa, nunca en la cara. Los rotos se juntan con los descosidos, los descosidos con los rotos, aunque nunca salga el sol a gusto de todos. De todo el orbe de palabras que giran por aquí y por aquí, sólo tengo clara una cosa: que me gusta el chocolate espeso. Y ha venido ahora Blas, me ha mirado por encima del hombro y me ha hablado. Así que punto redondo.

(La fotografía es de mi hijo Alberto)

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