— Verba volant

 

Esta entrada está ideada para escucharla leyendo el texto. Después, obviamente, cada lector hace lo que le venga en gana.

Llamaba para decirte

Perdona que te llame a estas horas, cuando las calles todavía no existen, cuando los árboles no son más que sombras que amenazan, cuando el cielo es una incógnita. Perdona si secuestro tu sueño y lo intercambio por unas palabras sin coherencia. Solo llamaba para decir que me gusta que los bocetos de nuestras acciones sean un cuadro de Escher para que la vida imposible tenga una posibilidad. Llamaba para decirte que me gustan los paseos dibujados por las calles de París, que me gusta planear mi aterrizaje en Nueva York con más datos que los de la intuición. Que, una noche, degusté los sonetos de Sabina y que ahora he recuperado sus canciones, si es que alguna vez las perdí entre la memoria de lo demasiado conocido. Llamaba para decirte que el universo, sus miserias y sus alternativas es ahora más explícito después de leerlo en las palabras de Saramago. Llamaba para decirte que los secretos de la magia son, nada más y nada menos, los misterios de nuestra imaginación, que los registros de la memoria son más explícitos si se reúnen sobre los actos de los demás. Toda la vida, si se piensa, puede intentar sentirse con una fragancia más agradable que procure invadir los poros de la piel. Perdona que te llame a estar horas, cuando las calles no existen, cuando ni siquiera existen voces que no sean sino náufragos de la madrugada. Llamaba para decirte eso, nada más. Que pases buena noche, que los sueños se acompasen con los latidos de tu corazón.

(La imagen es de Plenty R.)

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Y ahora, que puedo escribirte estas líneas, recuerdo cuando llegaste. Tus pasos, callados como el misterio de los sencillos. Tus ojos inquietos. Tu cuerpo altivo. La sonrisa de tus dedos llenó mis palabras, mis acordes, con cada letra y cada nota de tu nombre. Me es muy difícil recordar cuántas páginas y cuántos escenarios han vivido nuestra angustia por el hoy, nuestra alegría por el mañana. Quizá nuestra inquietud por un pasado que no existe. En la soledad o entre nuestros amigos, en la plaza o en un triste exilio más allá de donde el mar habla con las olas, nunca me ha faltado tu aliento. Y, si el azar te lleva lejos, que los dioses guarden tu camino. Que te acompañen los pájaros. Que te acaricien las estrellas. Y en un rincón de esta voz, de esta mano que te escribe, mientras pueda hacerla oír, siempre estará escondido tu sonido. Y tu nombre.

Laura

(Canción prosificada, adaptada y traducida con libertad de “Laura”, la maravillosa canción que Lluis Llach dedicó a la mujer que siempre le ha acompañado en los conciertos. Al parecer, un día le entregó la partitura de esta canción unos minutos antes de comenzar la actuación: Laura no sabía que el contenido iba dirigido a ella. Al descubrirlo, dentro de la actuación, dentro del escenario, tocando la música que era un homenaje, rompió a llorar. La imagen es de David Pons.)

Alguna vez habrá que reivindicar de verdad a los grandes.

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Cuando estás conmigo, la habitación no tiene paredes. Cuando estás a mi lado, el techo ya no existe. Podemos contemplar el cielo y nosotros estamos solos, abandonados, como si no hubiera nadie más en el mundo. La música suena para ti, para mí, en la inmensidad de nuestro cielo. El cielo.

Il infinito in una stanza

(Versión prosificada y modificada de “Il cielo in una stanza”, de Mina, que nos recuerda que siempre fueron bellas las canciones de amor. La foto pertenece a mi galería de Flickr.)

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Planteamiento, nudo y desenlace. O inicio in medias res. Dosificar hasta llegar al clímax (narrativo, cerdetes, narativo), secuenciar en varios momentos y dejar reposar al receptor. Y tirar de analepsis, y de prolepsis. Enseñar deleitando o deleitar enseñando o deleitar deleitando, que es una bonita de enseñar otros bosques, otros colores. Cuidar. Curar (catarsis, le llaman). Establecer los personajes como tales, plantear funciones, establecer actantes. Elegir a ayudantes que manden al protagonista al abismo. Elegir oponentes que se levanten como protagonistas. Dibujar una atmósfera a cielo abierto, a puerta cerrada o ambas, mediante la niebla, mediante la tormenta, mediante el misterio. Postular ánimos con los amaneceres, derrotarlos con el ocaso.

Y, mientras tanto, esperar con paciencia la anagnórisis, en la ilusión de que los personajes, al final, entienden su propia historia.

(La fotografía pertenece a mi galería de Flickr.)

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Diez días sin escribir una entrada. 568 comentarios de spam sin moderar. Dos semanas de incertidumbre. Y, hoy, un día difícil. Punto.

(La imagen pertenece a mi galería de Flickr.)

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Y las vidas tienden a caer al vacío como las pinzas cuando se nos escapan de las manos camino del tendedero. Con el objetivo claro y preciso de atrapar un trapo frustrado por nuestra precipitación, por nuestra dejadez, por nuestro tener la cabeza en otra parte. Al final, las pinzas acaban en el suelo del patio con extraños compañeros de lecho: chicles duros por las duras madrugadas, calcetines que decidieron probar suerte siendo impares, pelusas y migas que sobraban.

Y las vidas, como las pinzas, permanecen quietas durante unos segundos, después del rebote en el suelo. Con el consuelo de no haber muerto en el intento. Con la con(s)ciencia de que jamás volverán a sujetar el mundo. Nuestro mundo.

(La foto pertenece a mi galería de Flickr.)

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