Por Raúl, hace 21 horas y 20 minutos

Fragmentos de una teoría del caos

Caos

El pasado abril, murió Edward N. Lorenz, el padre de la teoría del caos, uno de mis mentores espirituales. No por la teoría global en sí, sino por sus fragmentos. Yo soy muy de cosmos por fuera, pero también un partidario ferviente e inconsciente del caos del epitelio hacia dentro. El caos es mito -y, por lo tanto, real- y es ciencia -lo que lleva aparejada una fuerte dosis de imaginación y literatura. No me extraña que ese lleno de vacíos que inunda los huecos marque nuestras vidas y las complete con sinsentidos. Parece que lo impredecible se puede codificar, acodado por atractores y detractores, por lo continuo y por lo discreto, por la bilis amorfa que emerge desde el hígado hasta nuestro cerebro. Es una parálisis dinamizadora que nos pierde y que nos encuentra, que nos olvida y nos explica. El caos es símbolo de la arruga, pero también de la raya perfecta; del sol que ilumina y ciega, pero también de la noche que todo lo pierde y lo encuentra. Lo bueno de estos Fragmentos para una teoría del caos es que pueden servir de título tanto de un libro de poemas como para un artículo científico. Probablemente, ambos podrían ser el mismo y no seríamos capaces de encontrar la diferencia. Podría resultar bello encontrar predicciones meteorológicas en endecasílabos perfectos y oxímoros brutales cobijados por la curva de la integral indefinida, que no es sino otra expresión bella y caóticamente poética. Qué bello pero qué triste es el caos. Es como los estados hipnagógicos previos al sueño: se relajan los músculos, sueñas con la fatalidad de la caída, tus músculos se contraen... Y, sano y salvo, te despiertas para introducirte, una vez más, en el centro de la pesadilla.

(Imagen de Naccarato)

Por Raúl, hace 2 días

El peso de la lana

Lana

¿Cuánto cuesta un kilo de sueños? ¿Qué gramaje se canjea en la báscula por una sonrisa? ¿Qué longitud tenía el hilo de Ariadna para liberar a Teseo del engreído Minotauro? ¿Cuánta lana se necesita para tejer el laberinto de nuestro conocimiento? ¿Qué ocurre cuando se van cogiendo hebras de lana de colores infinitos, se dejan caer unas sobre otras hasta confundirse con todas las hebras de todos los colores del mundo? ¿Qué sucede cuando hay una mano tendida, que se agacha y recoge esas partículas del universo, sopla sobre ellas y siembra los días con la sombra del color y las noches con la luminosidad de los espectros convertidos en gestos? ¿Se pueden mezclar los colores y los sonidos en un concierto que comience por la síncopa del rojo y acabe por el grisáceo fado no escuchado?

Había prometido escribir entradas desde Covilhã (Portugal), pero el ajetreo de las jornadas y los pocos ratos libres con una conexión a mano me lo han impedido. Hablaré más sobre estos días intensos, llenos de retórica, argumentaciones y persuasiones. Pero hoy me gustaría destacar varias cosas: en lo profesional, que el grupo de investigación LABCOM tiene proyectos que pueden ser el modelo de referencia para cualquier grupo del mundo académico interesado en temas audiovisuales y, además, sabe sacar el máximo provecho de todos sus recursos materiales, tecnológicos y humanos. En lo personal, que el trato que nos han dado a los tres profesores que veníamos de fuera ha sido atento, delicado y exquisito. Este grupo portugués de profesores combina su sabiduría con su modestia, sus referentes académicos con su atinada sonrisa. Quizás sea conveniente explicar el título de la entrada. Parte de la Universidade da Beira Interior está construida sobre una antigua fábrica de lana, en una sabia combinación de funcionalidad y huida del derribo rápido e irreflexivo. La estancia en esta preciosa localidad, la coexistencia del conocimiento, de laboratorio y el ordenador con las antiguas máquinas me han hecho reconocer que el mundo es un ovillo de lana, que encierra en sí mismo los colores y las formas. Sólo falta que alguien sepa inventarlas, disponerlas y tejerlas.

Senti-me muito a gosto em minha estadia em Covilha. Sois bons professores e boas pessoas e, portanto, envidiables. Muito obrigado.

Para terminar, el que quiera conocer la dificultad del rojo y la facilidad del vermelho, la larga extensión y complejidad de nuestros vocablos sencillos y la sencillez de nuestros vocablos complejos, quien quiera sentirse fascinado y diluido en una sociedad que creemos conocer por medio del apartamiento y en una lengua que creemos entender por la vía de la ignorancia, que vaya a la Universidade da Beira Interior. Se sentirá parte de ese ovillo. A mí, me ha reconciliado con la palabra espantoso. No os la perdáis, en sus acepciones más significativas.

 

(La imagen es de chatirygirl)

 

Por Raúl, hace 5 días

El camino de la pasión

De Burgos a Colviha

Por una vez, y sin que sirva de precedente, en Verba volant las palabras significarán lo que tengan que significar en su sentido más literal. Esta tarde emprendo «el camino emocional» de las pasiones. El grupo LABCOM, integrado en la Universidade da Beira Interior en Covilhã (Portugal), ha tenido la amabilidad de invitarme a unas jornadas sobre Retórica, donde hablaré a quien me quiera escuchar sobre «Emociones, publicidad y retórica de las pasiones». Es bonito hablar sobre emociones, es bello hablar sobre la manera de persuadir por medio de la pasión. A mí, la publicidad me gusta: es mi trabajo, es una de mis pasiones. Así que las próximas entradas del blog, hasta el miércoles, las escribiré desde Covilhã.

 

Por Raúl, hace 6 días

Corazones y titanio

Titanio

Todavía tengo en mi recuerdo el tejido miocárdico apuntado con delicadeza por Blogófago, con la mezcla de la maravillosa composición de Sarah Illenbergen y la dulzura del «corazón coraza» de Benedetti. Pensé durante un instante que ese corazón podía ser el mío, pero un triste suceso acaecido hoy me ha devuelto a la más cruda realidad. Hace ya muchos años se me rompió el pulsómetro, ese aliado digital que atestigua los latidos de tu corazón y que te marca racionalmente la serenidad o el brío de tu correr. En la dicha del inconsciente, salía a corretear buscando la libre sensación de pararme cuando estaba cansado y de acelerar cuando tenía ganas. Pero ayer me compré otro de esos aparatejos, que te atan con cordura al ritmo de tu vida. Y hoy he salido a trotar con este aliado-enemigo buscando que me dijese lo que deseaba, que la falta de entrenamiento, la vagancia y el mucho comer habían ablandado mi corazón, lo habían convertido en humano, lo impulsaban a bombear con fuerza moderada pero ritmo rápido los sabores del devenir. Pero no, parece que sigue latiendo a ritmo pausado y constante, dando un impulso fuerte pero continuo, impetuoso pero lento a este cuerpo cuadriculado. He vivido unos largos minutos en el sinvivir de un trote que no subía de las 138 y en un cuerpo que ronda en su vida en reposo las 50 pulsaciones a ritmo de metrónomo. Esto, que podría ser el piropo adecuado para el cuarentón temeroso del infarto, no deja de ser para mí la constatación del cuerpo duro para la mente débil, el físico cuadrado que busca la cuadratura del círculo de su alma. Sólo me queda una esperanza: que sea como el titanio, resistente pero dúctil, tenaz, pero maleable. Y que, cuando salga el sol, refleje con vigor la fuerza de sus rayos y, nacida la noche, acoja con serenidad el brillo de las estrellas.

(Imagen de Andrea Micheloni)

Por Raúl, hace 8 días

Las dos aves de la melancolía

 

Sennales

Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena de un sofá. Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecinas con pucheros, yo no quiero sembrar ni compartir, no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz. Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi champú, yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren. Yo no quiero juntar para mañana: no me pidas llegar a fin de mes. Yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero, yo no quiero besar tu cicatriz, yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin ti. No me esperes a las doce en el juzgado, no me digas «Volvamos a empezar», yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste, yo no quiero contigo ni sin ti. Lo que quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren.

Por eso, no escojas sólo una parte, tómame como me doy: entero y tal como soy. No vayas a equivocarte. Soy sinceramente tuyo, pero no quiero, mi amor, ir por tu vida de visita, vestido para la ocasión. Preferiría, con el tiempo, reconocerme sin rubor. Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad: lo que no tiene es remedio. Y no es prudente ir camuflado eternamente por ahí, ni por estar junto a ti, ni para ir a ningún lado. No me pidas que no piense en voz alta por mi bien, ni que me suba a un taburete (si quieres, probaré a crecer). Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es. Y la verdad nunca es triste, pero lo que no tiene es remedio.

(Versiones superpuestas, prosificadas y sólo levemente adaptadas de «Contigo» de Sabina y «Sinceramente tuyo» de Sabina» de Serrat, en una tarde ante el ordenador y con Dos pájaros de un tiro de fondo. Qué grandes son, madre mía, qué grandes.)

Por Raúl, hace 10 días

La salsa del Chipirón es oscuramente dulce

Chipis

Chipirón negro ha vuelto a Verba volant. Como siempre, a través de mensajes a mi correo electrónico. Como siempre, enigmática. Creo que ya he dicho mil veces que me comenta en privado (casi) cada entrada. Sabe que de vez en cuando aparece en el lugar que le corresponde. De hecho, me comenta con sorna: «Me siento la estrella de la fiesta. Me gusta. Me gustaría ser una de esas musas y heroínas decimonónicas, en plan Nicole Kidman en Moulin Rouge y eso, pero no va a poder ser, moreno: ella es enfermiza pero, sobre todo, muy blancucha. Y ya sabes que yo soy más morena que el Chipirón, aunque mis amigos, de coña, me llaman Rubia. Pero este blog es tuyo, garbanzo y yo soy estrella, pero estrellada e invitada». Ella no sabe (se entera ahora) que ha encontrado detractores furibundos, también privados. Una de ellas me decía que Chipirón negro parecía la maestra, que decía cuatro cosas y yo era su alumno escribiendo al dictado. Otro dice: «Vale, Chipirones, Garbanzos. ¿A mí qué cojones me importa? ¿Es que tenemos que ser espectadores de lo que diga la tipa esa?» No obstante, son los menos. Muchos, permanecen callados; otros, se sienten maravillados por la presencia enigmática que puede decirse que vertebra el blog. De hecho, me dice: «¿Sabías que todos tenemos algo que decir? Con seguridad, tú te mantenías callado. Pero ahora tus palabras son voladoras y tienes que dejar que salgan de tu dura cabecita para que los demás las escuchen. Si yo te ayudo a expulsarlas, me siento con la dicha de ser la feliz matrona de tus llenos y de tus vacuidades, de tus tonos grises, tristes -muy tristes-, de tus tonos amarillos -amargos, pero suaves- y de tus obsesiones. Que son muchas, garbanzo moreno. Porque unas veces parece que estás demasiado cuerdo y otras veces eres lo más parecido a una regadera encerrada en la acolchada habitación del espanto. Y recuérdalo, todo es malo. Menos las palabras.» Y sí, este blog no tiene ni trampa ni cartón: por eso dice las verdades por medio de la ficción y grita las mentiras por medio de la realidad baciyélmica.

En otro mensaje, Chipirón negro me dice: «En el mensaje de ayer te dije que estas palabras voladoras se escuchan, no se leen. Ahora, por tu culpa, mis vecinos pensarán que estoy majara, porque me pongo a leer tus entradas en voz alta. Significan distinto. Con cada voz, con cada matiz. Cuando más me gustan es cuando pongo una voz que no es la mía, más pausada, más grave. Rebaño las palabras con los tonos y los quebraderos de mi voz». Yo se lo agradezco con la foto que encabeza esta entrada, que se titula Expresionismo abstracto y que se la debo a Daquella manera. A mí también me gusta rebañar la tinta del chipirón, con esa salsa bien construida, a base de estar cocinada con paciencia. Y muevo el pan de manera juguetona, como en la foto, dejando los intersticios del negro impregnados en mis pupilas.

Y lo mejor ha venido hoy. En un alarde de generosidad, y sin poder saber cómo ha conocido mi fecha de cumpleaños, Chipirón negro se ha dejado el enigma por el camino para mostrar su vena más agradable, simpática y emotiva. Y ha adaptado el poema «Como siempre», de Benedetti, para mí. Gracias, Chipirón negro: que la salsa dulce y bien cocinada te acompañe para siempre. Seguirás en mi blog, naturalmente. Y desde hoy, un poco más en mi corazón.

Aunque hoy cumplas
quinientos cuatro meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás lindo
y estés lindo
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciado
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Por Raúl, hace 10 días

Los pintores asiáticos tienen orejas

Tukta 019 B

Los conocí el otro día. Son un grupo de artistas de Bali, Camboya, la India y Tailandia y tienen en común su gran pasión: la pintura. No se llevan ni un euro por su actividad y, como me ocurre con todos los asiáticos, yo no soy capaz de distinguir a uno de otro físicamente. Elsa, Duanpem, Jintara, Panlan o Tukta empuñan el pincel con brío y una organización sin (aparente) ánimo de lucro pone en venta cada uno de sus cuadros por unos cuatrocientos dólares. Y el catálogo de obras crece y crece sin parar. Reconozco que a mí no me gustan todas y cada una de sus creaciones, pero pienso, no obstante, que alguna es más que destacable. Me apasiona verlos pintar y seguro que a vosotros os pasará lo mismo. Nunca había visto nada igual. Y es que, amigos, es lo que tiene el arte: aquí no importan las razas, ni el color, ni la rugosidad de la piel, ni las orejas grandes o pequeñas. El talento es el talento.

Por Raúl, hace 12 días

La web, alquimia de las multitudes

Pisani

Los interesados en el mundo de Internet conocen bien a Francis Pisani. Pisani, junto a Dominique Piotet, acaba de publicar un libro titulado Cómo cambia el mundo la web (Comment le web change le monde. L'alchimie des multitudes). A través de Transnets, el blog de Pisani en Le Monde, (me acabo de enterar que también está ya en español), he descubierto que la editorial, a instancias de los autores, regala un ejemplar a los blogueros que le escriban un correo indicando la dirección de su blog junto con la dirección postal del solicitante. A cambio, Francis Pisani sólo pide que, una vez en nuestro poder, comentemos los aspectos positivos y negativos del libro. Podéis acceder a la información en español aquí. Creo que este tipo de iniciativas son de lo más interesantes y un auténtico ejemplo de la relación entre el papel y la pantalla. Así que, de momento, funcionan mejor estos rolletes ocasionales que los divorcios furibundos.

Por Raúl, hace 13 días

La mente de nuestras palabras

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No sé si el lenguaje etiqueta el mundo o el mundo etiqueta al lenguaje, pero parece seguro que las palabras nos ayudan a comprender la realidad. El lenguaje nos ayuda a pensar o, cuando menos, a encauzar y reforzar nuestro pensamiento. ¿Podríamos pensar sin palabras? ¿Los colores están en las cosas, en nuestro cerebro o en nuestros conceptos? (Ya he dicho alguna vez que soy daltónico y tengo u dilema: si los colores están en las cosas, mi cerebro no está en ellas; prefiero pensar que los colores son conceptos que mi cerebro cataloga como le viene en gana.) ¿Existe un espacio sin palabras? ¿Se pierden nuestros pensamientos en la caja vacía de las dimensiones del universo si no cuelgan etiquetas del dedo gordo del pie de los conceptos? Son famosas las anécdotas sobre el modo de contar y las palabras que emplean diferentes culturas para tal efecto: la más conocida es la de una tribu que tenía sólo cuatro conceptos: uno, dos, tres... y muchos. Y algunos, les darán la razón. Tres, son multitud.

Steven Pinker es un brillantísimo experto en ciencia cognitiva y de la mente de la Universidad de Harvard. El denso pero ameno libro Cómo funciona la mente será una auténtica revelación para las mentes inquietas de la mente. Su último trabajo, Las cosas del pensamiento (The Stuff of Thought:Language as a Window into Human Nature) parece que cuenta cosas. Es decir, que revisa, entre otras muchas cuestiones, cómo contamos los seres humanos. Y parece que, cuando ya nos faltan manos y pies, no nos queda más remedio que recurrir a las palabras. A números más grandes, mayor necesidad de pensamiento... Lo cual quiere decir que el Universo, ese orbe de números concordes, está repletito de palabras. Flotando para que nosotros podamos elegir nuestros sueños.

Por Raúl, hace 15 días

Verdicticia

Forges y el Quijote

No iba comentar nada sobre el contenido del Quijote en fechas cercanas al Día del Libro, pero las interesantes y prometedoras reflexiones de Pedro Ojeda me han animado a recordar un pequeño -y justamente famoso- detalle que siempre me ha apasionado de esta novela. En el capítulo 44 de la primera parte, el barbero y don Quijote se enzarzan en una discusión. Mientras el barbero asegura que le robaron una bacía de latón, don Quijote se enfada por confundir con un utensilio tan vacuo el yelmo de Mambrino. Sancho opta por la solución más salomónica para acabar nominando el objeto de la disputa: «si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara muy bien...» El barbero, por oficio, es un experto en bacías, porque es un útil indispensable en su trabajo; Don Quijote, es un experto en yelmos, ya que su cabeza acapara y mezcla todas las historias caballerescas. Sancho, en una solución típicamente cervantina, no crea un neologismo, sino que logra el óptimo balance entre una realidad inventada y una ficción verdadera. Las cosas no son lo que uno piensa, ni lo que otros creen: la realidad es un revoltijo ordenado, un poliedro sin aristas en el que cabe todo, como en las palabras. Para eso sirven, por eso Cervantes es un maestro: ¿quién pone fronteras a lo que la realidad quiere que sea y lo que nosotros queremos hacer de ella? Por eso los baciyelmos nos sumergen en la fictiedad y la verdicción.

(Obviamente, la viñeta pertenece al genial Forges, al que pediré permiso... ¡Glup!)

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