Por Raúl, hace 2 horas y 45 minutos

Demasiado profundo

Sourire

Amigos del alma: después de unas entradas infernales, llenas de tristeza, me obligo a mí mismo a desdramatizar. Hoy no me salía ninguna entrada que no fuera triste, así que he borrado todas las líneas que pasaban por la cabeza y por la pantalla para dejar que la amargura, hoy, se vaya por el desagüe.

Lo curioso de todo esto es que hay muchas personas que, en la vida real, piensan que soy un frívolo y que no me tomo las cosas en serio. Creo que la manera más seria de afrontar las cosas es reírse de ellas. Un terapeuta  de dichos metafóricos denominaría esto «humor desde el balcón». Sin embargo, los que me conozcan sólo por el blog pensarán que soy un tipo mustio, triste y coñazo. Si a todo esto le añadimos unas cuantas circunstancias personales funestas, la vida de uno puede pasar a ser considerada por el espectador como un melodrama lacrimógeno.

Por lo tanto, hoy me he obligado a escribir esta entrada para que mi rostro sonría a través del blanco luminiscente. Y sí, hoy saco a pasear por la Red el lado frívolo que me caracteriza habitualmente en la Vida. Reírse –además– es una cosa muy seria.

(Imagen de.)

Por Raúl, hace 1 día

Objetivando una conversación pendiente

Silueta

Quiero que sepas que me duele en lo más hondo el haberme perdido tantos años de tu infancia. La ausencia de una vida juntos día a día hace que sólo pueda conocerte parcialmente. Tú, que eres tan mío como yo tuyo, vas perdiendo paulatinamente muchos rasgos de mi identidad. Se te ve en la forma de hablar, en las inflexiones de voz. Viéndote y oyéndote, reconozco otros tonos, distintos ademanes. Vas formándote como una persona sin que yo pueda hacer mucho, sin que pueda acompañarte en el día a día. Tengo la suerte de verte a menudo. En esos momentos, tan importantes para mí, mi estado de ánimo no me hace el mejor compañero. Intento mantenerme a flote, esbozar una sonrisa, mostrarme esperanzado. Pero, cuando ya no puedo más, me desinflo y tú lo notas. Me dices que siempre estoy cansado; que ya no me río como antes. Viéndote, descubro cada minuto que no te veo. Pasas por mi vida y yo por la tuya, pero como extraños compañeros ajenos a la lógica. Compartimos muchas aficiones, pero no las desarrollamos en el día a día. Las noches se convierten en una ausencia de tus cenas, de tus sonrisas, de tus enfados. La cotidianidad se convierte en algo excepcional, en la excepción que confirma una regla inexistente. Cuando intento levantar la cabeza para mirar hacia al futuro, contemplo todas las cosas que me seguiré perdiendo. Eres un tipo cojonudo. Y no lo digo porque eres tú, sino porque es verdad. Con todos tus defectos y con todas tus virtudes.

Tienes por delante una vida dura, resultado de dos mitades que no son un todo. A veces pienso que soy muy injusto cuando pienso en ti desde mi yo y no desde el tuyo. Te tragas una a una todas tus frustraciones. Disimulas para que no se note tu tristeza. Intentas contentar a todo el mundo. Se nota que te haces muchas preguntas, pero nunca las vuelcas hacia fuera, temeroso de las respuestas. Te sientes atrapado por una situación que no comprendes. Nosotros –y los demás– no te hemos ayudado –no te han ayudado– a que pudieses conseguir que todos los engranajes encajaran en tu cabeza. Te conviertes en el diplomático perfecto, en el más adulto de todos. Estás muy por encima de nosotros, anquilosados en nuestras posiciones. Siempre hay alguien que piensa lo mejor para ti. Pero nadie te ha preguntado nunca lo que piensas. Si te soy sincero, siento que pinto poco en lo que será el proyecto general de tu vida. Aprenderás de lo que puedas ver, de las cosas que los demás juzguen importantes. Sirvo para arreglar pequeños desaguisados, pero no para mucho más. Aunque tenga que tomar decisiones que no son fáciles, intentaré no defraudarte. Procuraré servir para algo positivo en tu vida. Haré todo lo posible porque tu vida sea feliz. Las cosas son difíciles pero tú aguantas como un campeón. Espero que todas las adversidades te hagan más fuerte.

Me creía en la obligación de escribir esta entrada. Parece subjetiva, pero intenta objetivizar. Los días pasan y necesitaba sacar fuera alguno de mis demonios. Seguro que habrá más de uno que me ataque por estas líneas. Pero el tiempo pasa y, en este caso y, lamentándolo mucho, tu tiempo ni mi tiempo son los suyos. Hay algunos tiempos comunes, pero otros nos pertenecen como la cara y el envés de la moneda. Los minutos pasan de forma muy diferente viendo el toro desde la barrera. Además, creo que tienes todo el derecho a saber lo que pienso, aunque no vayas a leer estas líneas. Por si acaso no lo sabías, te quiero con todo el alma. Por ti he tomado algunas de las decisiones más difíciles. Quizá muchos todavía no comprendan todo el dolor y la angustia que me han causado. Lo dicho: tu vida avanza. No dejes nunca de intentar ser feliz, aunque te pongamos tantos obstáculos en tu –todavía breve– recorrido por la vida. Adelante, compañero. Adelante.

(Imagen de Thomas Hawk.)

Por Raúl, hace 2 días

Diálogo sobre cosas

Dialogue

ELLA: ¿Por qué escribes sobre tu vida?

ÉL: Porque es lo único que tengo.

ELLA: Pero hablando de tu vida hablas de los demás, revelas sus secretos.

ÉL: Los demás, en la medida en la que me afectan, también son mi vida. Mi relato sobre ellos no es el centro; es el efecto colateral.

ELLA: ¿Escribir un blog no es una manera enfermiza de hacer públicas cosas privadas?

ÉL: Escribir sobre lo privado es un acto de socialización masoquista, pero de socialización, al fin y al cabo. Además, siempre se miente, se exagera, se ficcionaliza. El secreto está en que los demás no lo noten. Es muy importante que todo parezca verdad.

ELLA: ¿Así que no eres siempre sincero?

ÉL: ¿Alguna vez has conocido a alguien sincero? En todo caso, conocerás a personas que saben mentir bien. Todos tenemos secretos y cadáveres en el armario. La clave está en que no huelan demasiado.

ELLA: Muchas personas te odiarán por lo que haces o por lo que dices…

ÉL: Es un problema más suyo que mío. Nunca me lanzo a la yugular el primero. Eso sí, cuando agarro una presa con las mandíbulas me gusta apretar y zarandear hasta que quede completamente inane. No es tanto un acto de crueldad como de supervivencia. Hay otros cazadores más ladinos o astutos. Yo prefiero ser primitivo.

ELLA: ¿Te sientes un traidor?

ÉL: Te digo lo mismo que antes: soy tan traidor como muchos otros. Quizá más que muchos. Seguramente, menos que otros que parecen corderitos. No he visto en este mundo más despiadados carniceros que en el rebaño de corderitos. Pastan alegremente y parecen mansos. En el momento que te descuidas, van a por ti.

ELLA: ¿No es una manera de echar balones fuera?

ÉL: Por supuesto. Soy un experto en hacerlo.

ELLA: ¿Un consejo para mí?

ÉL: Sí, uno claro y directo: échate crema en las manos. La gente se fija en las manos de los demás mucho más de lo que imaginas. Unas manos bien cuidadadas son el pasaporte a un ajuste social perfecto.

ELLA: ¿El físico es importante?

ÉL: El físico es lo primero y lo último, con muchas cosas intermedias. Quien diga que las apariencias engañan no sabe analizarlas ni atisbar entre ellas. Valoramos mejor en la escala social a una persona bella que a una fea. Eso no significa que el físico sea todo. Pero en esto, como en todo lo anterior, hay mucha hipocresía.

ELLA: ¿Por qué eres tan directo?

ÉL: No me queda otro remedio que asumir que soy así. Créeme que intento morderme los labios para no saltar. Pero es superior a mí. Así me va. Otros consiguen más con un silencio de perros. Unos dirán que eso es ser auténtico. Por mi parte, creo que soy un bocazas.

ELLA: Si estuviera en tus manos, ¿qué cosas de las que ves cambiarías?

ÉL: Puestos a empezar, cambiaría el sofá y esas cortinas. No me gustan nada.

(Imagen de Kurt Qvist.)

Por Raúl, hace 3 días

La vida en tres frases de El secreto de sus ojos

El Secreto De Sus Ojos

Como las vidas son cine y el cine es vida. Como la correspondencia es perfectamente asimétrica, como lo son el cine y la vida. Como las imágenes plasman nuestras imágenes y nuestras palabras pasan a ser el guión. Como todo empieza y todo a cada a ritmo de títulos de crédito a los que no todo el mundo sabe esperar. Como nunca hay una tristeza más grande que una lágrima a pantalla grande ni nunca una carcajada suena más sincera cuando sale desde el plano hacia afuera. Como somos deleitosos y diletantes esclavos en una caverna que no es la Platón, llena de reflejos y destellos de verdad. Como los que no tenemos vida intentamos reflejarnos en las historias vividas por los demás. Como todo es Uno y Uno es nada si no son tres, creo que estos tres fragmentos de El secreto de sus ojos que pueden servir de hoja de ruta:

«Me vi cenando solo y no me gusté».

«¿Cómo se hace para vivir una vida vacía? ¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?».

«Mi vida entera fue mirar para delante. Atrás no es mi jurisdicción; me declaro incompetente.»

(En otro orden de cosas y con respecto a la peli en cuestión, digo lo siguiente: que es una obra interesante, pero que dista de ser una obra maestra; y que me hace gracia que ahora que gana un Oscar la hagamos nuestra –española– por participar en la financiación. Me hubiese gustado saber qué hubiera pasado si un filme español hubiera competido este año en la misma categoría. Es una notable película argentina. Como sigamos así, vamos a acabar pareciendo franceses.)

Por Raúl, hace 4 días

Otro y el mismo día

Relojarena

Me he pasado gran parte del día pegado a pantallas de formatos diversos. En parte, ha sido por vicio (la tercera temporada de Damages lo merece; El secreto de sus ojos lo está mereciendo). En parte, ha sido un día de trabajo con pocas recompensas: apuntes colgados en mi sitio web con un servidor que se resistía de forma contumaz; correos que había que contestar de forma inminente; flecos varios. Definitivamente, el fin de semana se ha pasado sin haber hecho nada relevante, pero también ha impedido el paso de momentos totalmente agradables, excepcionales y extraordinarios.

Lo siento, pero he de decirlo: el trabajo de profesor tiene mucho de esos momentos ingratos, de horas robadas a las historias personales y que no conducen a ninguna parte. No todos los días se escribe un artículo genial. No todos los momentos aportan ideas de relevancia. No hay muchos minutos en los que sirvas realmente para mucho. Pocos instantes para preparar la clase definitiva. El trabajo se convierte en un suma y sigue sin final y sin mucho sentido que no sea el de la supervivencia. Además, es un trabajo que no se nota ni se siente. La mayor parte de la población mundial piensa que nos pasamos la existencia tocándonos la punta del níspero o el equivalente femenino. No hay nada de lo hecho hoy que justifique vehementemente el deber cumplido. No hay sueldo que lo pague. No hay nadie que lo sepa. No hay ninguna agencia de acreditación que valore estos pormenores.

Si uno hace balance, descubre una cantidad ingente de horas, de días y semanas con esfuerzos baldíos. Mientras todos nos imaginan entre vacaciones perpetuas, entre fines de semana interminables, entre días llenos de ocio y tiempo libre, la realidad nos ata muchas veces a una silla y un ordenador para intentar ser mejores en nuestro oficio, para que el engranaje por el que transmitimos conocimientos y competencias no se oxide.

Quizá mañana, al ver unas caras somnolientas, me anime pensando en las conciencias y consciencias que quedan todavía por despertar. Por eso, mañana –cada mañana– es siempre otro y el mismo día.

(Imagen de Iván Antúnez.)

Por Raúl, hace 7 días

Reconciliado con el mundo. Duración: hora y media

Joanbaez

Ayer, experiencia mágica: concierto de Joan Baez en Burgos. Al margen del placer mismo de poder escuchar a una mujer de 69 años con una voz maravillosa, al margen de ver un concierto en el que no dominaba lo facilón sino que muchas veces las canciones salían con el puro chorro del que conoce y domina el oficio, me reconcilié con la vida durante hora y media. Joan Baez es mucho más que una cantante. Gracias a ella, estuve en lugares en los que no he estado; protesté contra guerras que no viví; me sentí símbolo de una generación que no es la mía, me sentí cobijado por el espíritu Dylan, por el estilo folk, por el country; tuve la ocasión de cantar a coro y, por lo tanto, con los millones de voces que encarnaban la rebeldía; me sentí, casi de forma excepcional, uno y muchos: todos los que han caminado por el tortuoso y traicionero camino de los años 60. Ella, afortunadamente, sigue en él sin ser la voz de la nostalgia, sino la voz del presente. Porque ella continúa.

Por Raúl, hace 9 días

¿Maricón el último, por favor?

Titanic

Benno Torgler, profesor de economía en la  Queensland University of Technology in Brisbane (Australia), ha publicado un interesante artículo (aquí la reseña en el The New York Times) sobre el instinto de supervivencia y la interiorización de las normas sociales en los naufragios del Titanic y del Lusitania. Por supuesto, las circunstancias de los dos naufragios son diferentes: los pasajeros del Lusitania sabían que cualquier barco británico era susceptible de un ataque alemán; además, probablemente habían conocido la tragedia del Titanic y conocían que las posibilidades de supervivencia eran escasas. Parece que los pasajeros del Titanic observaron de manera bastante estricta y «educada» los protocolos de salvamento para intentar proteger a los más débiles; mientras tanto, los pasajeros del Lusitania optaron por la consigna de «maricón el último» y emprendieron una denodada y avasalladora lucha por la supervivencia.

Sin embargo, al margen de estos importantes factores, lo que me ha atraído del estudio es otra posible causa que ven los investigadores en la reacción de los pasajeros: el tiempo. Parece que el Titanic tardó en hundirse dos horas y cuarenta minutos, mientras que el Lusitania se fue a pique en apenas diez y ocho minutos. En tiempos cortos, dicen los investigadores, predominan nuestras reacciones instintivas de supervivencia. En tiempos más largos, el evidente impulso de supervivencia queda acortado y matizado por las normas sociales que cada uno de nosotros ha interiorizado tras cierta preparación genética y un necesario período de aprendizaje.

Me resulta curioso que todo ese tiempo de angustia que vivieron los pasajeros del Titanic les sirviera a muchos para hacer lo que tenían que hacer como seres pertenecientes a una colectividad por encima de la individualidad más instintiva. En el caso de estos pasajeros, no sirvió el dicho de «maricón el último», sino que imperó una serenidad que, sinceramente, admiro. ¿Qué haríamos cada uno de nosotros en un caso semejante?

(Por cierto, soy consciente de que el título de esta entrada me apartará de algunos ordenadores que pertenecen a redes públicas. Pero la ocasión –y la educación– merecían correr ese riesgo.)

Por Raúl, hace 10 días

Crece

Smoke

Porque el estilo crece, se estudia y se improvisa. Porque las palabras buscan una mente que las exprese y, de repente, te encuentran a ti. Porque las noches supuran en nuestros cuerpos la ley de la oferta y la demanda. Porque caminar es errar, porque las miradas son juicios, porque las canciones son historias contadas con pausa, con ritmo. Porque la ebriedad –ya lo decía Claudio Rodríguez–es un don. Porque la risa es el paraíso de los acres de terreno estéril. Porque las despedidas son palmas abiertas hacia el viento, hacia ninguna parte. Porque el sol hace que duela nuestra mirada. Porque la lluvia cae persistentemente y arrastra el fango por los cauces de los ríos. Porque el pretérito imperfecto describe y el pretérito perfecto simple narra. Porque los destinos y las trampas hacen que todo llegue muy tarde. Porque los interrogantes son mentira, porque las mentiras son verdades, porque las verdades no existen si no son a medias. Porque el cariño ya no se reparte. Porque las horas de sueño se hacen más solitarias, porque las diosas del Olimpo bailan con los compases de los cuerpos atenazados. Porque el sentido no se encuentra sino que se busca con ahínco. Porque es tiempo de deshielo, que destila las tristezas y las empapa en la tierra. Porque los días no son horas sucesivas, sino ruines testigos de la desdicha. Porque la sutileza es una forma escondida y educada de barrer debajo de la alfombra. Porque, ciegos, no vemos la que nos cae encima. Porque lamentaremos cada palabra, cada hecho, cada mirada, cada toma de partido. Porque los inviernos son terribles sin cobijo. Porque las pesadillas hacen que durmamos con los ojos abiertos. Porque el cabello es una cosa muy preciada hasta que te quedas calvo. Porque el cuerpo te pide ser un canalla. Porque la respiración no siempre se acompasa, sino que propaga con los trompicones del pánico. Porque los pasos perdidos no se limitan a los salones. Porque los fondos de armario no albergan sólo ropa vieja, no sólo secretos, no sólo entes que habitan allí hasta perpetuarse. Porque todo abrazo busca calor humano, porque todo abrazo busca que el individuo se esconda de sí mismo. Porque la vida no se explica en los extremos de un abecedario antiguo. Porque la prisa es la mala consejera, porque los consejos no son más que buenas palabras, porque las flores sirven para anquilosarse en las páginas de un libro.

Porque el deseo existe. Porque la verdad no es descubrimiento sino invención. Porque la sintaxis arropa a los términos para ordenarlos en su sentido más preciso y más imperfecto. Porque el estilo crece, se estudia y se improvisa.

Escrito caótico que me ha surgido, sin saber muy bien por qué, después de leer un artículo de Marcel Proust  (uno de los grandes, uno de mis favoritos) sobre la prosa de Flaubert en la Nouvelle Revue Française en enero de 1920:

Il y a une beauté grammaticale (comme il y a une beauté morale, dramatique, etc.) qui n'a rien à voir avec la correction. […] Sans doute cette beauté pouvait tenir parfois à la manière d'appliquer certaines règles de syntaxe […] Ces singularités grammaticales traduisant en effet une vision nouvelle, que d'application ne fallait-il pas pour bien fixer cette vision, pour la faire passer de l'inconscient dans le conscient, pour l'incorporer enfin aux diverses parties du discours!

(Imagen de Florian Leroy.)

Por Raúl, hace 11 días

Inyección

Squirtation

Los pasos de las vidas son los pasos de nuestro cabello por las almohadas, los pasos de nuestros brazos por las toallas, los pasos de los pasados por el futuro. Las revoluciones no las hace el proletariado, sino el corazón sincero que nos obliga a mirar hacia todas las partes cuando no hay más salida que forzar la entrada por la ventana. Porque el mañana no llega, porque el mañana no nos alcanza. Ponemos entre pinzas los colores de la brisa para que se ventile, pero no conseguimos más que diluir los calores del aliento, los colores del hálito que devuelve el aire de las nubes. Lo que está escrito es el intervalo de las zancadas que damos por el mundo. Lo que está escrito es el tropezón mayúsculo cuando, los vídeos prestos, nos damos un batacazo que recibe nombre de blasfemia en aumentativo. Lo que no está escrito es el deambular sangrante y repentino con el que emprendemos el camino para no llegar a ninguna parte. Las pulseras son cadenas y las sonrisas son regalos de primavera para que la vida nos alquile los meses para darnos el rédito de los años. El interés cuenta, la oscuridad acecha, el enemigo se agazapa. Y, mientras tanto, la única defensa es inyectarnos ilusiones teñidas de desengaños.

(Imagen de Laya Gerlock.)

Por Raúl, hace 12 días

Íntegros

Camiltulcan

He pasado muchas veces por esto: se me tiene por traidor, inconstante, gruñón, egocéntrico, malhablado, malpensado, voluble, aburrido, apático,estricto,  pusilánime, pendenciero, hirsuto, manipulador, nihilista, listillo, bocazas, timorato, temerario, enrabietado, gamberro, sibarita, despectivo, misántropo. Si me preguntan, también diré que todas esas cosas son ciertas en mayor o menor medida. Lo que me sorprende, sin embargo, es que otras personas consigan ser víctimas, inocentes, sufridas, bienhalladas, santas, persistentes, fieles, bondadosas, destinteresadas, cándidas, justas, entrañables, apegadas, atentas, inofensivas, serenas, bonachonas, cariñosas, tiernas, expansivas, fervorosas, reverentes, complacientes, delicadas.

Como también se tiende a afirmar que una de mis defectos más vituperables es esa intrínseca tendencia a dar la vuelta a la tortilla, sigo instalado en todos esos adjetivos y una larga lista de términos equivalentes. Puestos a darle vueltas a la cabeza, quizás tengan razón. El mundo –parece– es blanco y negro. Y sirve para que muchos caminen con la espalda bien recta, orgullosos de pertenecer a la estricta secta de la blanca luz fluorescente de la verdad.

Esta entrada sirve para darles la razón. Y sirve para que se vayan de rositas, amparados en su ejemplaridad infinita.

(Imagen de Camil Tulcan.)

← Anterior 01 02 03 04 05 ... 62 Siguiente →