— Verba Volant

Archive
Comparaciones

La banda sonora de una película muda y las mechas de un pelo ya demasiado largo. Los sonidos de la actualidad más intempestiva y la búsqueda infinita en un bolso demasiado grande. Las flechas de un cupido en el que el amor linda ya en el personaje. Los delirios de un calor insoportable y las pesadillas del que dice necesitar ocho horas de sueño sin evidencia científica demostrable. Los avances en las teorías sobre la pigmentación de los pellejos y los beneficios y perjuicios de las cremas que los protegen. El sentido del sinsentido y la disputa eterna entre campo y playa. Y un raro alivio cuando unas ondas de aire frío dejan respirar a nuestros cuerpos en estos días insufribles de un verano que solo empieza.

imagen de Linelle Photography.

Read More

El perfil. Disfrutar con lo que se ve pero sin renunciar a conocer lo que se adivina. El perfil es todo y parte, matiz de sugerencias, paleta de muestra de unos colores que se completan en la imaginación. Es la silueta, una perspectiva, aquellas líneas sonrosadas que se volvieron, poco a poco, más oscuras. Digamos que es la cara porque existe el envés, lo visible porque existe algo más allá. Un gesto que se completará, una sonrisa que devuelve una comisura. Agradable. Suave.

El perfil, en medias tintas. El perfil, con todos los ambages para redondear el ovalo. Así, el perfil.

imagen de Hernán Piñera.

Read More

“Lo que me salva” es una entrada que escribí hace tres años. Cuando todas las alarmas se disparan, sigo la rutina. Ayer fue uno de esos días. Muy pronto, antes de ir a trabajar, me enfundé un maillot y una camiseta y me puse a dar pedaladas como si no hubiera mañana. Era una sesión de spinning para mí solo, acompañado por la música y el sudor. Intentando ser más potente y más rápido. Nada hay como el cansancio para ver más allá de las nubes. Cuando pensaba que no podía más, decidí continuar, ahora en la cinta de correr. Solo un pequeño “paseo”, me dije. Pero el dedo fue insistente para ir aumentando la velocidad hasta que, tras el agotamiento, mi cabeza logró flotar en un universo de jadeos. Brazos en jarras, cabeza agachada y un intento de poder retener todo el aire que hubiese perdido a mi alrededor. El trayecto de ida y vuelta al trabajo lo hice, como siempre, dando pedales. Mis piernas me decían, cada metro, que no podían más.

Pero ayer era un día en el que todo me sabía a poco. Por la tarde, después de un rato de descanso y otro rato de trabajo, decidí que me tenía que dar el aire. Tocaba ahora ponerse las mallas cortas y una camiseta para enfrentarme a un calor húmedo. No han nada mejor que escaparse por el campo, correr disfrutando de todas las sensaciones. Con la música de la respiración, del viento entre las ramas, de las conversaciones de los paseantes, que quedan como trozos inconexos de otras vidas. Zancada tras zancada, cambiando de ritmos, escapando muy lejos para luego volver, casi por el mismo camino, pero con algo muy distinto por dentro. Es lo que me salva cuando se disparan todas las alarmas.

Imagen de João Campos.

Read More

Asciende y asciende, como un cohete apuntando al cielo. Es un sentimiento con sabor a malta y a ternura y a todo lo imparable. Gira y gira, como un acontecimiento deseado y esperado. Es un corazón suave, con olor a luz y a flotar entre oscuridades poco tenues. Sube y sube, como la libertad tomada de la mano. Es una palabra con sonido susurrante y un caleidoscopio y un destino secreto y compartido. Vuela y vuela, como un cielo que se acerca a la danza de nuestros pies. Es un sueño conseguido y un calor de sudor frío y una manera de estar a salvo. Brilla y brilla, como un sabor poco frecuentado. Es una nube sin tormenta y un asiento en primera fila y un mar que nos mece. Asciende, gira, sube. Y brilla.

(Imagen de Brian Abeling).

 

Read More

Hoy la cosa va de espías. No sé qué tienen los espías, que nos atrapan: será por su doble vida (ser una persona y la contraria, qué maravilla), el secreto (el suyo, oculto; y el de los demás, siempre desvelado), el doblez (personajes sencillos siendo complejos y complejos siendo simples). Y la tensión, dios, la tensión. El espía cumple a la perfección la máxima de que los malos son los mejores (de hecho, esta entrada me sirve para recuperar aquella serie de entradas que escribí hace ya mucho tiempo) porque, a mí por lo menos, no me gustan nada los espías buenos, sino los del lado contrario y, más todavía, los que descubren en un momento determinado que ya no tienen bando ni más bandera que la de unos principios básicos que son cuestionados y cuestionables.

Me encantan las series de espías. De hecho, ahora mismo estoy viendo tres de forma simultánea: The Americans, Oficina de infiltrados y El mismo cielo. The Americans es una de mis preferidas. Nada menos que una pareja de espías rusos viviendo en los Estados Unidos de la Guerra Fría, viviendo durante años como estadounidenses, con hijos ya norteamericanos y con un agente de la CIA como vecino y amigo. ¿Se puede pedir más? Sí, porque, desde le primer momento, nos ponemos de su parte. De hecho, incluso nos rebelamos ante la mayor frialdad y crueldad de Elizabeth. Dudamos a veces del bando en el que está Philip, más vulnerable, hasta que, pasadas las temporadas, todos (y muy especialmente los secundarios, rusos y norteamericanos) empiezan a colocarse en los ángulos incorrectos. El mismo cielo (The Same Sky) es una serie de factura alemana con una pinta magnífica: para mí, no acaba más que empezar (solo he visto dos capítulos), pero ya apunta maneras. Un espía de la RDA en la Alemania aliada. Cara dulce y aniñada en apariencia pero un fondo oscuro que no sabemos adónde nos llevará. Todo lo que pasa más acá y más allá del muro, con un túnel subterráneo en construcción y unas vidas en proceso de destrucción. ¿Podemos pedir más? Oficina de infiltrados (Le Bureau des Légendes) es una serie francesa de espías ambientada en la actualidad. Podría ser porque habla de islamismo radical y todos sus vértices, pero lo es más porque nos gusta su protagonista, Malotru, un personaje que, aparentando serenidad y profesionalidad, oculta un torrente de emociones que le llevan a tomar decisiones. Y hasta aquí puedo escribir.

El año pasado, ya nos dejábamos cautivar por El infiltrado (The Night Manager), con un Hugh Laurie que no hace de bueno cabrón sino de cabrón y malo y traficante de armas, y un Tom Hiddleston que hace de un impecable Jonathan Pine. Y también por Deutschland 83, otra serie alemana con jovencito de la Stasi infiltrado en la Alemania Federal. Nos pone en tensión, nos cautiva y, por el mismo precio, nos acompaña con una genial banda sonora de la música de aquellos años, que no son un descubrimiento para nosotros, pero sí lo son para Martin Rauch, su protagonista. Y no hablaré de 24, porque ya lo hice en su momento. No la considero una serie de espías,  como tal, pero nos hace replantearnos mil y una veces quiénes son los malos. ¿Seguro que lo sabemos? Solo por el formato, ya les tenían que haber hecho un monumento.

Sí, la vida es un toma y daca entre lo que sabemos y los secretos de los demás. Por eso nos gustan los espías. Entre las películas de espías, hay mil. Por supuesto, Con la muerte en los talones (North by Northwest), porque, por muy a salvo que estemos, un día podemos convertirnos en George Kaplan cuando nos creemos que somos el de siempre. Pero, para mí, nunca ha habido un espía como el de Operación Cicerón (5 Fingers). Porque la dirigió  Mankiewicz. Porque el espía es James Mason. Y porque siempre hay alguien que consigue su sueño… aunque no seamos nosotros.

Read More

Puede ser que hayamos encontrado ese plato perfecto y suculento que saque lo mejor de nosotros mismos. Puede ser porque leemos y releemos siempre la carta y lo mejor lo encontramos en las posdatas. Puede ser porque nos intentemos refugiar en el fin del mundo cuando tenemos la felicidad a la vuelta de la esquina. Puede ser porque la profundidad de los océanos no cese de ahondar en todos los misterios. Puede ser porque jugar es un modo muy serio de tomarse la vida en el mejor de sus sentidos. Puede ser porque busquemos siempre en el mapa del tesoro y no nos demos cuenta de que la clave única y esencial está en la brújula. Puede ser porque el mundo es una jungla de la que nos protegemos entre caricias. Puede ser porque tú aportes la música y yo intente ponerle palabras a nuestra canción. Puede ser.

(Imagen de Rusho Raman).

Read More

 

En 2014, critiqué algunas cosas que no me parecían bien de la San Silvestre Cidiana. El año pasado, volví a hacer lo mismo. Llegados a 2017 y una vez corrida la San Silvestre de la edición de 2016, me veo obligado a volver a hablar de ella. Así que, por lo tanto, amigos, amigas, hablemos de la San Silvestre Cidiana, una vez más.

Este año creo que son dignos de reseñar dos cambios: el lugar de salida y el modo de salida en dos turnos (los peques tuvieron la carrera por la mañana). A ello se une algo que ya cambió para bien el año pasado, que es la incorporación de un chip al dorsal para dar algo de coherencia a los resultados de la llegada. Vayamos, pues, a las novedades. Y sí, voy a hablar de ellas.

La primera novedad era el lugar de salida de la carrera. Después de varios intentos para cambiar el lugar de partida (algunos auténticamente disparatados, como el de 2014), se optó por salir desde la Avenida del Arlanzón, en el Coliseum de Burgos. Cuando me enteré, empecé a echar sapos y culebras por la boca: vaya, nos quitan la salida en el centro para tener que ir al quinto pino; vaya coñazo, ir para luego volver por una paralela, vaya, rectas llenas de monotonía. Después de hacer la carrera, lo único que puedo decir es que el lugar elegido es un auténtico acierto: un lugar en el que los corredores nos podíamos mover mucho mejor y de fácil acceso.

La segunda novedad fue el sistema de salida en dos turnos, separados por cinco minutos de diferencia. En el primero, salían los corredores federados y aquellos que habían quedado entre los mil primeros en la edición anterior. En el segundo, el resto de corredores (unos cuantos miles). Algunos críticos decían que esto suponía desvirtuar una carrera que es, a la vez, una fiesta para celebrar el fin de año de forma sana y divertida. Creo que un número de 1.500 corredores no hace una división muy sangrante, puesto que pueden convivir los excelentes corredores con otros de nivel medio. Para mí, lo más importante radica en el hecho de que se pueda correr y este sistema lo consigue. El que quiere hacer una carrera meramente lúdica al ritmo que le da la gana, lo puede hacer como siempre. Y el que quiere ir un poco más rápido y sin tantas aglomeraciones, también puede hacerlo sin problemas. Por lo tanto, creo que es otro acierto.

Una combinación de estas dos novedades, la de salir en una recta muy larga mediante turnos diferenciados, ayuda a que no haya aglomeraciones tan peligrosas como las de años anteriores. Para cuando se llega a la primera curva en la Plaza del Cid, ya cada uno va a un ritmo que hace que la carrera se organice por sí sola. La salida en tandas, además, ayuda mucho a ello porque no hay luchas cainitas en la salida y en el inicio de la carrera. Dejo claro que esta es una opinión sesgada porque yo salí en la primera tanda y, por lo tanto, no sé lo que ocurrió en la segunda. Desde luego, hay un problema: si alguien corre por primera vez o no corrió el año anterior, le toca sufrir la aglomeración supina. Pese a ello, y a la espera de las impresiones de las personas que corrieron en ese grupo, la impresión es, para mí, de lo más positiva.

Otro aspecto muy favorable de este año no ha sido de carácter organizativo, sino de la participación ciudadana en la carrera. Había mucho más público que otros años y a mí me dio la impresión de que era también más participativo, algo que no suele ser la “marca de la casa” en nuestro querido Burgos. Correr así, con muchas personas y entre muchas personas, es una maravilla.

Y acabo con una circunstancia especial que acompañaba a esta edición: el homenaje de los Tragaleguas al gran José Mariscal, “Falio”. Todo un ejemplo en lo personal y en lo deportivo, que no dejará de seguir corriendo, nadando y pedaleando, pero sí lo hará a otro ritmo más pausado por exigencias del guion.

En suma, aquí el Urbina, gruñón, criticón y protestón por naturaleza, se ve en la gozosa obligación de señalar también todo lo positivo de esta carrera. Olé, esta vez (y esperemos que para siempre) con la San Silvestre Cidiana. Enhorabuena a todos y feliz 2017 trotando y brincando.

 

Read More

Griten de gozo los árboles del bosque

(Salmos, 96: 12)

A veces, los árboles son los únicos seres vivos capaces de contarnos su felicidad. En 2017, yo quiero ser árbol.

Imagen de Jos van Wunnik.

Read More

Bosque en Burgos

Hoy escuchaba que la vida es un viaje. Ni me había dado cuenta de lo trillado que suena eso. Pero, cuando lo oía, no me sonaba a tópico ni a rutina. Quizás porque lo decía un jovencito que no sabía de lo uno y la otra. La vida era un viaje porque era una aventura. Nada de nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar. Cómo nace y cómo acaba ya lo sabemos. Pero no vemos una película porque al final sepamos que dice “The End”, como casi todas. Con una lista de quien la ha hecho posible, aunque eso, mira tú, sí que me gusta. La vemos porque sabemos que algo va a pasar. Por dentro o por fuera. Y que todo puede ser muy monótono. Previsible. Aburrido. Pero, de pronto, una chispa lo cambia todo. No sabemos cuándo ni cómo ni por qué. Cuando el viaje parece que se hace con velocidad de crucero y por una ancha autovía, pronto llega el requiebro, un volantazo, un frenazo o un acelerón necesarios para sortear algún imprevisto. Una montaña rusa que, por mucho que rumiemos en el ascenso, nos sorprende entre alaridos y suelta todo nuestros instintos en una caída casi libre.

El tópico es el viaje y el camino. Un camino que tomamos como los problemas de física en el colegio. Un vehículo (A) que parte de un punto a una velocidad de…. Pero el papel no tiene los vericuetos del sendero, que no es el morir. La vida era un viaje y la vida es un camino. Lo he sabido esta mañana cuando iba corriendo, siguiendo una ruta más que conocida. Un imprevisto me ha llevado a un paraje lleno de hermosura, en el camino no era fácil. Y he tenido que pararme, respirar varias veces, sonreír y aprender a captar lo imprevisible.

La imagen responde a ese momento, pasado por un filtro.

Read More