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Cine

Continuamos con una tanda de recomendaciones. Recordemos que no se trata de hacer críticas largas, sesudas y brillantes, sino de sugerencias de un empedernido visitante de las ficciones. Ni más ni menos.

SERIE

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House of Cards. Que algunos de los mejores senderos de la ficción cinematográfica ya no están de modo exclusivo en las películas no es ningún descubrimiento. De hecho, creo que no se puede hablar con criterio de la ficción cinematográfica contemporánea sin tener en cuenta el mundo de las series de televisión. House of Cards es muchas cosas. Una de ellas –y no menor– es que ha supuesto un cambio sustancial en la forma de transmisión y visión de las series televisiva. Pero la determinante es que es una de las grandes series de televisión. De las más grandes. Ya en su segunda temporada, Francis Underwood (protagonizado por Kevin Spacey) se ha convertido en un personaje inolvidable: malo y perro hasta decir basta; calculador pero no frío; estratega sin principios pero sí con finales. La intriga política es tan real que podemos tener fe en que está más cercana a la verdad que muchos informativos –que, ahora mismo, son un género de ficción–. Todo es redondo.

PELÍCULA

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Her, dirigida por Spike Jonze en 2013. Recientemente galardonada al óscar como mejor guion original, Her es una de esas películas esenciales. Theodore es un escritor de cartas manuscritas por encargo (cartas «manuscritas» dictadas a un ordenador y sacadas por una impresora, dicho sea de paso) que, tras una crisis matrimonial comienza una relación amorosa… con un sistema operativo. La cosa podría parecer extraña hasta que se ve la película y se conoce a Samantha, ese sistema operativo al que pone voz una Scarlett Johansson que, con todos los matices de su voz encantadora, sería merecedora de todos los premios de interpretación del mundo por esta película. Es una película ambientada en un futuro no muy lejano y bastante reconocible. Es un tratado magistral sobre las relaciones humanas, sus grandezas y sus carencias. Insisto en que no es una película rara. Después de verla, todos comprendemos a Theodore (¡qué grande es Joaquin Phoenix!) y, como ocurre con las mejores ficciones, nos conocemos mucho mejor a nosotros mismos.

LIBRO

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El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte. Se me puede preguntar: ¿cuál es la razón de recomendar este libro? Primero, porque creo que la literatura española de finales del XX y principios del XXI le debe unas cuantas cosas. Segundo, porque Pérez-Reverte es un escritor al que admiraba por unas cuantas obras (su Territorio comanche me parece una obra cargada de aciertos) y, sin embargo, pienso que se estaba acomodando en un tipo de literatura cargada de estereotipos demasiado obvios pero sin grandes virtudes. Y Pérez-Reverte no lo sería sin estereotipos, pero tampoco lo es sin sus aciertos. Creo que esta obra recupera muchas de las claves de sus novelas. Entretenida, bien escrita y con personajes viviendo en el margen.

CANCIÓN

La película recomendada me lleva a sugerir como canción «The Moon Song», que pertenece a la banda sonora del filme. Cuenta con tres versiones (la que aparece durante un momento en la película está interpretada por Phoenix y Johansson). Preciosa. Y, puesta en contexto, magnífica.

(Esta es la sexta entrada de la serie Sugerencias.)

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Continuamos con una tanda de recomendaciones. Recordemos que no se trata de hacer críticas largas, sesudas y brillantes, sino de sugerencias de un empedernido visitante de las ficciones. Ni más ni menos.

SERIE

Ray Donovan (2013) es la constatación de que Showtime es un canal que tiene un recorrido admirable (DexterHomeland, The Big, Californication, Weeds) y constituye un auténtico referente en la mezcla de calidad y atractivo para el público. ¿Quién es Ray Donovan? Digamos, en pocas palabras, que es un «facilitador», alguien que soluciona los problemas a personas influyentes y famosas de Hollywood. Claro, cada uno soluciona los problemas como quiere y como puede y, para ello, no se puede andar en comparaciones con las monjas ursulinas. Y si, además, tiene un padre que acaba de salir de la cárcel después de ni se sabe cuánto tiempo y se une a la fiesta para fastidiarla, la cosa se anima bastante. El protagonista, Liev Schreiber, borda su papel (además de su rudeza, tiene una maravillosa voz, incompatible con una versión doblada). Y si, además, tiene un padre al que da vida y vidorra Jon Voight, para qué contar.

PELÍCULA

BlueValentine

Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010). Un servidor que, aunque no lo parezca, es muy de comedias románticas, agradece otras visiones cinematográficas del amor. Porque, en esta película, como en la vida, hay dosis del (des)amor todas sus escalas. Una mirada diferente y tan gratificante que uno es capaz de sentirse atrapado e –incluso identificado– en todas sus etapas. Porque el amor nace, se reproduce y muere.

LIBRO

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Tenía difícil la elección y, de hecho, guardo para próximas ediciones las recomendaciones que tenía en mente. Y, en esta ocasión, elijo, sin lugar a dudas, Canadá, de Richard Ford. (Anagrama, 2013). Lo único malo, que ya denuncié aquí, es la editorial española, que se empeña en (im)poner a sus libros en formato electrónico, en comparación con el precio del ejemplar en papel. Pero esto va de literatura y no de precios. Esta novela es una novela sobre la familia que dejará de serlo. Trata de decisiones equivocadas. De miradas infantiles. De atracos y condenas. Y de la llegada a un país igual, pero distinto. Y viceversa.

CANCIÓN

John-Lennon

 “Real Love ”, de John Lennon. A un servidor, John Lennon le parece uno de esos portentos, de esos prodigios que no se pueden explicar con palabras. Por eso, no voy ni siquiera intentar justificarme. Mi devoción por Lennon va más allá del fanatismo y del papanatismo. Es algo real y palpable, con lo que convivo de forma agradabilísima desde hace años. «Real Love», como canción,  tiene una historia complicada, enrevesada. Parte de una grabación de Lennon al piano y grabada con magnetófono y concluye con una forma de resurrección, cuando, en 1995, los otros tres Beatles acompañan con arreglos, música y voz a la grabación de su compañero (bendita antología para la BBC, que rescató también «Free as a Bird»). La versión de Lennon es Lennon en estado puro. Y la versión de 1995 son Beatles en estado puro. Lo cual no es sino una forma igual y distinta de decir lo mismo de diferentes modos. Y, en cualquier caso, si se sabe esperar, siempre llega el amor. El de verdad.

(Esta es la quinta entrada de la serie Sugerencias.)

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JoanFontaine

Cada vez que ocurre es peor: van, poco a poco, muriendo los grandes del cine clásico. Quedan muy pocos. En unos días, se nos han ido Eleanor Parker, Peter O’Toole (este es un poco posterior) y Joan Fontaine. Me cuesta asumirlo y admitirlo. Soportar tanta perdida. Pero no puedo perdonar a la vida –o a la muerte– lo que nos ha hecho. Sobre todo contigo, Joan Fontaine. Dirán que quedan tus películas, es cierto. Que podremos seguir viendo esa sonrisa entremezclada con la timidez o la seducción encubierta. Tendrán razón.

Pero yo sigo deseando que mis sueños lo sean de carne y hueso. Además de Sospecha, una película tan inteligente como mal rematada, te adoré siempre como «la otra» señora de Winter en RebecaEs complicado luchar contra los fantasmas y las realidades entreveladas. Apocada, timorata, siempre dubitativa.

Pero te admiré como actriz casi hasta extremos del delirio en Carta de una desconocida. Con ese amor sobresaliente, admirativo. Contando la verdad en el último segundo. Desde el último segundo.

Prometo no abandonarte nunca, Joan Fontaine. Seguirás en mis sueños lo mismo que tus compañeros de ficción estuvieron en tus pesadillas. Vasos de leche, muertes y desgarros, sinvergüenzas con chaqué. Yo te admiro como aquella actriz que supo sonreír a medias, mejor que ninguna.

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Continuamos con una tanda de recomendaciones. Recordemos que no se trata de hacer críticas largas, sesudas y brillantes, sino de sugerencias de un empedernido visitante de las ficciones. Ni más ni menos.

SERIE

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Dates (2013). Es una serie británica de 9 episodios. El argumento es sencillo: se trata de parejas que se han conocido a través de internet y que tienen una cita para conocerse. En ese proceso de conocimiento, acabamos profundizando en la forma de ser de cada uno de ellos y, sobre todo, vamos estableciendo, de forma inevitable, simpatías y afinidades con unos personajes y poca conexión con otros. Lo mejor es que, en algunos casos, algunos de los personajes –con alguna que otra interpretación sublime– repiten en otros episodios. Y hasta ahí puedo leer.

PELÍCULA

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Mud (Jeff Nichols, 2012). Cuando empecé a ver la película, lo vi claro: un par de niños viven cerca de un gran río en Estados Unidos y, de pronto, empiezan a experimentar una gran aventura. De forma inconsciente y luego de forma razonada, vi que la película me transportaba de forma inevitable al universo de Mark Twain. Y la comparación puede ser injusta, pero no azarosa. La visión del universo de los adultos desde los ojos de la primera juventud es un regalo que no hay que desaprovechar. Del mismo modo, el aprendizaje que supone este intercambio es interesante, porque los niños dejan de ser niños y porque los adultos tienen que plantearse ciertas cosas. Me parece que es una de las películas que no hay que dejar de ver.

LIBRO

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Mario Vargas Llosa: El héroe discreto (Madrid, Alfaguara, 2013). Leer a Vargas Llosa siempre es una delicia. La forma atinada de contar y la forma paralelística de estructurar son dos de sus grandes virtudes. Y, en su caso, contar y estructurar son importantes porque nos ayudan a comprender mejor el mundo. En este caso, dos personajes realizan dos pequeños (y grandes) actos de heroicidad. Y la vida, ya lo sabemos, siempre pone a prueba a los héroes. Para comprender en toda su dimensión la novela, convendría no olvidar que el maestro Gracián escribió dos tratados titulados El héroe y El discreto. Si leemos la novela y establecemos las comparaciones con Gracián, veremos las cosas mucho más claras: aunque no sea imprescindible conocer la obra del maestro del Barroco, sí ayuda.

CANCIÓN

«Blue Monday» (New Order, 1983). Como hoy hemos estado muy al día con el resto de sugerencias, me permito dar un salto y recomendar una canción modernísima y siempre actual, pero de los años 80. Aunque en el vídeo que acompaña esta entrada es el de una versión corta, recomiendo alguna de las versiones largas (7 o 12 minutos). Me apasiona la música dance por muchas cosas que no cabe explicar aquí. Y, desde luego, creo que no es necesario dar muchas justificaciones para pensar que este tipo de música cuenta con muchas obras maestras. Esta canción, sin duda, lo es. Escuchadla (o volvedla a escuchar) y responded a la letra de la canción: «¿Qué se siente?».

 (Esta es la cuarta entrada de la serie Sugerencias.)

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Continuamos con una tanda de recomendaciones. Recordemos que no se trata de hacer críticas largas, sesudas y brillantes, sino de sugerencias de un empedernido visitante de las ficciones. Ni más ni menos.

SERIE DE TELEVISIÓN

Borgen

Borgen. Es una serie danesa que ha terminado ya su tercera temporada. Trata sobre el gobierno y el poder y la mirada desde la perspectiva de un país nórdico es de lo más vivificante. Gracias a esta magnífica producción, vemos los problemas que tienen los daneses con su democracia. La clave está, además de en las interesantes historias personales, en cómo resuelven ellos esos problemas. Además, sirve como contraste. No puedo ni imaginarme una serie de estas características en una serie española. Nosotros, para la política, solo sabemos hacer comedias.

PELÍCULA

Dans la maison

Dans la maison, película de François Ozon (2012) basada en la obra del dramaturgo español Juan Mayorga El chico de la última fila, es una película apasionante. El punto de partida es un trabajo escolar encargado por un profesor. Entre la medianía de los trabajos de todos los alumnos, destaca la composición de Claude, brillante y desconcertante. La obligación de un profesor, en este caso, es animar al alumno al escribir. Esto suscita curiosidad, hasta que la literatura empieza a mezclarse con la vida. Y, como en la vida, todo se descontrola.

CANCIÓN

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Hoy, como en el caso del libro recomendado, nos iremos unos años atrás. La canción que sugiero para que recuperéis (o descubráis) es «Beyond my control», de Milène Farmer. Está inspirada en dos personajes de Les Liaisons dangereuses (mal traducido en español por Las amistades peligrosas. El que haya leído el libro o visto la película, sabrá que esas relaciones tienen cualquier cosa menos amistad: de hecho, aparece repetida la voz de Malkovich en un corte de la adaptación cinematográfica de la novela. Una canción de amor y muerte. Y no digo más.

LIBRO

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Hoy no voy a hablar de un libro de reciente aparición, sino de una novela de 2005. Se trata de Brooklyn Follies, de Paul Auster. Podéis consultar aquí un dosier coordinado por Jocelyn Dupont con artículos y reflexiones sobre el libro (en inglés y en francés). Cuando algún amigo me recomienda un libro para leer, de forma casi inevitable me sale este, por varias razones. La principal, porque Auster tiene una manera de contar las historias tan peculiar y atrayente que, ya solo por esto, merece la pena adentrarse en estas ficciones. En este caso, además, encandila la historia del protagonista, del que no voy a dar muchos datos. Nathan, que está recuperándose de un cáncer y acabada una etapa desde el punto de vista familiar, regresa a Brooklyn. Su vida ha cambiado tanto, que espera que, por sí sola, cambie de rumbo de nuevo. Y en las novelas, como en la vida, a veces el azar cumple su cometido. Conviene, para acabar, recordar unas palabras del autor, que se encuentran en la reseña de Guelbenzu a la novela: «Una vez leí una frase del cineasta Billy Wilder que me impresionó hondamente: ‘Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia; si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia’. Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida. Me pareció que éste era un momento para recordarlo».

(Esta es la tercera entrada de la serie Sugerencias.)

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Big1988

Dos películas se entremezclan a menudo en mi concepción de la vida. En una de ellas, Josh Baskin se encuentra en un parque de atracciones con Zoltar, un artilugio desenchufado que le concede un deseo: hacerse mayor. En la otra, un chimpancé del doctor Barnaby, en su búsqueda de laboratorio de la eterna juventud, pasa de objeto de experimentación a sujeto y, mezclando mejunjes, da con la fórmula secreta. Se trata, ya lo habréis adivinado, de Big (Penny Marshall, 1988) y Monkey Business (Me siento rejuvenecer, Howard Hawks, 1952).

En la primera, se da el salto de niño a adulto; en la segunda, el salto de adultos a jóvenes. Pero ambas tratan de territorios conquistados y territorios perdidos para, de alguna manera, legitimar y reivindicar la infancia y el espíritu juvenil. Desde el punto de vista negativo, también los dos filmes tienen un aspecto didáctico, que siempre pretendo olvidar: nunca es bueno traspasar esos límites de forma artificial, pues cada etapa de nuestra vida tiene sus límites, sus tiempos y sus vivencias.

Es cierto, no es bueno quebrantar fronteras ni forzarlas. Pero la reivindicación de todo lo que vamos perdiendo a medida que nos hacemos adultos es algo digno de mención. Hay algo en nuestra vida que hemos olvidado. No se trata de complejo de Peter Pan –que me parece el más bello y esencial de los complejos–, sino el haber olvidado algo que es tan importante. La mirada fresca e ingenua. El mundo como algo nuevo y el conocimiento no resabiado. El espacio para la locura, sin que tenga necesariamente que ser controlada. Negarse a convertirse en un ser gris, estereotipado y aburrido.

Cada vez que veo estas dos películas, me río con ingenuidad y con envidia. También siento un pozo de amargura y tristeza cuando me reconozco en esos adultos llenos de aspectos miserables.

Y, de repente, me apetece entrar en un laboratorio y ceder mis bártulos a un mono para que la vida me conceda cuatro minutos de locura. Y, de pronto, me quiero acercar a una feria, echar una moneda y formular el deseo de, pese a ser un adulto, soñar con entrar en una tienda de juguetes de Nueva York y tocar el piano. Y disfrutar en el reino fabuloso de Neverland. En este caso, siglos y siglos.

MonkeyBusiness

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Cary Grant

Me hubiese gustado ser Cary Grant. Quizá no para tener una infancia terrible, pero sí para buscarme la vida dando cabriolas: en algunas ocasiones, es necesario un salto mortal que te ponga del revés para saber cómo se tienen los pies sobre la cabeza. Me hubiese gustado ser Cary Grant porque me hubiese gustado bailar con una manzana y con Audrey Hepburn. Porque me hubiese gustado tener ese pelo, con el pico característico entre las sienes (nunca le envidié su barbilla, probablemente difícil de afeitar). Me hubiese gustado ser Cary Grant para que el amor girase en torno a una ciudad, un rascacielos y una tragedia. Me hubiese gustado ser Cary Grant porque era elegante incluso cuando parecía ridículo y porque nunca era ridículo cuando era tan, tan elegante. Me hubiera gustado, casi por encima de todas las cosas, ser Cary Grant en las películas con Katherine Hepburn, alocadas hasta el paroxismo. Me hubiera gustado ser Cary Grant para ser multimillonario pero cobrar unos peniques por cada autógrafo que hubiese firmado (es uno de los pocos que le ha sabido dar valor a las cosas que lo tienen).  Me hubiese gustado ser Cary Grant para ser ladrón en la Costa Azul, viendo la noche del lujo desde los tejados. Me hubiese gustado ser Cary Grant para vivir la aventura, la tortura y el terror de la colonización en la India. Me hubiera gustado ser Cary Grant para tener un moreno siempre más que aceptable, al margen de la época del año y de la latitud en la que uno viva. Me hubiese gustado ser Cary Grant para ver las alas de los ángeles.

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Para vivir una aventura loca y probar el elixir de la eterna juventud, me hubiese gustado ser Cary Grant: nunca se vuelve demasiado a los años mágicos, aunque sea por una pócima inventada por un mono. Y la recompensa era Marilyn.

Para subir un vaso de leche fosforescente, de forma cuidada, exquisita, por una escalera, me hubiese gustado ser Cary Grant. Solo los grandes consiguen cambiar los finales perfectos.

Para vestirme de mujer guardando travestismos y composturas, para vivir con dulces abuelitas envenenadoras. Para ser víctima de un equívoco, para que me emborrachen y lanzarme a conducir a tumba abierta, me hubiese gustado ser Cary Grant: solo él sabía correr en medio de la nada, con el peligro venido del cielo, de todas las partes.

Me hubiese gustado ser Cary Grant, casi por encima de todas las cosas. Incluso hubiese podido olvidarme de Katherine Hepburn, si hubiese logrado tener a Ingrid Bergman entre mis brazos, en un beso largo y profundo. Y meterme en una historia de espías, de nazis, de poder y de vino. Y de estar siempre ahí, para salvarte de una taza siempre peligrosa. Y cerrar una puerta de un coche. Y que el mundo se acabara, entre el champán y una llave que abrirá el mundo.

Cary Grant Ingrid Bergman
Captura de pantalla 2013-11-08 a la(s) 17.05.48

(Las imágenes proceden de la página de IMDB.com dedicadas al actor.)

 

 

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Continuamos con una tanda de recomendaciones. Recordemos que no se trata de hacer críticas largas, sesudas y brillantes, sino de sugerencias de un empedernido visitante de las ficciones. Ni más ni menos.

SERIE DE TELEVISIÓN

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What Remains. Una reciente producción de la BBC de cuatro capítulos. Sí, es una serie con tintes policíacos y de misterio con asesino desconocido hasta (casi) el último momento, pero no es solo eso. Iremos conociendo a los inquilinos de un pequeño edificio y, a la par, avanzaremos en el conocimiento de las miserias de la especie humana. Y no me refiero solo a grandes miserias, sino a las determinantes, a aquellos pequeños detalles que, paulatinamente, hacen que nuestros actos y nuestras voluntades se decanten de un lado de la balanza. El edificio en el que se desarrolla la acción no es solo un continente, sino que dota de contenido a las historias y a las vidas.

PELÍCULA

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Amour es una película dirigida por Michael Haneke en 2012. Es recomendable por tantas cosas que no es posible agotarlas todas sin desvelar parte de su quintaesencia. Baste decir que trata el tema del alzhéimer desde una perspectiva descarnada y nada fácil, con las actuaciones magníficas de su pareja protagonista. Que nadie espere sensiblería, músiquita con violín de fondo y lágrimas fáciles. Los que hemos vivido de cerca esta enfermedad, nos sentimos identificados y horrorizados a partes iguales.

Y se me olvidaba: el piso de París, en el que está rodada la película y en el que se desarrolla prácticamente toda la (in)acción deslumbra porque acaba siendo un personaje más, quizá determinante. Como ocurría con la sugerencia televisiva, el continente es contenido.

CANCIÓN

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Iba a elegir alguna de mis últimas canciones prosificadas, pero he resuelto no repetirme. Sin poder dar un juicio racional sino emocional (en el fondo, creo que todos nuestros juicios tienen más de lo segundo que lo primero, que no es sino una justificación ulterior), he elegido «50 Ways to Say Goodbye», de Train en su disco California 37. Los aficionados a Silvio Rodríguez me dirán que estoy loco si la comparo con la magistral «Ojalá», de Silvio Rodríguez, pero no hay más que escucharla con cierta atención para ver que no hay mayor muestra de el amor que el intento de desamor, con sus justificaciones y sus mentiras. Es una canción demasiado alegre como para ponerte triste y demasiado triste como para ponerte alegre, lo que es sinónimo de la combinación perfecta (Como anécdota, en el vídeo podéis ver a David Hasselhoff. Sí, el de El coche fantástico).

LIBRO

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Entre muchas de las posibilidades que tenía entre manos, me decanto hoy por Las lágrimas de san Lorenzo de Julio Llamazares (Alfaguara, 2013). La casualidad llevó a que leyera el libro justo en los días en los que las Perseidas iluminaban el cielo con sus luces y sus sueños. Leer a Julio Llamazares puede desconcertar a los lectores poco avisados. En muchos de sus libros da la impresión de estar contando las cosas de forma casi improvisada, en un cúmulo de anécdotas y comentarios en voz alta dispersos y desordenados. Nada más lejos de la realidad: a medida que vamos leyendo, veremos que Julio Llamazares es uno de los mejores narradores en los que, hablando de instantes, nos retrata el Tiempo.

(Esta es la segunda entrada de la serie Sugerencias.)

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Por mi trabajo y por mis aficiones, es muy frecuente que me pidan me piden que recomiende algún libro, alguna película, alguna serie de televisión. También es cierto que, en otras ocasiones, sobre todo cuando estoy en clase, doy también recomendaciones aunque no me las pidan…

El otro día, al hilo de una conversación tuitera sobre un libro, hice unas sugerencias de lectura y una amiga me propuso  que incorporara algunas de ellas a mi blog. Me pareció buena idea, así que ahí va la primera tanda.

En torno a estas sugerencias, diré varias cosas:

  1. Como no podía ser de otro modo, son personales y muy poco transferibles. Subjetivas, por lo tanto.
  2. No pretendo (ni quiero) realizar ninguna crítica académica ni sesuda.
  3. No todas las sugerencias tienen por qué ser actuales. En ocasiones, es bueno también acudir al rescate de lo olvidado.
  4. En la mayor parte de las ocasiones, hablaré muy poco del argumento y me centraré… en alguna cosa.
  5. Intentaré, eso sí, que sean de provecho para los visitantes del blog.
  6. Como es habitual, en el caso de las series de televisión y las películas me refiero siempre a la versión original.
  7. El que me haga caso, tendrá minutos, horas o días de entretenimiento. Y se acordará de mí, o no.

SERIE DE TELEVISIÓN

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Orange Is the New Black (2013). Es una serie de ambiente carcelario creada por Jenji Kohan, conocida por la magnífica Weeds. ¿Sus señas de identidad? Que cuando parece que es una comedia descubrimos que es más trágica de lo que parece y cuando parece un drama nos damos cuenta de que es muy divertida. Meter a una niña pija, muy rubia y blanquita, en una cárcel es todo un «experimento sociológico». Y nada es lo que parece, lo que nos hace descubrir que nosotros tampoco.

Tráiler de la serie.

PELÍCULA

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No recomiendo una, sino tres, ya que se trata de una trilogía:

 ¿Qué digo? Pues, que el que no las haya visto, las vea. Y, por supuesto (y como no podía ser de otro modo), que empiece por el principio. No pienso decir nada del argumento. He leído un montón de críticas sobre estas tres películas y me han parecido, casi todas, desacertadas.

Ya que no digo nada, voy a decir algo. Al director, Richard Linklater, habría que hacer un monumento. Lo mismo que a los dos protagonistas, especialmente a Julie Delpi. Los diálogos son fantásticos y hay alardes cinematográficos tan complicados y que hacen las cosas tan fluidas que son para enmarcar.

Por no poner, no quiero ni poner ningún fragmento. O sí, voy a poner esto.

CANCIÓN

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No solo recomiendo la canción, sino también y, ante todo, la canción + videoclip. Se trata de Wake Me Up, de  Avicii. Lo descubrí gracias a un antiguo alumno, Rodrigo Mena, que lo recomendó en las redes sociales.

Puede que no sea solo un videoclip de un DJ de moda. Puede que no solo haya una chica guapa (y una niña encantadora). Si se lee la letra de la canción y se compara con el vídeo, quizás haya que pensar y todo. Para que luego hablen (mal) de la música dance.

LIBRO

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La invención del amor, de José Ovejero. Porque un amor que no es puede serlo. Porque, a veces, es bueno ver las cosas desde la altura. Porque, de tanto inventarnos las cosas, igual hasta surgen realidades.

 

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Los años pasan de forma tan cruel para el cine que, cada día que pasa, nos quedamos más solos. Aunque soy, en general, poco dado a las nostalgias y poco partidario de que la fórmula «Todo tiempo pasado fue mejor» sea exacta en todos los casos, no puedo evitar sentir que, poco a poco, se está desmoronando el gran edificio de los sueños que construyó el cine norteamericano de los años 40 y 50. Como ya dije en una ocasión, la muerte de los grandes directores y actores que se iniciaron o tuvieron su esplendor en esos años se clava como una puñalada en el corazón.

Hoy ha muerto Sidnet Lumet. El mero hecho de dirigir Doce hombre sin piedad (12 Angry Men) merecería ocupar para siempre un lugar privilegiado en la historia del cine, en nuestra imaginación y en nuestros corazones. Hora y media de una película que se desarrolla casi en su integridad en una sala de deliberaciones de un jurado. Un drama judicial en la que no se juega con el efectismo del antes o del después, que no se enzarza en la batalla judicial entre abogados, fiscales y jueces. Doce hombres, algunos con las ideas demasiado claras, que tendrán la oportunidad de analizar la sociedad hacia el centro y, por lo tanto, la historia de un crimen les llevará a cuestionar sus propias actitudes ante la vida. Una película que se puede estudiar como una disección perfecta de diferente tipo de roles sociales; que puede desmenuzarse desde el ámbito de lo judicial y de lo moral; que puede contemplarse desde la óptica crítica de una sociedad demasiado superficial y categórica; que puede ser un alegato en favor del diálogo espaciado como la única manera de que el camino nos lleve a alguna parte. Pero, sobre todo, una espléndida lección de buen cine: un blanco y negro duro, excelentes actores, un juego muy inteligente de dirección que hace que lo complicado parezca sencillo. Una gran historia bien contada. Y la ficción, una vez más, como la gran maestra de todas las verdades.

El mundo, hoy, nos ha dejado un poquito más solos. Y llegará un día, no muy lejano, en el que ya no sabremos hacia dónde mirar. Menos mal que nos quedarán pantallas en las que nuestros sueños seguirán siendo corroborados por las imágenes, por las palabras, por los destinos de los que nos ayudaron a comprender todo.

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